Showing the manner our Army was landed at Baguiri, Cuba. Ca. 1898. Scribners Collection.  (Army

El desembarco de las tropas norteamericanas en Daiquirí, Cuba, a fines de junio de 1898. Foto: Scribners Collection.

Dallas Darling
Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

A diferencia del teniente Horace Henderson quien escribió:

“Noté que nada se movía sobre la playa excepto una aplanadora. La playa estaba cubierta de escombros, embarcaciones hundidas y vehículos destruidos. Vimos muchos cuerpos en el agua… Saltamos al agua que nos llegaba al pecho y vadeamos a tierra. Entonces vimos que la playa estaba literalmente cubierta de cuerpos de soldados estadounidenses;” [1]

Richard Davis informó:

“Pronto el mar estuvo salpicado con hileras de barcos blancos llenos de hombres envueltos en frazadas blancas con armas apuntando en todas direcciones, balanceándose en el agua, mientras unos barcos que parecían de papel se acercaban más y más. La escena era extrañamente parecida a una regata…”[2]

Durante esta semana, en 1898, el Ejército de EE.UU. desembarcó en Playa Daiquirí, a 29 kilómetros al este de Santiago de Cuba. Fue claramente distinto del desembarco del Día-D en 1944, también en junio, que ocurrió en las playas de Normandía, Francia. Durante los primeros días de la invasión de Cuba, no hubo Omahas en las que fuerte fuego de ametralladoras, morteros y tanques alemanes destrozó a miles de soldados estadounidenses. No hubo una Luftwaffe lanzando bombas y ametrallando a soldados que se arrastraban por el suelo. No había alemanes cayendo mientras barcos de guerra estadounidenses disparaban continuas andanadas. No había trampas mortales repletas de sangre [3] o servicios religiosos para enterrar a los muertos.

Pero tal como la Segunda Guerra Mundial impactó a EE.UU., lo mismo sucedió con la Guerra Hispano-Estadounidense (GHE), tal vez más todavía. Las causas de la GHE fueron numerosas. Una severa depresión económica había dejado a millones sin trabajo y creó un ambiente revolucionario, temido por los ricos y el gobierno federal. La GHE serviría como distracción de masivas, violentas y sangrientas huelgas, paros, y más marchas de desocupados hacia Washington – como el Ejército de Coxey. Ricos monopolistas y expansionistas, con su apetito por el imperio, mano de obra barata y economías de mercado en expansión, ansiaban experimentar con la construcción de corporaciones mediante la toma de naciones.

Esa “espléndida guerrita” fue también el resultado del periodismo amarillo, del cristianismo extremo, y de un deseo de los ultraconservadores (republicanos y demócratas) de aplastar a otros partidos políticos. El ultra conservadurismo estaba alarmado por el socialismo y el populismo, con su Partido Populista en permanente crecimiento que promovía un sistema multi-monetario, impuestos progresivos a la renta, atención sanitaria, igualdad para obreros y agricultores y los ancianos, y protección contra monopolios gigantescos. Mientras cristianos, como el reverendo Josiah Strong creían que “Dios está entrenando a la raza anglosajona para su misión de civilizar a las razas más débiles del mundo”, los medios de masas veían una oportunidad para aumentar las ventas al sensacionalizar una posible guerra contra España.

Lo que finalmente provocó la guerra de EE.UU. contra España fue la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana, en la que murieron 266 tripulantes. Una investigación de la armada culpó de inmediato a España por la explosión, y los magnates de los medios en competencia, Randolph Hearst y Joseph Pulitzer publicaron dibujos gráficos en los periódicos mostrando la explosión de la nave con tripulantes muertos volando por el aire o ahogándose. La guerra duró tres meses, con solo unos pocos días de verdadero combate. Pero una nueva consciencia invadió EE.UU. -la consciencia de la fuerza- y con ella un nuevo apetito, el ansia de mostrar su fuerza (el sabor del imperio), [4], y otras falsas convicciones.

EE.UU. no solo se apoderó de Cuba, Puerto Rico, las Filipinas, y Guam, y terminó por separar regiones en China, pero este nuevo imperialismo y colonización militarizó EE.UU. [5] Como futuras guerras, esta fue mal llamada y censurada “Guerra EE.UU.-España/Cuba/Puerto Rico/Guam/Somoza/China”, o “Guerras y Rebeliones del Caribe y el Pacífico”. Anexaron numerosos territorios extranjeros, aplastaron brutalmente numerosos y prolongados levantamientos – filipinos, cubanos, y bóxer. También utilizo los movimientos por la liberación y la libertad como un ardid para expandir una economía de mercado agresiva y violenta de EE.UU.

“Combatientes por la libertad” cubanos y filipinos iban claramente en camino a la victoria sobre España cuando EE.UU. intervino y secuestró sus movimientos por la independencia, subvirtiendo sus objetivos por una nueva sociedad de igualdad y justicia racial y económica. [6] Y aunque los revolucionarios advirtieron a EE.UU. que su intervención sería considerada un acto de guerra, EE.UU. pudo, mediante falsas promesas y engaños, invadir y conquistar ambos territorios. Ni filipinos ni cubanos participaron en ceremonias y tratados de rendición, que fueron dominados por EE.UU., y muchos menos aún pudieron ingresar a los parlamentos  de sus países. [7] EE.UU. escribió sus constituciones y determinó muchos aspectos de sus culturas.

Una vez más, el “otro” Día-D en 1898 tuvo una trascendental influencia sobre la política exterior de EE.UU. que desde entonces fue conformada por un grupo de elites corporativas, militares y de estrategas políticos. Esos poderes dinásticos también dominaron las guerras y campañas militares preventivas en los Siglos XX y XXI. Estratos de ideologías también gobernaron el pensamiento y la conducta de numerosos estadounidenses, como ser el nacionalismo, el paternalismo, el social-darwinismo y la categorización de extranjeros, en particular los no blancos. Todo esto culminó en el Excepcionalismo Estadounidense, o nociones de superioridad de EE.UU. Y dónde van los negocios y las inversiones estadounidenses, también van el Ejército y los Marines de EE.UU.

Los poderes presidenciales también cambiaron. Hay que recordar que Teodoro Roosevelt, antes de llegar a la Casa Blanca, apoyó con entusiasmo y combatió en la GHE. Dijo una vez: “Favorecería casi cualquier guerra, porque pienso que el país necesita una“. Como presidente modeló para futuros dirigentes una “presidencia imperial”, estableció poderes policiales globales, separó Panamá de Colombia para construir el canal, y envió marines a Santo Domingo para cobrar deudas. También apoyó el libro de Alfred T Mahan, The Influence of Sea Power [La influencia del poder marítimo], que dice que EE.UU. precisa de una armada fuerte que necesita bases navales y militares en el extranjero para reparaciones, suministros y combustibles. Por ello, debía adquirir nuevos territorios.

Por lo menos durante un breve período en el perpetuo Tiempo de Guerra de EE.UU., en la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos y soldados estadounidenses vivieron el verdadero y letal coste de la guerra. Por lo menos el gobierno federal no actuó por cuenta de los acaudalados y de grupos de intereses especiales. Por lo menos la movilización para la guerra y la modernización del armamento fueron para una “causa justa”, o para liberar campos de concentración y Europa Ocupada por medios militares. Es trágico, sin embargo, que los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la Gran Generación no hayan obligado a sus dirigentes a reevaluar y a reconsiderar futuros conflictos y enfrentamientos militares, y que el “otro” Día-D siga dominando la imaginación colectiva de EE.UU. y las narrativas públicas.

 

 

 

 The cover of "Leslie's Weekly Magazine", June 30, 1898. - National Archives, 165-IWN-5-1

“Tu país te llama”, portada del “Leslie’s Weekly Magazine”, 30 de junio 1898. – Foto: National Archives.

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Notas:

1. Ambrose, Stephen E. Citizen Soldiers: The US Army From The Normandy Beaches To The Bulge To The Surrender Of Germany. New York: New York: Touchtone Publishers, 1998., p 27.

2. Marsh, W.B. and Bruce Carrick. A Leap Year of Great Stories from History. Lanham, Maryland: Totem Books, 200, p 201.

3. Ambrose, Stephen E. Citizen Soldiers: The US Army From The Normandy Beaches To The Bulge To The Surrender Of Germany, p 31.

4. Boyer, Paul S. and Clark Clifford, Joseph Kett, Neal Salisbury, Harvard Sitkoff, and Nance Woloch. The Enduring Vision: A History Of The American People. Lexington, Massachusetts: DC Heath and Company, 1996., p 609.

5. Bender, Thomas. A Nation Among Nations: America’s Place in World History. New York, New York: Hang and Wang Publishers, 2006, p 218. 6. Ibid, p 225. 7. Ibid, p 224.

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Dallas Darling es autor de Politics 501: An A-Z Reading on Conscientious Political Thought and Action; Some Nations Above God: 52 Weekly Reflections On Modern-Day Imperialism, Militarism, And Consumerism in the Context of John’s Apocalyptic Vision, y de The Other Side Of Christianity: Reflections on Faith, Politics, Spirituality, History, and Peace . Es corresponsal de www.worldnews.com . Otros escritos de Dallas aparecen en www.beverlydarling.com .

(Copyright 2012 Dallas Darling.)

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