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el-que-llama-paga

Por Laura Piñera, Gabriela Menéndez y Marycet Díaz, estudiantes de Periodismo de la Universidad de La Habana

El 1 de febrero de 2012 nos encontramos temprano en una solitaria parada de la ruta 174. La noticia del día era la nueva modalidad en los servicios móviles: el mensaje nacional (SMS por sus siglas en inglés) costaba ahora 0.09 centavos de CUC -en vez del abrumador precio de 0.16- y (¡al fin!) a partir de ese momento las personas que realizaran una llamada desde su móvil a otro serían las que pagarían únicamente.

Expectantes ante el anuncio, nos dispusimos a sacar nuestros teléfonos para probar el nuevo y más justo servicio que, por la hora, ya debía estar implementado. Una de nosotras se ofreció, en una suerte de sacrificio, a efectuar la comunicación. Esperando ver en la pantalla, como siempre, el nombre del contacto reflejado, lo que recibimos fue un número precedido de dos ceros y terminado en 88. Aunque un poco desanimadas, estábamos convencidas de que era un error que no tardaría en solucionarse…

Y aquí estamos, cinco meses después, una con la agenda de contactos duplicada, otra presta a contestar a todos sin saber quién es, y la tercera colgando cada vez que la llaman para luego hurgar número a número en la agenda e identificar a la persona.

En busca de respuestas a este infortunio colectivo y con el fin de compartir con ustedes nuestros hallazgos, nos propusimos localizar a Hilda Arias, vicepresidenta de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA). Lamentablemente, y a pesar de lo mucho que insistimos, la apretada agenda de la funcionaria no permitió que se efectuara el encuentro, pues al decir de su secretaria, la entrevista no iba a poder ser “ni hoy, ni mañana, ni nunca”.

Pero como el periodista no ha de rendirse, llamamos al *666 y preguntamos a la amable operadora las razones por las que, cuando se reciben llamadas desde un móvil nacional, el número aparece con 00…88. Y he aquí lo que nos contestó:

La única manera de que el usuario que recibe la llamada sepa que quien lo está llamando es el que paga, es que aparezca el 00 delante y el 88 al final. Hay otras dos posibilidades en las que una persona puede recibir una llamada y pagar: que te llamen de un teléfono fijo o te marquen con el *99. Entonces para poder identificar si pagas tú o no, esta es la única vía.

Si realmente el problema radica solo en este aspecto, es difícil imaginar que no exista posibilidad de resolverlo, sobre todo con el desarrollo alcanzado en el campo de las telecomunicaciones en los últimos tiempos. Resultaría polémico y triste que Cuba no contara con especialistas capacitados para darle solución a este inconveniente.

Justo por tratarse de un servicio tan costoso, los que disponen de él deben contar con todas las prestaciones que este sea capaz de proporcionar. Verse obligado a duplicar la agenda de contactos, tener que contestar sin saber a quién, o incluso pasar el trabajo de colgarle a alguien para buscar el número en la libreta de contactos es, sencillamente, inadmisible.

El celular, de hecho, está diseñado para ser un equipo que le facilite la vida a las personas y no para dificultársela; pero tal y como opera hoy la telefonía móvil en nuestro país, no resulta ni por asomo, un servicio funcional.

Parece que va a ser verdad aquello de que la felicidad no es completa; bajaron los precios de las llamadas, de los mensajes, incluso de las líneas y, aunque ahora el que llama paga, desafortunadamente permanece en el anonimato.

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