Por:  Marcelo Stiletano

De una saga que acumuló con sus dos títulos precedentes (Batman inicia, en 2005, y Batman: el caballero de la noche, en 2008) unos 1375 millones de dólares de recaudación en todo el mundo, y que llega casi al mismo tiempo a todos los rincones del planeta como el título más esperado de 2012, se aguarda mucho del presente, pero sobre todo del modo en que se concebirá un futuro sin Nolan y sin Christian Bale, el rostro de Batman y de su álter ego (el multimillonario empresario y filántropo Bruce Wayne) durante los últimos ocho años.

Pero el porvenir inmediato obliga a la fuerza a pensar en otras preguntas. Después de Denver, Hollywood trata de salir del estupor y preguntarse si algunos de los miedos que las tres películas de Batman reflejan como pocos otros blockbusters de su tiempo modificarán planes y estrategias en el decisivo mercado estadounidense (¿qué pasará con las premieres nocturnas? ¿restringirá el temor la concurrencia masiva del público?) o quedarán como un hecho de inconsolables consecuencias, pero al fin de cuentas aislado y sin efectos visibles hacia adelante, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Por lo pronto, las expectativas están lejos de caer y se espera un primer fin de semana con recaudaciones potenciales cercanas a los 200 millones de dólares, gracias al impulso de la venta anticipada. A partir de allí, las incógnitas resultan tan abiertas y llenas de interrogantes como el comportamiento en la ficción de la mayoría de los personajes que viene acompañando a Batman desde que Nolan tomó las riendas y se propuso sacar al personaje de la crisis terminal que atravesaba tras los estruendosos fiascos de Batman eternamente (1995) y Batman y Robin (1997).

Para asomarse al final, conviene echar una mirada retrospectiva a la saga desde el comienzo. Pasaron cuatro años en la realidad desde El caballero de la noche, pero son ocho los años que en la ficción separan a la película anterior de la que estamos por conocer.

En Batman, el caballero de la noche asciende -que Warner anuncia para el próximo jueves-, Ciudad Gótica se enfrenta al dilema irresuelto de no poder brindar seguridad para sus habitantes. Nadie recogió la herencia dejada por la muerte de Harvey Dent (el personaje de Aaron Eckhart que se transformó en el film anterior en Two Faces) y el Batman de Bale luce cansado, enfermo, sin saber bien qué hacer y, por lo tanto, al borde del retiro, además de permanecer (como ocurría al cierre del film anterior) virtualmente al margen de la ley.

Hasta que una serie de iniciativas que mezclan el empleo de energía sustentable y el riesgo nuclear abren la puerta del regreso de todas las obsesiones que acompañan a nuestro héroe desde el comienzo. Aquí reaparecen Alfred (Michael Caine), Lucius Fox (Morgan Freeman) y el comisionado Gordon (Gary Oldman), pero no serán los únicos. Y desde los villanos (ver recuadro) también se establecerán conexiones con los dos capítulos previos de la más reciente historia del Encapotado.

“Lo más interesante de la película -comentó Nolan al diario español El País hace pocos días- es lo paradójico de la figura de Batman, alguien heroico, pero que trabaja fuera de la ley. En términos dramáticos, es muy interesante que Ciudad Gótica ya no necesita a Batman, pero te das cuenta de que esa estabilidad está basada en una mentira, la que al final de la película anterior acuerdan Batman y Gordon. Y mi sensación es que algo que se basa en la mentira nunca puede funcionar.”

Es imposible referirse a Batman sin exponer la discusión a todo ese tipo de paradojas y ambigüedades. En un escenario cinematográfico cada vez más dominado por los superhéroes (aún aquellos que muestran conflictos de personalidad y tormentos interiores, como los grandes personajes de Marvel), Batman siempre funcionó como una suerte de outsider, seguramente a partir del hecho de que se trata de un ser humano mortal, cuyos poderes nacen de la necesidad de sobreponerse al dolor de haber visto morir a sus padres. Detrás de su posterior decisión de vestir un disfraz inquietante para enfrentar a quienes violan la ley aparece una personalidad compleja y llena de zonas oscuras, que las películas de Nolan reflejan con tanta fuerza como la correspondencia entre sus temores, y los que vive una sociedad expuesta a la amenaza del terrorismo desde la destrucción de las Torres Gemelas y a las consecuencias de una crisis económica y financiera que no se detiene.

Por eso no faltaron, entre quienes ya vieron la película, comparaciones precisas entre el film y la realidad que debió afrontar Nueva York luego de los atentados de septiembre de 2001. Y también, al influjo del fuerte tono que está tomando la campaña electoral en Estados Unidos, están quienes encuentran en el film críticas veladas al candidato republicano Mitt Romney. Los más insidiosos asociaron a Bane, el terrorífico villano de esta película, con Bain Capital, una compañía de inversiones de cuyo directorio Romney formó parte entre 1984 y 1999.

“Eso es pura paranoia -respondió Nolan-. La película no es ni de derecha ni de izquierda. No es en absoluto política. Pero sí intenta hablar de cosas reales del mundo de hoy, que provocan reacciones en el público”. No escapa a las observaciones del director el dato de que el rodaje se produjo casi al mismo tiempo en que el movimiento Occupy Wall Street manifestó en las calles de Manhattan su ruidosa indignación sobre las consecuencias de la crisis financiera estallada en 2008.

El realizador prefirió en los días previos al estreno -y a la tragedia de Denver- alejarse del debate politizado y hablar, con más entusiasmo, de cuestiones cinematográficas. Como su decisión de desdeñar el 3D y rodar, en cambio, más de la mitad del film con cámaras IMAX. “Preferí ofrecer físicamente el tamaño que se merece esta despedida del caballero oscuro.” El público argentino podrá comprobarlo a partir del jueves, cuando se hagan fuertes en los cines al menos 200 copias (subtituladas y dobladas) de la nueva aventura del Batman más compenetrado con su tiempo. Un final que preludia nuevos comienzos.

LOS COMPAÑEROS DEL MURCIELAGO

Ni el Acertijo, ni el Pingüino, ni el Guasón. Después de la insuperable personificación del añorado Heath Ledger, cuatro años atrás, los clásicos villanos masculinos de Ciudad Gótica se retiraron y dejaron su lugar para el cierre de la trilogía a un terrorífico personaje, cuyo desprejuicio y amoralidad abre una nueva puerta para el caos y la anarquía en derredor de Batman y los suyos.

Le toca a Tom Hardy, un viejo conocido de Christopher Nolan (recordar El origen), personificar aquí a Bane, nombre familiar para los más entusiastas y rigurosos seguidores del personaje creado por Bob Kane.

De monstruosa contextura física y con su rostro escondido tras una tenebrosa máscara, Bane pasó a la historia por haber sido capaz de quebrarle la espalda a Batman en un famoso episodio de la historieta, a la que ingresó en 1993. Saben los conocedores de las aventuras del Hombre Murciélago, además, que existe una antigua conexión entre Bane y Ra’s al Ghoul, cuya presencia resultó decisiva en Batman inicia, primer film de la serie.

La tradición, sin embargo, no se abandona, porque este nuevo film quiso recuperar con otro rostro (el de la bellísima Anne Hathaway) al gran personaje femenino de las aventuras de Batman. Ni más ni menos que Gatúbela, encarnada a lo largo de la historia por Eartha Kitt, Lee Meriwether, la maravillosa Julie Newmar y, más recientemente, por Michelle Pfeiffer en el Batman vuelve de Tim Burton. Otra Gatúbela de estos tiempos, en una película fallida que la tuvo como protagonista excluyente, fue Halle Berry.

El amplio y destacado elenco protagónico de El caballero de la noche asciende se completa con otros dos nombres muy confiables para Nolan, porque también en su momento fueron convocados por el realizador para sumarse a El origen. Por un lado, la francesa Marion Cotillard, que interpreta a Miranda Tate, una mujer de alta sociedad que se sumará a las empresas de Bruce Wayne en un momento clave. Por el otro, Joseph Gordon-Levitt como un agente de policía cuya presencia crece a lo largo de la trama.

LA TERCERA ES LA VENCIDA PARA BALE 
“Este es el final.  No volveré a ponerme el traje de Batman”, dice Christian Bale, convencido totalmente de que la trilogía que protagonizó desde 2005 influyó como pocas otras obras en los cambios del cine reciente. “Es el mejor personaje de ficción que jamás haya encarnado y que seguramente jamás encarnaré. Se me quedó totalmente marcado. Pero llegó el momento de dejarlo. Por suerte, hicimos esta película sin pensar que era la última. Sabíamos, sí, que sería distinta y que cerraría un círculo”, señaló.

Los otros Batman

  • Michael Keaton: 
    el Batman menos esperado, que con el tiempo resultó valioso y casi esencial. Brilló de la mano de Tim Burton en sus dos apariciones, 1989 y 1992.
  • Adam West: 
    el intérprete ideal para la clásica serie de 1966, que culminó en un largometraje. Un Batman paródico, divertido, lleno de guiños a la cultura pop de aquellos tiempos.
  • George Clooney: 
    Hasta las figuras más carismáticas enfrentan fracasos estruendosos. No pudo escapar al desastre absoluto que resultó Batman y Robin , en 1997.
  • Christian Bale: 
    Ideal para rescatar la figura del Hombre Murciélago, encarnó la fortaleza física y el complejo temperamento que Nolan requería en su trilogía.
  • Val Kilmer: 
    Puso esfuerzo y simpatía, pero demostró que el papel le quedaba grande. Cada vez son menos los que se acuerdan del Batman eternamente de 1995,
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