Foto: Tomada de Mashable.com

El astronauta Neil Armstrong, inmortalizado por ser el primer hombre en pisar la Luna y quien operó más de 200 modelos de naves en su carrera para la NASA, falleció este sábado a los 82 años de edad.

Armstrong falleció poco después de una intervención cardiaca para colocarle un marcapasos en Cincinati, según reveló hoy la cadena NBC.

El astronauta se hizo famoso al pronunciar al momento de pisar la Luna: “este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, al participar en la misión Apolo 11, el 20 de julio de 1969.

El legendario astronauta realizó la mayor parte de su carrera en el Centro de Investigaciones de Vuelos Edwards de la Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA) en California, según datos de la propia agencia espacial.

Armstrong nació en el poblado de Wapakoneta, en el estado de Ohio, el 5 de agosto de 1930, y fue piloto naval de los 19 a los 22 años de edad.

A los 25 pasó a formar parte del Comité Nacional Asesor para Aeronáutica, que después se convirtió en la NASA.

El pionero en misiones espaciales fue piloto de pruebas de la NASA con modelos como el X-15, que desarrollaba seis mil kilómetros por hora.

Adquirió el título de astronauta en 1962, y en marzo de 1966 comandó la Misión Géminis 8, la primera misión exitosa de acoplamiento de dos naves en el espacio.

En 1969 comandó la Misión Apolo 11, con la que ganó la distinción de haber sido el primer hombre que haya pisado la Luna.

A partir de esa misión, fue nombrado subadministrador nacional de Aeronáutica de la NASA en sus cuarteles generales en Washington.

Fue profesor de Ingeniería en la Universidad de Cincinati entre 1971 y 1979, y entre 1982 y 1992 presidió la empresa Tecnologías de Computación para Aviación en Virginia.

En la Universidad del Sur de California (USC) obtuvo su licenciatura como Ingeniero en Aeronáutica, pero además recibió varios doctorados honoris causa de distintas universidades en el mundo.

También fue miembro honorario de la Real Sociedad de Aeronáutica, miembro de la Sociedad Experimental de Pilotos de Pruebas, y del Instituto Estadunidense de Aeronáutica y Astronáutica.

Fue condecorado en 17 países y recibió múltiples medallas, incluida la de La Libertad de Estados Unidos, premios y reconocimientos.

 

Armstrong y Apollo 11 cambiaron la percepción del universo

“Es un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad”. Así anunciaba Neil Armstrong, comandante de la misión Apollo 11, la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969, y sus palabras figuran en los anales de la historia.

Armstrong nació el 5 de agosto de 1930 en Wapakoneta (Ohio, norte) y desde joven ya demostró fascinación por las aeronaves, lo que le llevó a trabajar en un aeropuerto cercano a su casa.

Cuando cumplió los 16 años logró sacarse el título de piloto.

En calidad de comandante de la misión Apollo 11, fue él quien informó el centro de control de Houston (Texas, sur) del alunizaje del módulo lunar (LEM) pilotado por Buzz Aldrin: “Houston, aquí la base de Tranquilidad. El águila aterrizó”.

Junto al astronauta Buzz Aldrin a bordo de la nave Apollo 11, Armstrong se convirtió en el primer ser humano en caminar en suelo extraterrestre bajo la atenta mirada de centenares de millones de telespectadores.

La percepción de nuestro lugar en el universo cambió cuando el ser humano dio su primer paso sobre la Luna y pudo observar la Tierra desde el astro de la noche, un lugar que por milenios fue objeto de veneración, sueños o supersticiones.

“Cuando fuimos allá, desmitificamos en cierta forma a la Luna”, declaró Roger Launius, responsable del departamento de historia espacial de la Smithsonian Institution de Washington, en ocasión del 40 aniversario del alunizaje en 2009.

Al alunizar el 20 de julio de 1969, Apollo privó a la Luna de su aura de misterio, revelando al mismo tiempo, y gracias al poder de la ciencia, una superficie árida y rocosa, inhospitalaria y sin aire.

Flotando en un universo negro, nuestro planeta azul parecía como un lugar de indefinible belleza, un remanso de vida, húmedo y cálido en un infinito espacio frío. Tal como lo mostró la histórica y célebre foto de un “amanecer terrestre” visto desde la Luna tomada desde la nave Apollo 8 en diciembre de 1968.

Algunos, como los astronautas del programa Apollo, James Irwun y Charles Duke, vieron en esta imagen la prueba de que la Humanidad fue escogida para recibir un regalo divino.

Otros lo interpretaron como un signo de nuestra terrible soledad. Mostraba cuán primitivos somos y cuánto camino nos quedaba por recorrer antes de hacer un verdadero viaje en el espacio en vez de limitarnos a un arriesgado salto hasta la Luna.

El físico y novelista británico C.P. Snow estimó que Apollo “además de ser la más grande exploración (…) era también la última”, y predijo un “repliegue sobre sí” de la Humanidad.

Algunos concluyeron que nuestra única oportunidad de sobrevivir era protegiendo nuestro precioso refugio porque simplemente no había ningún otro lugar adonde ir.

“A los seis años, vi el lanzamiento de Apollo 11 y a (Neil) Armstrong dar sus pequeños pasos”, declaró David Wilkinson en 2009, teólogo en la universidad de Durham, en el noreste de Inglaterra, que recibió una formación de astrofísico antes de ingresar en la orden.

“Formé parte de una generación a la que se incitó a estudiar las ciencias luego de esa experiencia (del viaje al espacio). En paralelo a los resultados científicos, la herencia (de Apollo) es su efecto en esta generación. Pero Apollo también planteó ciertas preguntas importantes sobre el lugar de los seres humanos en el universo, desde nuestra responsabilidad medioambiental hasta la espiritualidad”, agregó el reverendo Wilkinson.

Para Jacques Arnould, teólogo, monje dominicano e investigador a cargo de ética en el Centro Nacional de Estudios Espaciales francés (CNES), las imágenes de Apollo fueron una incitación a la toma de conciencia ecológica, cuando a finales de la década de los sesenta el movimiento de defensa del medioambiente se limitaba a un pequeño grupo ecléctico de universitarios y “hippies”.

Mientras que los astronautas se alejan de la Tierra, “en lugar de extasiarse con las estrellas, dirán que la Tierra es bella pero frágil. Estas declaraciones van a suscitar lo que se llama la conciencia ecológica que tenemos hoy los herederos”, señaló Jacques Arnould, también en 2009.

“Era -agregó- la primera vez en la historia de la Humanidad en que se tenía esa distancia real, y no sólo imaginaria, con la Tierra, que nos dábamos cuenta de que estábamos todos en ese pequeño planeta azul, en el mismo barco”.

 

Muere el héroe espacial más grande de EU

Neil Armstrong, el astronauta que marcara un logro legendario en la exploración con “un pequeño paso” desde el módulo lunar del Apollo 11 el 20 de julio de 1969, convirtiéndose en la primera persona en caminar sobre la luna, murió el sábado 25 de agosto en la cercanía de Cincinnati. Tenía 82 años.

Su familia anunció la muerte a través de un comunicado y la atribuyó a “complicaciones derivadas de procedimientos cardiovasculares”.

Un ingeniero y piloto de pruebas taciturno que nunca estuvo a gusto con su fama, Armstrong fue uno de los estadounidenses más reverenciado de carrera espacial de la Guerra Fría en la década de los 60. Es famoso por su frase: “Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”, al pisar la superficie lunar; una cita indeleble transmitida a una audiencia mundial de cientos de millones de personas.

EL AMOR POR VOLAR

La peligrosa misión de 195 horas, que definió el lugar de Armstrong en la historia, desde el despegue del Apolo 11 el 16 de julio de 1969 al amerizaje de la cápsula en el Pacífico ocho días más tarde, atrajo la atención del mundo; trascendió las barreras culturales, políticas y generacionales en una época de profunda división social y cambio en Estados Unidos.

Al mismo tiempo que Armstrong, un civil, y sus compañeros de tripulación, los pilotos de la Fuerza Aérea Edwin Buzz Aldrin Jr. y Michael Collins, atravesaban el espacio, los televidentes de todo el mundo fueron testigos de un drama de fascinante tecnología y valor. Cerca de 500 millones de personas estuvieron atentos al culminante alunizaje y observaron las imágenes parpadeantes de la caminata lunar.

En medio del escenario, sereno y concentrado, se encontraba un pragmático astronauta de 38 años. Cuando Armstrong habló ocasionalmente en público acerca de la misión, por lo general lo hacía con parquedad y sus recuerdos eran principalmente operativos.

Yo soy y siempre seré, un ingeniero nerd de calcetines blancos y bolsillo protector”, aseguró sobre sí mismo. A diferencia de Aldrin y Collins, Armstrong nunca publicó un libro de memorias.

En 1966, durante su único vuelo espacial a parte del Apolo 11, una peligrosa avería su vehículo Gemini 8 causó que la nave girara sin control en la órbita de la Tierra. Fue la primera crisis potencialmente fatal en el espacio de la nación, la cual llevó a Armstrong y su compañero de tripulación a abortar su misión y a efectuar el primer reingreso de emergencia de la NASA.

Sin embargo, su habilidad y sangre fría nunca fueron puestos a mayor prueba que cuando el módulo lunar que transportaba a Armstrong y a Aldrin, después de haberse separado de la cápsula Apolo 11, comenzara su arriesgado descenso final, de 9 millas, al Mar de la Tranquilidad en la Luna.

Collins, quien esperaba en la órbita lunar, sólo podía esperar que ambos pudieran regresar a salvo.

El módulo lunar o LM (pronunciado lem) fue apodado Eagle. Su computadora de 1969, sobrecargada durante el descenso y parpadeando frenéticamente luces de alarma, guió a la nave casi todo el camino hasta la superficie.

Sin embargo, en los últimos pocos cientos de metros, Armstrong, al observar por una ventana, vio que la computadora había pilotado al Eagle más allá de su lugar de aterrizaje programado. La nave se dirigía a un enorme cráter rodeado de rocas tan grandes como automóviles.

Armstrong, como estaba previsto, tomó el control manual de la LM a 150 metros. De pie en el estrecho habitáculo de la cápsula, pilotando con una palanca de control y un interruptor de impulso, maniobró más allá del cráter mientras exploraba el paisaje lunar en búsqueda de un lugar para aterrizar a salvo.

Aunque el mundo lo recuerda más por haber caminado en la Luna, Armstrong recordó a su momento en la superficie como anticlimático, “algo que habíamos visto como razonablemente seguro y predecible”. Volar la LM era, “por mucho, la parte más difícil y desafiante” de la misión, comentó a un grupo de jóvenes en un correo electrónico en el 2007.

El “riesgoso” descenso era “extremadamente complejo”, escribió, y el guiar a la nave le dio una “sensación de euforia”.

Los pilotos no encuentran alegría alguna al caminar”, comentó una vez. “A los pilotos les gusta volar.”

UN GRAN SALTO

Mientras él y Aldrin descendían a bordo de un cono de fuego a 384,000 kilómetros de la Tierra, el motor rugiente de la LM levantó una nube de polvo lunar, distorsionando la percepción de profundidad de Armstrong y nublando su visión de la superficie.

Mientras tanto, el combustible del motor de descenso -separado del combustible que más tarde alimentaría el motor de ascenso en su salida de la luna- se redujo a un nivel crítico.

“Indicador de cantidad encendido”, advirtió Aldrin a cerca de 30 metros. Esto significaba que Armstrong, de acuerdo con los instrumentos de la NASA, tenía menos de dos minutos para posar suavemente la LM sobre la superficie o se enfrentaría a un temible problema.

Él habría tenido que abortar el descenso, lo cual habría terminado con la misión en un fracaso con un enorme costo del prestigio nacional y el tesoro, o habría tenido que arriesgarse a realizar una especie de aterrizaje de emergencia después de que se agotara el combustible, dejando caer la LM en la gravedad lunar resto del camino hacia abajo, con la esperanza de que el salto en cámara lenta no la dañara.

Finalmente, con 50 segundos de margen, el mundo escuchó a Aldrin decir: “Luces de contacto encendidas” y el tren de aterrizaje del Eagle se asentó en el suelo lunar. Su precario descenso de 12 minutos hacia lo desconocido dejó pulso de Armstrong latiendo al doble de lo normal.

La humanidad escuchaba, paralizada. “Houston, aquí Base Tranquilidad”, informó Armstrong. “El Águila ha aterrizado”. La respuesta de control de la misión se llenó de alivio: “Roger, Tranquilidad, los escuchamos. Tenían a un montón de tipos a punto de ponerse azules. Ya respiramos de nuevo. Muchas gracias”.

Cerca de seis y media horas más tarde, Armstrong, que pronto sería seguido por Aldrin, bajó por la escalera exterior de la escotilla de la LM.

El cómo de que Armstrong terminara al comando del histórico vuelo tenía que ver con sus habilidades y experiencia, además de un poco de buena fortuna.

Meses antes, cuando había sido nombrado comandante del Apolo 11, la NASA previó su misión como el primer alunizaje; sin embargo, nadie podía estar seguro. Otros tres vuelos del Apolo tuvieron que terminar de preparar el camino. Si alguno de esos vuelos hubiera fracasado, el Apollo 11 hubiera tenido que tomar el relevo, lo que habría dejado el tan representativo descenso, en manos de otro equipo.

El porqué de que la agencia espacial eligiera a Armstrong y no a Aldrin para el famoso primer paso al desembarcar de la LM, tuvo que ver con las personalidades de los dos hombres.

Públicamente, la NASA aseguró que la decisión del primer paso fue una decisión técnica dictada por el lugar donde los astronautas se posicionarían en la pequeña cabina de la LM. Pero en su autobiografía del 2001, Christopher C. Kraft­ Jr., un alto oficial de vuelo de la NASA, confirmó la verdadera razón.

Aldrin, quien tuvo problemas con el alcoholismo y la depresión después de su carrera de astronauta, era abiertamente obstinado y ambicioso, y dejó en claro dentro de la NASA por qué él pensaba que debería ser el primero en bajar. “¿Pensamos que Buzz era el hombre que sería nuestro mejor representante en el mundo, el hombre que sería leyenda?” Kraft recordó. “No, no lo pensamos así”.

Por otro lado, Armstrong calladamente mantuvo firme su creencia de que el descenso y el alunizaje, no la caminata lunar, sería el logro más significativo de la misión. “Armstrong; reticente, de voz suave y heroico, era nuestra única opción”, afirmó Kraft.

En cuanto a su famosa declaración, Armstrong indicó que no pensó mucho en ello y que la idea se le ocurrió tras el aterrizaje.

Él siempre mantuvo había planeado decir “un hombre”. Si el “un” se perdió en la transmisión o Armstrong se equivocó, nunca se ha resuelto por completo. Pero cuando sus botas tocaron la superficie lunar, el mundo escuchó:

Éste es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Neil Armstrong

Enamorado del vuelo; piloto desde los 16 años

Nació el 5 de agosto de 1930, en la pequeña localidad agrícola de Wapakoneta, Ohio. Obtuvo su licencia de piloto a los 16 años.

Ingresó a la Marina en 1949, llegando a ser el piloto más joven en su escuadrón de combate en el portaaviones USS Essex. Voló 78 misiones de combate en la Guerra de Corea.

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Neil Armstrong, un gran héroe estadounidense: Obama

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó estar “profundamente triste” al tiempo que alabó al astronauta Neil Armstrong, primer hombre en pisar la Luna el 20 de julio de 1969 y fallecido este sábado a los 82 años, un gran héroe nacional que inspiró a toda una generación.

“Neil era uno de los grandes héroes estadounidenses, no sólo de su tiempo, sino de todos los tiempos. Cuando él y su compañero de misión despegaron a bordo del Apollo 11 en 1969 llevaron las aspiraciones de una nación entera”, afirmó el presidente en un comunicado.

Armstrong fue sometido a una cirugía de bypass en el corazón este mes para aliviar arterias coronarias bloqueadas. Familiares dijeron que el ex astronauta falleció por complicaciones derivadas del procedimiento quirúrgico.

 

Rinden homenaje a Neil Armstrong

Foto: Reuters

Washington. El mundo lloró al primer humano en haber pisado la Luna, el astronauta Neil Armstrong, muerto la víspera, y saludaba tanto la tenacidad y la audacia como la humildad de un hombre convertido en una “figura casi mítica”, según la prensa de Estados Unidos.

Con su “caminata lunar”, Armstrong “conmovió al cielo y la Tierra”, tituló el Washington Post en relación a este taciturno ingeniero que nunca se sintió cómodo con su fama.

Caminar en la luna era para el astronauta fallecido apenas “un trabajo”, señaló por su lado el Miami Herald.

Armstrong, que con su aventura inspiró a toda una generación a lanzarse a la conquista del espacio, murió el sábado a la edad de 82 años en Cincinatti, en el estado de Ohio, a causa de complicaciones surgidas tras la realización de una cirugía de corazón este mes.

Hasta la mañana del domingo, la fecha y el lugar de sus funerales no habían sido decididos, según informó la Nasa a la AFP.

La famosa transmisión en blanco y negro de su “caminata lunar”, el 20 de julio de 1969, fue vista por unos 500 millones de personas, que también escucharon sus palabras en el albor de la era espacial, que unieron a un planeta dividido por la Guerra Fría.

“Este es un pequeño paso para el hombre y un salto gigantesco para la humanidad”, dijo Armstrong entonces.

El presidente de Estados Unidos Barack Obama, que en aquel julio de 1969 estaba a punto de cumplir su octavo año de vida, afirmó que la aventura espacial protagonizada por Amstrong “brindó un momento de progreso humano que nunca será olvidado”.

Neil figura entre los mayores héroes nacionales, no sólo de la época actual sino de todos los tiempos”, afirmó el mandatario, quien dijo estar “profundamente entristecido” por la muerte del astronauta.

Tras referirse a Amstrong como “un héroe americano a su pesar”, sus familiares manifestaron esperanzas de que su legado inspire a las nuevas generaciones a “trabajar duro para convertir su sueños en realidad, estar dispuestos a explorar y empujar los límites y servir desinteresadamente una causa” que los trascienda.

El pionero en la aventura lunar fue condecorado por 17 países y recibió una serie de honores en su Estados Unidos natal, pero nunca se sintió cómodo en su papel de “famoso” y procuró alejarse de los primeros planos.

En una de las raras entrevistas que concedió, emitida por un canal de televisión en 2005, dijo que no merecía la atención que recibió por haber sido el primer hombre en pisar la Luna, seguido de su compañero a bordo del Apolo 11 Edwin “Buzz” Aldrin.

“Yo no había sido elegido para ser el primero, sino para comandar el vuelo. Las circunstancias me colocaron en ese papel especial”, aseguró.

Armstrong, casado y padre de dos hijos y abuelo de 10 nietos, dejó incluso de firmar souvenirs tras enterarse que sus autógrafos estaban siendo vendidos a precios exorbitantes.

John Glenn, de 81 años, el primer estadounidense en orbitar la tierra, saludó la “audacia” de Amstrong y recordó su legendaria humildad.

“Era una persona modesta, y así lo siguió siendo después de aquel primer vuelo en tocar la Luna”, dijo el ex senador demócrata por Ohio el sábado a la cadena CNN.

Aldrin, de 82 años, afirmó a su vez que deseaba haber llegado con vida junto a Amstrong y Michael Collins, el tercer astronauta de la misión, hasta el año 2019 para celebrar juntos el 50 aniversario del vuelo del Apolo 11. “Pero no podrá ser”.

Los logros de Amstrong serán siempre “una fuente de inspiración para la humanidad”, estimó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.

Para el primer ministro francés Jean-Marc Ayrault, Amstrong permanecerá en el recuerdo “como el símbolo de la manera en que el progreso científico y tecnológico puede identificarse con el progreso de la humanidad”.

Varios astronautas europeos homenajearon igualmente a su colega estadounidense.

“Hasta que nuestro planeta se extinga se hablará de Yuri Gagarin, el primer humano en llegar al espacio, y de Neil Armstrong, el primero en pisar la Luna”, declaró Miroslaw Hermaszewski, el único cosmonauta polaco, a la agencia de prensa de su país PAP.

 

Obama y Romney destacan trayectoria de Armstrong

Foto EE: Archivo

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama y el candidato republicano Mitt Romney alabaron este sábado al astronauta Neil Armstrong, primer hombre en pisar la Luna el 20 de julio de 1969 y fallecido este sábado a los 82 años, al que calificaron como un gran héroe nacional que inspiró a toda una generación.

Neil era uno de los grandes héroes estadounidenses, no sólo de su tiempo, sino de todos los tiempos. Cuando él y su compañero de misión despegaron a bordo del Apollo 11 en 1969 llevaron las aspiraciones de una nación entera”, afirmó el presidente en un comunicado, en el que afirmaba encontrarse “profundamente triste” por la noticia.

“Decidieron mostrar al mundo que el espíritu estadounidense puede ver más allá de lo que parece inimaginable, que con suficiente motivación e ingenio, todo es posible”, añadió Obama.

“Y cuando Neil puso por primera vez un pie en la superficie de la Luna, ofreció un logro humano que nunca será olvidado”, precisó el presidente.

Armstrong criticó a Obama en febrero de 2010 al afirmar que estaba mal asesorado cuando decidió anular el programa espacial Constellation con el que se planeaba el retorno del hombre a la Luna.

Por su parte, el candidato republicano Mitt Romney declaró que “la Luna llora a su primer hijo terrícola”.

Según Romney, el astronauta “tiene hoy su sitio en el panteón de los héroes. Con un valor desmesurado y un amor sin límites por su país, caminó por donde ningún hombre antes había caminado”.

Gracias a EL ECONOMISTA por este aporte, desde Mexico

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