Un loro se refresca con agua, mientras en otra jaula una cotorra come un huevito de codorniz duro bajo la atenta mirada de quien los cría en La Habana, un veterinario jubilado, exguerrillero cubano, que llegó a intercambiar pájaros con el presidente Hugo Chávez.

“Rescatamos las aves en peligro de extinción, las reproducimos y las dejamos libres en zonas protegidas, para que no sean cazadas”, dice a la AFP Maique Lores, de 68 años, guerrillero hace más de 50 años, y ahora dedicado a la cría de aves.

Al amanecer, Lores y su esposa Marilyn, también veterinaria, se despiertan con el canto de decenas de gallos que viven en los corrales del patio de su casa, que ocupa un predio de casi una hectárea en el oeste de La Habana.

Algunas gallinas se pasean libremente por el patio, incluida “Cuqui”, que empolla en la escalera de la casa de dos plantas; pero también hay ejemplares exóticos en corrales y jaulas, como pavos reales blancos de India y un yaco, originario de África, “el pájaro más inteligente del mundo”, según su cuidador.

El comedor de la vivienda está lleno de sacos con mazorcas de maíz y hay dos habitaciones llenas de jaulas con cotorras, oropéndolas y un ruiseñor. “El acordeón lo hicieron por este pájaro”, dice Lores.

Pero el preferido del dueño de casa es “Paquito”, un loro al que considera miembro de la familia.

“¡Saluda, Paquito, olé!”, le dice cariñosamente su amo, pero el loro no pronuncia palabra durante la visita de la AFP a este “patio de rescate, desarrollo y conservación de aves en extinción”.

Lores tiene dos ejemplares de un loro cubano llamado catey, que es monógamo: no se han apareado, explica, porque el macho antes tenía otra compañera, que murió, y le sigue guardando fidelidad.

En los corrales del patio también hay gansos, loros, codornices, guacamayos y diversas clases de gallinas, algunas exóticas, como las polacas y las paduanas.

Además, hay cuatro corrales con pavos reales, segregados por edad. Entre ellos hay una veintena de pavos reales blancos originarios de India, que raramente se ven en Occidente.

“Mandé una pareja para Venezuela para el presidente Chávez. Él me mandó un par de guacamayos”, cuenta Lores, quien siendo adolescente se unió al Movimiento 26 de Julio y combatió en el III Frente a las fuerzas del dictador Fulgencio Batista.
 
Maique Lores construyó una enorme jaula para los guacamayos de Chávez, pero tuvo que sacar a la hembra, porque sufre estrés y se arranca las plumas: ya no puede volar.

“Ahora están separados para que no le vaya a comer las plumas al macho”, explica con desazón.

Para financiar su actividad, Lores vende aves, huevos y también las plumas que se les caen a los pájaros, pero afirma que “jamás le arrancaría una” a alguno de ellos, aunque son muy cotizadas.

“La tarea es fuerte, pero todo lo que tenga que ver con la naturaleza a mí me encanta desde niño”.
 
Lores, que tiene ahora unos 1.300 pájaros, posee decenas de árboles frutales que proporcionan parte del alimento de las aves; entre ellos mangos, tamarindos, limoneros, guayabos, mameyes y aguacates.

“Las frutas se congelan para tener fruta fresca todo el año”, indica.

“La tarea es fuerte, pero todo lo que tenga que ver con la naturaleza a mí me encanta desde niño”, dice, mientras se le entrecorta la voz al evocar al guacamayo cubano, que se extinguió en el siglo XIX debido a la caza indiscriminada.

Pese a su amor por las aves, Lores no tiene problemas para comer pollo.

“Me siento feliz cuando me como una sopa de pollo o de gallina. Yo tengo las aves para resolver un problema, no para crear un problema”, explica.

Foto: AFP

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