El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

 

El conocido cantautor argentino Fito Páez, calificó de maravilloso su encuentro con el público cubano durante el estreno en la noche de este miércoles, del DVD El amor después del amor 20 años.

El material recoge el concierto gratuito que el artista ofreció en octubre pasado en Buenos Aires, Argentina, para celebrar las dos décadas de su álbum El amor después del amor, el más destacado de su discografía y del rock de su país, con un millón 100 mil copias vendidas.

Un escenario en espacio abierto y decenas de miles de sus compatriotas crean el ambiente perfecto para una celebración que recoge varios de los temas más populares del también productor y cineasta como La Verónica, Tráfico por Katmandú, Pétalo de sal, Balada de Donna Elena y el que da título al fonograma.

La presentación del DVD en Cuba es parte de la gira 20 años después del amor, recorrido que desde mediados de año ha llevado al artista a Chile, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Brasil, Uruguay, Perú, Paraguay, Bolivia y Argentina, entre otras naciones.

Tras la exhibición, Fito, junto a su inseparable piano, interpretó algunos de sus éxitos para el público de un abarrotado Teatro Karl Marx, algunos de ellos junto a importantes exponentes del panorama musical cubano e internacional, como el rockero italiano Zucchero.

Sobre el escenario le acompañaron, además, Santiago Feliú y el pianista Roberto Carcassés, con quien dio vida a esa antológica canción cubana que es El breve espacio, de Pablo Milanés.

Acostumbrado al cercano intercambio con sus seguidores en la Isla, el músico de 49 años de edad, cantó títulos de siempre como Un vestido y una flor, Mariposa tecnicolor, Giros, Habana y Al lado del camino.

A modo de cierre interpretó a capella Yo vengo a ofrecer mi corazón, que acompañado por miles de voces dio punto final a una noche que para muchos dejó una huella imborrable en su memoria.

Invitado al 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Fito Páez anunció en conferencia de prensa, previa al concierto, que prepara una nueva película y la próxima entrega de una novela.

La cinta se titulará Novela, mientras que el texto se llamará El último vuelo de la pena.

(Con información de AIN)

 

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez, durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez (izq.), junto al músico italiano, Zucchero (der.), durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez (izq.), junto al músico italiano, Zucchero (der.), durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez (izq.), junto al músico cubano, Santiago Feliú (der.), durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre De 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

El músico argentino, Fito Páez (izq.), junto al músico cubano, Santiago Feliú (der.), durante un concierto celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre De 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

Público asistente al concierto del l músico argentino, Fito Páez, celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

Público asistente al concierto del l músico argentino, Fito Páez, celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

Público asistente al concierto del l músico argentino, Fito Páez, celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

Público asistente al concierto del l músico argentino, Fito Páez, celebrado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, el 5 de diciembre de 2012. FOTO: Abel Ernesto/AIN

 

Fito Páez

Fito Páez mantiene una larga relación de amor con La Habana. Una relación de idas y venidas y hasta cierto punto desgarradora, como toda relación digna de un artista con una ciudad que parece hecha o dibujada o simplemente manifiesta por el arte.

La Habana mantiene aún, a pesar de las furias, una sensualidad similar a la de Cecilia Roth, piernas y excesos como los de Fabiana Cantilo, y esa dura belleza cercana a la de Romana Ricci. Páez lo ha dicho de forma más sencilla, con una contención inderrotable, y uno no puede dejar de pensar que los mejores secretos personales se conocen gracias a los ojos de otros. “La Habana sigue siendo un lugar romántico y maravilloso”, apuntó, de ahí que el rockero argentino, no importa los tiempos que corran, se las arregle para regresar a Cuba bajo la sombra de cualquier pretexto.

Páez fue el primer cantante extranjero en abarrotar la Plaza de la Revolución, allá por el oscuro 1993. Páez ha venido de incógnito. Páez ha presentado siempre, en la extraña Habana de diciembre, sus no muy exitosas incursiones en el cine. El mediometraje La Balada de Donna Helena, la ópera prima Vidas privadas, o más recientemente, en 2009, su documental Las manos al piano.

El cine de Páez será siempre de segundo orden. Dalí creía que escribía bien, pero mitómano y narcisista como era se engañaba sin piedad. Passolini no fue más poeta que cineasta. Una manifestación niega la otra. Del renacimiento hacia acá, solo Bob Dylan sabe dominar más de un arte con el rigor necesario. Y Fito Páez ha compuesto piezas tan memorables que uno no le puede prestar a su cine más que la atención del curioso.

Aún así, por esas relaciones extrañas que los artistas mantienen con su violín de Ingres, no sabemos si es en el hecho de filmar donde el hombre sostiene el equilibrio oculto de sus notas musicales, de sus letras paradigmáticas, y de sus acordes más furiosos.

Este 5 de diciembre, en el Carlos Marx, Páez volverá a tocar para los cubanos. Ya es un cantante hecho, con el pelo más corto y las libras necesarias para desterrar hacia los predios de la nostalgia su lejana escualidez. Quizás la voz se le haya vuelto un tanto menos tierna. Es algo que habrá que comprobar.

Sabríamos perdonarle cualquier desvío si el grueso del concierto recayera en sus himnos legendarios. A medida que los cantautores se adentran en la adultez, uno solo quiere escuchar sus composiciones primeras. A medidas que los cantautores mejoran el porte, su poesía empieza a reciclarse. Es natural. Solo cuentan con una guitarra y un registro y esas cosas normalmente mueren antes que los propios hombres.

Silvio compuso lo que compuso cuando era un adolescente feo. Páez igual. Y Pablo lo mismo. Serrat no (siempre lució bien), pero la poesía de Serrat no exigía el aniquilamiento físico. Es una teoría fundamentada en la sospecha, pero en la sospecha se fraguan los principios que luego alguien demuestra, con el suficiente tesón.

Volvamos al mito: por las fechas en que Dylan compuso Like a Rolling Stone, posaba como un muchacho anoréxico, rebelde, sucio, con greñas horribles y largas ojeras. Solo hay que ver al Beethoven terminal. O a la Janis Joplin del LSD. En suma: si a Páez no le hubiese pasado todo lo que le ha pasado, no se habría despreocupado de su aspecto, y entonces La Habana no estuviera esperando con tanta fuerza esos temas insignes de hace veinte años.

Canciones y pactos de una belleza atroz.