Paquita Armas Fonseca nos habla de lo difícil que es en estos tiempos que corren formar el gusto musical a lo que ella llama como ” un serio problema en la vida moderna”

Peto antes de entrar en su fabuloso artículo primero como es nuestra costumbre analizaremos que es eso de GUSTO MUSICAL.

 

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Nokia por ejemplo decidió investigar que es lo que determina el gusto por un género musical ú otro.. para esto, la empresa Nokia tuvo en cuenta dos factores que pueden incidir que son la naturaleza y la crianza. “Si se ha preguntado alguna vez por qué a un grupo de amigos íntimos pudiera gustarle estilos de música completamente diferentes, atribúyalo a los genes de cada persona”, explica la empresa.   Después de un estudio en coordinación con el Departamento de Investigación de Gemelos de  Kings’ College en Londres, a través de la supervisión de 4.000 gemelos, revela que las influencias genéticas varían con el género musical.

El mayor y menor impacto

Según los resultados , la naturaleza acusa su nivel más fuerte en la apreciación por la música pop, clásica, y hip hop, lo que indica que algunas personas pudieran haber nacido con la inclinación a disfrutar la música de Michael Jackson, Beethoven o Jay-Z-.  Por otro lado, acusa su nivel más bajo en la apreciación de la música tradicional o country, en la que la crianza familiar desempeña una función prioritaria. Así que, una colección completa de discos CD de Hank Williams, Dolly Parton y Joni Mitchell, no es necesariamente atribuible a la genética.   “Estudios anteriores han demostrado que la aptitud para demostrar un oído absoluto parece ser parcialmente inherente, y puesto que hasta el 50% de nuestro gusto musical es predeterminado, parece que hay argumentos sólidos a favor de la existencia de genes musicales”, señala Adrian North, profesor de Psicología de Heriot Watt University.

Cambios con el paso del tiempo

Sabemos que las cosas cambian con el paso del tiempo y hay cambios en la medida que las experiencias musicales cobran importancia.  Excluyendo la música country  – en promedio para los menores de 50 años – los genes tienen más influencia (55%) que los factores ambientales (45%), en tanto que para los mayores de 50 años, la influencia de dichos factores individuales específicos en una colección de música aumenta a 60 por ciento.

Nacido para escuchar música pero no para escucharla

Aún cuando es clara la influencia genética en la música que le gusta a una persona  (55%), los genes tienen una incidencia significativamente menor (25%) en las motivaciones para escuchar la música.

Según la investigación, los hábitos de escucha sufren el impacto del deseo de dar una banda sonora al día para establecer un estado de ánimo, o simplemente del deseo de disfrutar la experiencia de escuchar en lugar de cualquier gen que sugiera ‘tocar música ahora’.

 

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El asunto es que generalmente cuando conocemos a alguien terminamos hablando de música, para así saber de sus gustos y , y a través de esos gustos saber algo de ella.  

Hoy día les diremos que los que tienen como predilección  por los temas cantados que hablan de una personalidad extravertida,   el jazz se asocia a una personalidad intelectual y creativa como los aficionados a la música clásica, los amantes del pop son trabajadores y a pesar de los estereotipos los que gustan de heavy metal son personas amables y creativas que están muy a gusto consigo mismas. y así determinamos que los más jóvenes tienen gustos por temas que suelen hablar más de ellos mismos es decir lo que les atrae, lo que no se atreven a gritar a los cuatro vientos…………

Esto es lo que nos dice Adrian North, de la Universidad Heriot-Watt de Escocia, que ha estado estudiando la relación entre la personalidad y las preferencias musicales.  

………………………”La gente suele definir su sentido de la identidad a través de sus gustos musicales, llevando un tipo de ropa determinado, yendo a ciertos bares, y utilizando determinada jerga”, dijo North.  “No es sorprendente que la personalidad deba estar relacionada también con las preferencias musicales”, añadió.

En lo que North dijo que era el estudio más grande jamás realizado sobre los gustos musicales de los individuos y su carácter, los investigadores interrogaron a 36.518 personas de todo el mundo para evaluar su gusto musical sobre 104 estilos diferentes antes de hacer un test de personalidad.  “Los investigadores han venido diciendo durante décadas que los fans del rock y el rap son rebeldes, y que los aficionados de la ópera son acomodados y educados”, dijo North.  “Pero esta es la primera vez que una investigación muestra que la personalidad conecta con los gustos de una amplia gama de estilos musicales”, siguió explicando el investigador.

El estudio concluyó que los aficionados al jazz y la música clásica son creativos y tienen un buen nivel de autoestima, aunque los primeros son mucho más sociables mientras que los segundos son tímidos.

Los seguidores de la música country son al parecer trabajadores y tímidos, en tanto los aficionados al rap son extrovertidos y los amantes de la música indie adolecen de autoestima y no son muy gentiles.

A los que le gusta la música soul pueden sentirse animados porque el estudio dice que son creativos, sociables, amables, a gusto consigo mismos y tienen un alto nivel de autoestima.

Y si alguna vez se ha preguntado ¿por qué la gente que conduce potentes coches deportivos va escuchando música al máximo volumen? , North nos asegura que a los que eligen escuchar algo para excitarse, la música vigorosa les ofrece más posibilidades de conseguirlo,  mientras que los que prefieren sonidos relajantes tienden a bajar el volumen.

Y  ¿de qué hablarán los mayores para conocerse mejor? 

Ahora bien, existen personas que tienen gusto musical y las que no…   y este último grupo suele presentar las siguientes características:

Les resulta imposible disfrutar un concierto de música de alguien que no conocen..

Dicen amar el REGGAE pero sólo han oido a Bob Marley

No saben si sus artistas preferidos componen sus propios temas o nó

Suelen grabar cd con la msma canción repetida porque dicen Es que es muy buena…

Creen que la música RAP consiste en hablar en un ritmo, mover las manos y decir palabrotas

Cuando comienzan a oir en el coche su canción preferida le suben el volúmen y la empiezan a cantar pero ya por la mitad se cansan y ya estan pensando en la siguiente canción si les gustará o no.

Piensan que la música clásica es ideal para que las embarazadas se las pongan en el vientre y así oirla el bb.

Les parece NORMAL que en un álbum  solo haya 2 temas buenos

Piensan que la música HEAVY es sólo ruido.

Lo que más les gusta de una canción es el ESTRIBILLO lo demás para ellos es relleno

…………..Pero fuera de bromas el gusto musical revela cuán inteligente o no puedes ser.

 

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CUBA:

Formar el gusto musical: un serio problema en la vida moderna

por:  Paquita Armas Fonseca

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En un segundo espacio de Moviendo los caracoles, auspiciado por  la sección de crítica de la Asociación de medios Audiovisuales y Radio,  nuevamente la sala Rubén Martinez Villena de la UNEAC fue escenario para debatir acerca de la formación del gusto musical.Por supuesto que por muchos encuentros –incluso productivos- que se realicen sobre este asunto y cuenten con la presencia de funcionarios responsables,  la solución no es ni fácil, ni homogénea en la Cuba de hoy.

Lustros atrás la mayor responsabilidad sobre la formación del gusto musical la tenían los Medios de Difusión Masiva, pero hoy no es así. Los medios, por supuesto, están llamados –y en el caso de nuestra sociedad- obligados a difundir cultura, especialmente la musical.

Pero ahí entra uno de los problemas ¿Quién decide lo que se difunde o no?. Y pongo un sencillo ejemplo: si a mí me dieran esa misión, llevándome por mi gusto haría una radio y una televisión elitista, nada popular y por tanto con bajísimo nivel de aceptación.

Nací en Holguín y mi niñez estuvo llena de zarzuelas y óperas del Teatro Lirico de aquella ciudad, luego por influencias de mi grupo estudiantil me aficioné a Los Beatles, de ahí que el rock, la nueva trova, el bell canto  y lógicamente los clásicos llevados a ballet, sean mis preferidos. ¿No son cultos? Sí, por supuesto pero mientras para mí el son, la guaracha, el cha cha cha y la rumba, fundamentalmente con el cornetín chino,  son sólo para bailar hay muchas personas que disfrutan de oírlos, incluso, mientras escriben.

Así que decidir lo que se transmite no  puede ser sólo por el gusto del director del programa, sino por un consenso en el que intervienen asesores y ejecutivos que tengan sentido de cuando y por qué establecer la censura, que sí, que existe no sólo en Cuba, hasta en Hong Kong también, pero tiene que ser sobre todo una censura inteligente porque hay intérpretes –no voy a decir nombres- que sólo son populares en nuestro país porque un día alguien decidió que transmitirlos era dañino.

Soñemos que tenemos una televisión y una radio con programas exquisitos, con toda la diversidad musical y con calidad, que los directores son las personas idóneas para cada espacio y que los ejecutivos son expertos en una censura tipo rabo de nube: se lleva lo malo y potencia lo bueno ¿se lograría en un lapso de tiempo crear un gusto musical culto?. Usted, lector, y yo sabemos que en la Cuba de hoy eso no es posible, como en ningún país.

Eso que se llama globalización invade todos los lugares del planeta, ya sea por la televisión o por INTERNET. Y los números con mejor mercadotécnica, no necesariamente buenos, son los que se imponen en uno u otro lado del planeta.

Orlando Cruzata, el director del programa  Lucas, me comentaba hace poco de un video clip que ocupaba el primer lugar en el Lucasnometro y nunca se había transmitido por la televisión ni la radio. Este fenómeno es muy complejo y al decir  del especialista Rafael Rafael Valdés “estamos de espaldas al mercado de la música, al hecho de que existe una oferta y una demanda agregada de música y que los medios se han quedado atrás en la posibilidad de ofertar lo nuevo y lo exclusivo.”

Eso nuevo o exclusivo se encuentra en  youtube o en cualquier esquina donde se expende música y audiovisuales,  sustraídas de las redes internacionales. De ahí que el último número de cualquier grupo puede oirse hoy en Miami y mañana en La Habana. Igual en este momento se puede dar a conocer una canción de pésimo gusto en Madrid y dos horas después se está vendiendo, por ejemplo, en un kiosko de la Calle Línea

Este mercado totalmente autorizado, y por el desarrollo tecnológico, decide en que muchos músicos -no sólo regguetoneros- no estén interesados ni en la radio ni en la tv. Su música (si lo es) se comercia en cada esquina y cualquiera la puede subir a INTERNET, sin que intervenga institución alguna.

Para Rafael el mercado  puede regularse  y lograr que lo mejor de la música cubana sea lo que recorra las diversas pistas del ciber espacio.  Es categórico al decir “La vulgaridad existe porque no se ha educado el consumo de la población, al no ofrecer distinción entre la buena y mala música, lo que no se puede hacer ajeno a la oferta y demanda y a la línea metodológica de lo que el mercado requiere.”

Creo que en parte tiene razón, pero esta invasión de la NO MÚSICA es muy difícil  de controlar. En la esquina  donde vivo hay un Bim Bom,  mejor decir una Cervera y el tun tun de cualquier ruido, empieza a las 10 de la mañana cuando la piloto (en CUC) abre y se acaba cuando cierra a las 11 de la noche o más. Las paladares, ay, las paladares: en casi todas impera el peor gusto y a unos decibeles que impiden cualquier conversación con el acompañante.

Tanto en el primer caso de oferta (estatal) como en el segundo (cuenta propista) se está incumpliendo una ley: el respeto al espacio sonoro del otro. Mi vecino no tiene por qué inundar mi casa con el último ritmo “de moda” como yo no le puedo meter por sus oídos La traviata. Pero esa ley pocas personas la conocen y muchas menos la aplican.

El maestro Roberto Varela, en el espacio Moviendo los caracoles, ponía un ejemplo: el recorrido de los ómnibus puede ser bastante largo, y desde que se inventaron autobuses muchas personas aprovechaban para leer. Ahora es imposible. Usted tiene que escuchar los ruidos (a veces la música) que le gustan al chofer, no  importa si al viajante le duele la cabeza, una muela, si va para el médico o si acaba de salir de la funeraria donde veló a un ser querido. Quienes montamos en el ómnibus no tenemos derecho a un poco de tranquilidad, y lo más terrible sucede si viajan cuatro o cinco seguidores del gusto del chofer, que harán un coro para llenar mucho más el espacio  que debía ser colectivo en todo, hasta en el sonido.

Es verdad que debemos tener en cuenta la época y la sucesión de generaciones. Hoy la situación socioeconómica en Cuba no es igual que treinta años atrás. Con razón el Dr Joaquín Borges Triana dice “en Cuba no se hacen estudios de música popular desde los distintos saberes que proporcionan las ciencias sociales: la comunicación, periodismo, filosofía, sociología, lingüística, no se acercan a la música para analizar su relación con la sociedad.”

Las investigaciones son vitales para entender el entorno: el reggaetón no hubiera caminado quince años atrás (¡y  no todas sus piezas son malas!). Ese ritmo que arrebata a una buena parte de los jóvenes deviene chivo expiatorio para tildar de frivolidad o mal gusto, cuando hay guarachas, baladas y boleros tan vulgares como esa música.

Ante tamaño problema ¿tiramos la toalla?. NO. Hay que luchar una y otra vez porque la política cultural sea un asunto no sólo del Ministerio de Cultura y la UNEAC,  sino de las escuelas que bastante mala música se transmite hasta para niñas y niños de círculos infantiles, incluidos los bailes con sensuales movimientos de caderas ¡¡¡y se aplaude a los pequeños que mejor lo hagan!!!.Por desgracia tengo un ejemplo bien cercano y que me duele. El ministerio de transporte debe llamarse a análisis y conseguir que sus choferes escuchen la música para ellos y respeten el derecho de los usuarios a leer o sufrir sin que sus oídos estén agredidos; el ministerio de Turismo y el Poder Popular en sus centros muy bien que pueden contratar a buenos especialistas para que programen una música adecuada y no la bazofia que muchas veces se escucha.

En la sala Atril, Cruzata tuvo una interesante experiencia: fue cambiando poco a poco la música, y pasado un tiempo eran los usuarios quienes pedían melodías bien hechas y agradables.

A la radio y la televisión les toca jerarquizar pero ¡cuidado! que con la intención de poner lo mejor a veces se excluye lo bueno y novedoso, porque quizás se trata de una canción irreverente o un intérprete poco convencional a la hora de vestir.

Eliminar “por decreto” cualquier música o expresión artística lo único que hace es multiplicarle su valor, ya se sabe que el Paraíso no se perdió  porque Adán y Eva se amaran, sino porque les prohibieron probar una manzana.  Si ellos hubieran estado allí con  guayabas, mangos, mamoncillos, tamarindos (el paraíso no tiene porqué ser europeo) ni él ni ella tendrían como obsesión comer la manzana, pero le dijeron que no, entonces no quisieron morder, saborear, lamer un mango del Caney, una fruta riquísima que tiene el sabor del campo cubano, como nuestra música y sabe mucho mejor que…una manzana, pero algunos (y algunas) no lo conocen: hay que enseñárselo.

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