La resiliencia es la capacidad para seguir proyectándote en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.  Es una corriente de psicología positiva y dinámica de fomento de la salud mental en la que se confirma que habiendo vivido una situación traumática, se consigue encajar y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si lo vivido y asumido hubiera desarrollado recursos latentes e insospechados. Antes, las respuestas de resiliencia se consideraban inusuales e incluso patológicas, hoy se demuestra contundentemente que la resiliencia es una respuesta común y su aparición no indica patología, sino un ajuste saludable a la adversidad.

El concepto de personalidad resistente data del año de 1972, en relación a la idea de protección frente a los estressores, siendo Kobasa y Maddi quienes desarrollan el concepto, a través de estudiar a personas que ante hechos vitales negativos parecían tener unas características de personalidad que les protegían.  Estableciéndose que las personas resistentes tienen un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y son muy abiertos a los cambios en la vida y tienden a doblegar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia. En general la resiliencia es un constructor multifactorial compuesto por COMPROMISO, CONTROL Y RETO.  El concepto de personalidad resistente esta íntimamente ligado al existencialismo. 

Si bien el camino que lleva a la resiliencia no es fácil e implica estrés y malestar emocional, los resilientes sacan fuerzas de flaqueza que les permiten seguir con sus vidas frente a la adversidad.  La resiliencia que se tenga o no se tenga, implica una serie de conductas y formas de pensar que cualquier persona puede.  Sin embargo hay personas más resilientes que otras, y en ellas predominan una serie de habilidades que se pueden desarrollar partiendo de:

Cultivar las relaciones, Nunca dejar de hacerlo de buena manera con la gente que te rodea. Familia, amigos, etc. ya que ellos serán prestos a escucharte y apoyarte en los momentos difíciles, lo que facilitará la resiliencia.

Usar pensamientos constructivos, . De nada ayuda ver la parte vacía de la copa en un momento difícil. Mira las situaciones desde un contexto alto, profundo, analítico, buscando siempre la relación causa/efecto que te permita en el futuro no volver a tropezar con la misma piedra.

Desarrollar metas y objetivos Aquel que no tiene sueños y metas claras es como alguien que se aventura a entrar a un bosque sin ruta clara o un mapa. Puedes encontrarte dando incontables vueltas en el mismo lugar que no te lleven a ninguna parte. Toma lápiz y papel y anota tus sueños, metas y objetivos en la vida, claro que sean realistas, y haz algo todos los días que te haga sentir más cerca de aquello.

Aceptación de la realidad, Si no aceptas la realidad tal y como es tampoco será capaz de cambiarla por algo mejor. No pierdas tiempo buscando culpables ni cierres tus ojos a la realidad, porque eso es dar lectura errónea para tus decisiones. Busca la manera rápida y eficaz para pensar en forma concentrada en la solución a la dificultad entendiendo que lo que ves hoy es parte gatillante de lo que verás mañana.

Actuar, Pensar que si no haces nada, todo quedará tal cual, no mejorará ni empeorará las cosas. Digamos que, pensar que no actuar mantendrá la situación tan mala como lo estaba, ni mejor ni peor, es un error. Si te quedas esperando que la solución llegue olvídate de la resiliencia. Concentra tus energías en buscar vías de escape para lo que  enfrentas, no hay nada peor que lo que no se intenta. Todo lo que hagas en pro de buscar una solución ampliará tu visión del objetivo al que quieres llegar.

Confíar en ti mismo “Yo no creo que pueda” o “esto es imposible” Eliminalo de tu diccionario ahora mismo. Tienes cerebro, talentos, dones y mucha inteligencia. Parte enumerando tus cualidades, y luego confíate a ti mismo la solución del problema que exista. Nunca sabrás tus límites hasta que intentes conocerlos.

Optimista sin dejar de ser realista, ser optimista no es vivir confiado en que todo tiene una razón para ocurrir, ya sea enseñarnos, hacernos más resistentes, prepararnos para recibir nuestro galardón, etc. Recuerda, siempre después de una agotable cuesta viene una cima. Analiza el 100% de tu vida, parte por parte, no todo esta mal y siempre podría ser peor. Piensa en que el tener el control de las situaciones depende única y exclusivamente de ti.

Aprende a crecer con tus problemas, Si las dificultades y problemas pasan inadvertidos para ti, es un síntoma de que no estás aprendiendo de ellos y puedas estar perdiendo tiempo valioso de tu existencia. Cada “derrota” es temporal, y existe una alta probabilidad de que luego de varios intentos este sea el último que queda para lograr tu éxito, no te rindas jamás. Por sobre todo aprende de cada error que cometas, te hará cada vez más fuerte, sabio y tendrás mayores herramientas cada vez para enfrentarte a lo que sea con el fin de ver tus sueños cumplidos por eso mantente peleando fervientemente por tus sueños, lucha por ellos, y no te canses hasta verlos hechos realidad.  Los sueños tienen sentido mientras los mantengas vivos en tu interior, de lo contrario son ideas vagas y estáticas.

Las personas resilientes saben aceptar la realidad tal como es, tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido y tienen además una inquebrantable capacidad para mejorar además de que………..

  • Identifican de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
  • Tienen la capacidad de controlar sus emociones, sobre todo ante la adversidad y pueden permanecer centrados en situaciones de crisis.
  • Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
  • Tienen un optimismo realista,  piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro y piensan que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
  • Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades.
  • Son empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
  • Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.

Lo que los hace más resiliente es:

  • El apoyo emocional es uno de los factores principales. Tener en tu vida personas que te quieren y te apoyan y en quien puedes confiar te hace mucho más resiliente que si estás solo.
  • Permitirte sentir emociones intensas sin temerlas ni huir de ellas, y al mismo tiempo ser capaz de reconocer cuándo necesitas evitar sentir alguna emoción y centrar tu mente en alguna distracción.
  • No huir de los problemas sino afrontarlos y buscar soluciones. Implica ver los problemas como retos que puedes superar y no como terribles amenazas.
  • Tomarte tiempo para descansar y recuperar fuerzas, sabiendo lo que puedes exigirte y cuándo debes parar.
  • Confiar tanto en ti mismo como en los demás.

Para una persona resiliente las percepciones y los pensamientos influyen en el modo como la gente afronta el estrés y la adversidad por lo que su forma de pensar se caracteriza por ser realista, exacto y flexible que los hace cometer menos errores de pensamiento  (como la exageración o sacar conclusiones precipitadamente, sin evidencias que las corroboren) e interpretan la realidad de un modo más exacto que las personas menos resilientes.

Los beneficios entonces de ser resilientes es que estas personas tienen una mejor autoimágen, se critican menos a sí mismas, son más optimistas, saben afrontar los retos, son mucho más sanas físicamente, tienen más éxito en los trabajos o estudios, están más satisfechas con sus relaciones, y están por consiguiente menos predispuestas a la depresión

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