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Jaime Sabines Gutiérrez, nació un hermoso día de marzo 25 de 1926 en Tuxtla Gutiérrez en Chiapas México.   Fué un gran libre pensador, reconocido poeta y político mexicano y considerado como uno de los grandes poetas del siglo XX.

 

Jaime Sabines hijo de padre Libanés Julio Sabines, emigró con sus padres y sus dos hermanos a la mayor isla del Caribe Cuba.  En el año de 1913 se traslada a México participando en la Revolución.                                                                                           En Chiapas  don Julio Sabines conoce a Luz Gutiérrez Moguel, quién era nieta del Gobernador y Militar del Estado por el que en su honor la capital del estado lleva su nombre TUXTLA  GUTIÉRREZ, con la que se casa y tiene 3 hijos varones siendo el último Jaime.

 

Sin duda, fué su padre don Julio Sabines quien fomentó en su hijo el gusto por la literatura, tal como nos lo relata el mismo poeta al referirse a su padre como que fué una de las razones por las cuales se dedicó a escribir poesía.  En el poema Algo sobre la muerte del mayor Sabines – mismo que el poeta reconocía como su mejor creación-  en en donde Sabines nos habla de la muerte de su padre, pero más que eso, también de la gran importancia que tuvo éste en su vida.

 

images (1)En 1945 Jaime Sabines viaja a la Ciudad de México para empezar sus estudios de medicina en la Escuela Nacional de Medicina, y mientras estudiaba se dió cuenta que la carrera profesional de Medicina no le llenaba, es decir que no era él y poco tiempo después comienza su  carrera como escritor.  Luego regresa a Chiapas por una breve temporada en donde estuvo trabajando en una tienda de telas llamada “El Modelo”  que era de propiedad de su hermano mayor: Juan.

 

En 1949 regresa a la Ciudad de México para ingresar a la licenciatura en «Lengua y literatura española» en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México en donde fué alumno de Julio Torri, Agustín Yañez, José Gaos, Eduardo Nicol y tuvo entre sus compañeros de clase a Emilio Carballido, Sergio Magaña, Sergio Gallardo, Rosario Castellanos y Ramón Xirau.   Se dice que la generación a la que pertenecía Jaime Sabines era una generación reconocida por encontrarse entre ellos  grandes poetas, novelistas, dramaturgos y que se reunían en un taller literario con Efrén Hernández y es de éste último que Sabines realiza el siguiente comentario:

 

Convivir con ellos y el estudio de la carrera me hizo poeta en el sentido técnico […]. Me di cuenta de que tenía que evolucionar, aprender cosas nuevas para no quedarme atrás

 

En 1951 es publicado su libro titulado La Señal. En el año de 1952 regresa a Chiapas debido a que su padre sufre un accidente, por lo tanto no puede terminar su carrera. Sin embargo, en 1952 aparece su libro Adán y Eva, su primera incursión en la poesía en prosa, del que afirmó:

 

Yo quería hacer una poesía lo más independiente de las palabras, que resistiera cualquier traducción y es a través de la prosa, -cuyo ritmo es el que más se acerca al de la sangre- donde se consigue mejor.

 

Fué en el año de 1953 en que se casa con  Josefa Rodríguez Zebadúa conocida cariñosamente como Chepita, con quien tuvo cuatro hijos: un varón y tres niñas a los que llamó: Julio, Julieta, Judith y Jazmín.

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Jaime era un hombre sencillo que vivía común al ritmo de la rutina urbana. y que continuaba trabajando en la tienda des u hermano como vendedor y escribiendo poesías a lo que un día preocupado o tal vez confundido en el año 1952 dijo:

 

Me sentía humillado y  ofendido por la vida; ¿cómo era posible que estuviese en aquella actividad, la más antipoética del mundo? Después de dos o tres años comencé a ser humilde, a decirme: ‘que se vaya al carajo el poeta’.

 

Entre sus influencias literarias se encuentran:  Ramón López Velárde, Rafael Alberti, Aldous Huxley, James Joyce y en mayor medida a don Pablo Neruda.  Al respecto esto aparece en un escrito de la época en dónde se le pregunta:

 

—¿Se daba cuenta de las influencias que se apoderaban de su escritura o no las percibía?

—¡Claro que me daba cuenta de que esos poemas no eran míos! Son obras de García Lorca o son obras de Neruda, me decía a mí mismo. Pero poco a poco empecé a escribir cosas diferentes… fui notando que ya era una voz propia que se iba abriendo paso entre tantas influencias.

(Ana Cruz, «La poesía es un destino»)

 

 

En 1954 se publicó uno de sus libros, quizá el menos entendido en su país y el más apreciado fuera de él, Tarumba.

 

 

El padre de Jaime muere el 30 de octubre de 1961.

 

 

Sus primeros pasos por la poesía fueron:  Introspección,  A mi madre,  Siento que te pierdo y  Primaveral,  los anteriores fueron publicados en el periódico El Estudiante, una publicación de las sociedades estudiantiles de la Escuela Normal y de la Preparatoria de Tuxtla Gutiérrez.

 

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Sabines sufrió un accidente al caer por una escalera en el que se fracturó una pierna y la cadera, quedando con secuelas de por vida.

 

 

Después de siete años de vivir en Tuxtla, él regresa a la Ciudad de México en donde escribe Diario Semanario.       Pasado un buen tiempo Jaime comienza a obtener público reconocimiento entre sus contemporáneos y sus lectores.   Fué becario del Centro Mexicano de Escritores, de 1964 a 1965 y obtuvo el Premio Chiapas, otorgado por El Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas en 1959.

 

 

En el año de 1966 muere su madre, Doña Luz Gutiérrez, y en 1967 se publica la primera edición de Yuria.

 

 

En el años de 1972 recibe el Premio Xavier Villaurrutia y se hace diputado federal por el Distrito Electoral Federal de Chiapas a la legislatura de 1976 a 1979 por el Partido Revolucionario Institucional.  En el año de 1982 el Premio Elías Sourasky, luego el Premio Nacional de Ciencias y Artes Lingüísticas y Literatura en 1983;  Del 28 de junio al 1 de agosto de 1986 se realizaron varios eventos en su honor.

 

 

En 1988 vuelve a ser diputado por el mismo partido que lo llevó del 76 al 79.   En uno de sus poemas, Sabines transmitió la impresión que sobre su propia actividad política tenía:

Estoy metido en política

Estoy metido en política otra vez.

Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan
Y me exhiben

«Poeta, de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5».

(Voy, con ustedes, a verme)

 

 

En los noventa, condenó la sublevación zapatista y el círculo intelectual de la época lo reprobó hasta antes de su fallecimiento.

 

 

En el año de 1991 se lleva La Presea Ciudad de México y también se secelebra el Encuentro de Poesía Jaime Sabines , luego la Medalla Belisario Domínguez en 1994 y en el año de 1996 le otorgan el premio Mazatlán de La Literatura además de que el Gobiernos del Distrito Federal le organiza un Homenaje por su 70 cumpleaños.

 

 

Sin lugar a dudas fué un gran Poeta reconocido y muy querido por sus lectores así como laureado por los grandes críticos y estudiosos de las letras.   Jaime Sabines era conocido como «El francotirador de la literatura» por pertenecer a un grupo que transformaba la literatura en realidad.  Sus escritos se basaron en su presencia en diversos lugares cotidianos como la calle, hospitales, patios etcétera. Sus obras fueron traducidas a varios idiomas.

 

 

La figura de Jaime Sabines se levanta como un exponente de difícil clasificación. Alejado de las tendencias y los grupos intelectuales al uso, ajeno a cualquier capilla literaria, fue un creador solitario y desesperanzado cuyo camino se mantuvo al margen del que recorrían sus contemporáneos.  Hay en su poesía un pozo de amargura que se plasma en obras de un violento prosaísmo, expresado en un lenguaje cotidiano,  marcado por la concepción trágica del amor y por las angustias de la soledad. Su estilo, de una espontaneidad furiosa y de gran brillo, confiere a su poesía un poder de comunicación que se acerca, muchas veces, a lo conversacional, sin desdeñar el recurso a un humor directo y contundente.   Para él compaginar esta actividad política, que parece exigir cierta disciplina ideológica y un proyecto colectivo de futuro, había de ser difícil.

 

 

Su primer volumen de poesías, Horal permitía ya adivinar las constantes de una obra que destaca por una intensa sinceridad, escéptica unas veces, expresionista otras, y cuya transmisión literaria se logra a costa incluso del equilibrio formal. No es difícil suponer así que la poesía de Sabines está destinada a ocupar en el panorama literario mexicano un lugar mucho mayor del que hasta hoy se le ha concedido, especialmente por su rechazo de lo “mágico”, que ha informado la creación al uso en las últimas décadas, pero también por su emocionada y clara expresividad. Este rechazo se hace evidente en el volumen Recuento de poemas, publicado en 1962 y que reúne sus obras La señal, Adán y Eva,  Tarumba, Diario, semanario y poemas en prosa y algunos poemas que no habían sido todavía publicados.  También existe un disco con su voz que le grabara la compañía discográfica Voz Viva de México con algunos poemas de Sabines con la propia voz del autor. Sabines reforzó su figura de creador pesimista, su tristeza frente a la obsesiva presencia de la muerte; pero se advierte luego una suerte de reacción, aunque empapada en lúgubre filosofía, cuando canta al amor en Mal tiempo (1972), obra en la que esboza un “camino más activo y espléndido”, fundamentado en el ejercicio de la pasividad; un camino que lo lleva a descubrir que “lo extraordinario, lo monstruosamente anormal es esta breve cosa que llamamos vida”. Pese a una cierta reacción que lo aleja un poco de su primer y profundo pesimismo, sus versos repletos de símbolos que se encadenan sin solución de continuidad están transidos de una dolorosa angustia.

 

Con un estilo que no teme la vulgaridad ni rechaza las tradiciones, la sabrosa y cordial poesía de Sabines puede también tomar un mayor vuelo, como se puso de manifiesto en el ambicioso proyecto Algo sobre la muerte del mayor Sabines, un poema casi narrativo en el que el padre del poeta se constituye en protagonista del mundo y de la vida. Vinieron luego Nuevo recuento de poemas, otro volumen antológico que recoge el material anterior, y Poemas sueltos.  Todos estos textos, así como una segunda parte de Algo sobre la muerte del mayor Sabines, fueron recogidos en la edición de 1987 de Nuevo recuento.

Los versos de Sabines son directos y transparentes, y aunque no desdeña el refinamiento de la poesía culta, su estilo se inclina más hacia lo conversacional. Ello le ganó el favor del gran público, que se hizo patente sobre todo durante las dos últimas décadas de su vida. El autor utiliza un lenguaje cotidiano y sin adornos para crear composiciones que se colocan más cerca de los sentimientos que de la razón. Poeta del diario vivir, contempla con perplejidad y desde la más rigurosa terrenalidad el fenómeno del amor y el absurdo de la muerte.

 

 

Falleció el 19 de marzo de 1999 en la Ciudad de México, tras varios años de enfermedades, a la edad de 72 años y en  ocasión de su fallecimiento, el entonces Presidente de México don Ernesto Zedillo lo calificó como uno de los más importantes poetas del país en el siglo XX.

A continuación algunos escritos de nuestro invitado de hoy en esta cita con la Literatura.

Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

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