Fueron los griegos los que nos exportaron su amor por los perfumes.  Así, los primeros perfumistas salieron de una colonia griega al sur de Italia y se instalaron en Roma cuando en los tiempos de la República era un pueblo pobre y austero dedicado a cuidar sus huertos y rebaños, y a defenderse de sus vecinos,  pero fueron las sucesivas victorias militares y una constante expansión unida al debilitamiento del poder etrusco, que hacen de Roma una ciudad brillante y próspera, que pasó de la frugalidad a la opulencia.

Lekythos griego_ Siglo IV AC (FILEminimizer)

La cosmética floreció en Roma,  y así como ahora los productos de belleza pretenden venir de Francia. Por aquel entonces “muy de nivel” decir que las fragancias venían de Grecia (aun cuando no lo fueran…como ahora).

Las damas romanas hacían llenar la boca de sus esclavas con perfumes para luego ser espurreadas en rostro y cuerpo (una especie de vaporizador humano).

En Roma no sólo las personas se perfumaban. Antes de la batalla o en los regresos victoriosos, se humedecían los estandartes de las legiones con fuertes fragancias y también era común perfumar salones, vestidos, teatros, armas y hasta los animales, sin mencionar cualquier ceremonia religiosa, casamiento o entierro.

Se cuenta que Nerón El Emperador, durante sus banquetes más selectos, hacía caer desde el techo miles de pétalos de las más variadas y exóticas flores a la vez que soltaba pájaros con sus alas embebidas en perfumes, para que la fragancia se esparciera durante su vuelo.  De hecho su mujer, Popea, amaba bañarse en leche de burra, obligando a trasladar durante sus viajes a cientos de estos animales para ser ordeñados cada mañana.

popea2El cristianismo trae consigo una regresión en la utilización de los perfumes y los cosméticos y la condena a las «artimañas del diablo” utilizadas por las mujeres para seducir a los hombres.  Fue Clemente de Alejandría quien autorizaba los baños, pero condenaba los establecimientos que de día y de noche se ocupaban de masajear, untar y depilar.  Por otro lado San Jerónimo, San Cipriano y Tertuliano aborrecieron el uso de ungüentos y perfumes, pero no tardó en ponerse de moda morder delicadamente una ramita de mirto con el fin de mostrar así una bella dentadura.

De cualquier manera, en la Biblia se nos muestra el uso extendido de la perfumería.  En el Nuevo Testamento vemos la imagen de la hermana de Lázaro ungiendo los pies de Jesús con perfume, así como lo de los Reyes Magos dejando incienso y mirra en el pesebre.  “Lo singular aquí es que tanto en el nacimiento de Jesús como su muerte estén ligados con los perfumes: “…también vino Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús quién trajo como cien libras de Mirra perfumada y áloe para luego envolver el cuerpo de Jesús con lienzos perfumados con esta mezcla de aromas, según la costumbre de enterrar a los judíos”. San Juan 19 39-40).

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