Los Bizantinos se presume que superaron a Roma en el arte de la Perfumería (por tener tradición de buena mano como perfumistas y por contar con las materias primas más cerca).

Como potencia el crédito es de los Árabes, que supieron asimilar y perfeccionar mejor que nadie los conocimientos de las culturas que los precedieron, utilizando alambiques para destilar el alcohol como soporte de las esencias, elaborando refinados perfumes de: almizcle, algalia, agua de rosas entre otros de los cuales estos eran los más favoritos en toda la Edad Media.  El mismo Mahoma, como todo buen árabe, amaba los perfumes y en el mismo Corán promete a los fieles de corazón un paraíso perfumado y bellas hurís de ojos negros, hechas del más puro de los almizcles, azafrán y ambar.

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 Oriente y Occidente se vieron favorecidos por las Cruzadas (1096-1291) y los mercaderes comenzaron a inundar al mundo con nuevas fragancias y especias, además de poner otra vez de moda la buena costumbre de acompañar el aseo con aplicaciones perfumadas. 

Durante el Renacimiento se produce el re-descubrimiento de la cultura greco-romana, que con la invención de la imprenta se publica y traduce en francés e italiano tratados antiguos de perfumería, dándose a conocer las mil y un maneras de perfumarse.  No obstante, se deja de lado a la higiene y se recurre a los perfumes para “no oler mal”.

Enrique IV de Francia aparte de no asearse no se perfumaba y se sabe que en su noche de bodas su esposa estuvo a punto de desmayarse.  

En numerosas cartas de sus amantes dejaban constancia de las náuseas y vahídos que sufrieron al compartir su lecho.  

Florencia y Venecia fueron las capitales del perfume. Al morir la alquimia en pos del nacimiento de la química, el arte de la perfumería evoluciona mejorando la destilación y la calidad de las esencias empleando técnicas orientales.  Y es en Venecia que se producen los primeros frascos de vidrio soplado, y con la emigración de muchos vidrieros italianos a Alemania y Bohemia, estos encuentran un cuarzo bastante duro que les permitió tallar, grabar, pulir y decorar sus envases dejando de lado al soplado, desarrollando para el envasado nuevas técnicas.

Por esas épocas estaba de moda el uso de guantes perfumados por lo que al sur de Francia, en el pueblo de Grasse en donde se fabricaban estos guantes en grandes cantidades, se decidió perfumarlos desde la misma fábrica y comienzan así con el cultivo de lavanda, jazmín, mimosa, naranjos, rosas…Hoy en día Grasse cuenta con miles de técnicos profesionales dedicados exclusivamente a la industria del perfume.

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