La historia dice que Alejandro Magno era aficionado a utilizar perfumes, y que perfumaba cualquier habitación con solo el aroma de su cuerpo. En la Edad Media se fabricaron ungüentos aromáticos, musgo incluido y después de un período de utilizar animales en los siglos XVIII y XIX se volvió al agua de flores. El perfume siempre ha estado tan presente en la historia humana y es que las aromas de la naturaleza siempre han estado ahí.

-alejandro_magno.jpg de Producción ABC-

Año 3.500 a. C. En Sumeria, civilización más avanzada y compleja del mundo en esa época; fueron los que crearon el primer sistema de escritura del mundo, los primeros en usar instrumentos de bronce, en fabricar ruedas y los que desarrollaron por primera vez ungüentos y perfumes.   Los arqueólogos que encontraron el sepulcro de la reina Schubab de Sumeria, se sorprendieron al hallar junto al cuerpo una cucharita y un pequeño frasco trabajado con filigrana de oro: la reina había guardado allí su pintura de labios.

En la Epopeya de Gilgamesh (poema asirio del año 2.300 a.C. que debió copiarse de textos acadios mucho más antiguos, a juzgar por la aparición de algunos de sus personajes en tablillas cuneiformes de la mitología sumeria, de donde debieron de ser extraídos y adaptados por los acadios) hay muchas citas que hacen referencia al perfume y a la cosmética.

thBDK0MGNEEgipto no tardó en tomar de los Sumerios la idea de la escritura y todo lo referente a la cosmética.  Los sacerdotes literalmente “fumigaban” sus oraciones con perfumes –elaborados por ellos-, empleando olores fortísimos que favorecían la elevación del espiritu: mirra, resina de terebinto, gálbano, olíbano, ládano… Los aceites perfumados, ungüentos y las pinturas también formaban parte del rito que realizaban muy tempranito por la mañana, en donde el sacerdote aseaba a las estatuas divinas untándolas con ungüentos y maquillándose ellos como a las estatuas, para obtener así según ellos “la protección de los dioses” asegurándose su paso al más allá.  Y esta es justamente la base de la creencia que explica la práctica del embalsamamiento que para conservar intacto el cuerpo lo sumergían en sustancias imputrescibles y perfumadas para entrar “al cielo de los egipcios”.

A mediados del 400 a. C., Herodoto describe como era el embalsamamiento, aseguraba que a los muertos después de vaciarles el abdomen les llenaban con mirra, canela y otros aromas, les cosían, después sumergían al  cadáver en natrón por 70 días, luego lavaban el cuerpo y le envolvían en finas bandas de lino recubiertas por una especie de goma… dejando claro la importancia del perfume como sinónimo de pureza y exaltación divina (En la tumba del faraón Tutankamon se hallaron más de 3.000 potes con fragancias que aún conservaban su olor a pesar de haber permanecido enterradas por más de 30 siglos).

Tutankhamun

Las mujeres de la alta sociedad en la edad media debajo de las pelucas que habitualmente llevaban, colocaban unos conos fabricados con grasa de buey impregnado de diversos perfumes. Este pegote se fundía con el calor corporal y del ambiente, perfumando el cuerpo de quien lo portaba. Ninguna civilización posterior hizo uso de él. Los chinos contribuyeron en gran parte del desarrollo y mercadeo.

Para los griegos, todo lo bello armonioso proporcionado y estético era bueno y por ende de origen divino, así que atribuían a sus Dioses el regalo de los perfumes y los ungüentos… “La rosa, antes blanca y sin olor, adquirió su color rojo el día que Venus se clavó una espina y derramó su sangre sobre ella y se volvió fragante al recibir un beso de Cupido.  En otra ocasión en la que Venus huía de unos malvados sátiros, se escondió detrás de unas matas de mirto y en agradecimiento por no haber sido vista, le dio a los mirtos su fragancia tan característica”  También se dice que “Los Dioses castigaron a Esmirna por su terrible pecado convirtiéndola en un árbol corriente, pero al verla llorar se conmovieron y la mutaron en árbol de mirra que llora resinas aromáticas” a lo que los  vendedores griegos de perfumes decían que sus perfumes eran fabricados con esencias provenientes directamente del Olimpo.

El aporte más importante de los griegos a la perfumería fué el aplicar su arte a los frascos de cerámica utilizados para guardar los perfumes, verdaderas piezas de arte, difíciles de igualar al dia de hoy en belleza, diseñando 7 formas decorados con dibujos de animales mitológicos, figuras geométricas y escenas conmemorativas.  El más conocido fue el Lekythos, frasco muy elegante y esbelto que llegó a ser tan popular que para referirse a alguien poco solemne, se decía que “no tenía ni un lekythos”.

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Se dice que Sócrates era uno de los pocos Griegos que detestaba el perfume, afirmando que ningún hombre debía perfumarse porque perfumados olía igual un hombre libre que un esclavo.

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