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LOS Ácaros son artrópodos, que forman parte del grupo más antiguo, diverso y numeroso de animales que ha existido desde que apareció la vida en el planeta y desde entonces han sido un grupo dominante.  En cuanto al número de especies se refiere (más de 10 millones), siendo los primeros animales que pasaron del ambiente acuático al terrestre, incursionaron tierra adentro y se adaptaron a todos los hábitats de este medio.

La mayoría de los ácaros no son visibles al ojo humano y alcanzan unos pocos milímetros de longitud; así, los ácaros del polvo doméstico miden entre 0,2 y 0,5 mm.  Andan, sobre todo, en lugares de mucha vegetación, entre los productos de desecho en descomposición y en asociación con musgos y líquenes; de hecho, en zonas boscosas pueden llegar a constituir entre el 70 y el 90% del total de la población del suelo.   Se les encuentran de forma habitual en domicilios.

Cuando permanecemos largos períodos de tiempo en ambientes cerrados, respiramos aire rico en sustancias potencialmente alergénicas y en concentraciones muy superiores que en el exterior, lo que facilita la aparición de alergia al polvo por ejemplo.  El polvo de casa es la principal fuente de alérgenos del interior de las viviendas, y es un ecosistema complejo compuesto por una mezcla de materia inorgánica y orgánica, que incluye  desde escamas de piel, fibras, esporas de hongos, bacterias, virus, pólenes, insectos, derivados dérmicos de animales, restos de alimentos, plantas de interior y Ácaros.  El material inorgánico que contiene el polvo no produce sensibilización alérgica, mientras que el componente orgánico existente puede actuar como irritante o como alérgeno.

En 1921, R. Kern reconoció por primera vez el papel del polvo doméstico como alérgeno y en 1928, M. Decker propuso que los Ácaros cumplen un papel fundamental en el polvo de las viviendas.   A finales de los años 50 se logró identificar un gran número de alérgenos en el polvo doméstico,  ya en esa época se sabía que las muestras de polvo procedentes de viviendas de zonas húmedas producían respuestas cutáneas muy intensas sin que se tuviese, sin embargo, una explicación para ello. Los investigadores R. Voorhorst y F. Spieksma, en 1967, descubrieron que la actividad alergénica en las muestras de polvo obtenido en viviendas se debía fundamentalmente, a la presencia de un ácaro, el Dermatophagoides pteronyssinus (D. pteronyssinus).  Los  Ácaros  que producen alergias son:

  • Pyroglyphoidae: a esta familia pertenecen el Dermatophagoides (D.) pteronyssinus, D. farinae y Euroglyphus maynei, que son sin lugar a dudas los inductores de la inmensa mayoría de sensibilizaciones alérgicas en Europa y Estados Unidos.
  • Acaroidae: Acarus siro y Tyrophagus putrescentiae son las especies responsables dentro de esta familia.
  • Glycyphagodae: Blomia tropicalis y Lepidoglyphus destructor se reconocen cada vez con más frecuencia como responsables de cuadros alérgicos.

Estos ácaros son inofensivos para el hombre y son sus residuos fecales los que poseen un gran poder alergénico.

Los principales factores ambientales que influyen en la presencia de ácaros son: la temperatura y la humedad relativa. La temperatura óptima oscila entre 25º y 35º C.  La humedad relativa óptima para el D. pteronyssinus es superior al 75% y para el D. farinae  oscila entre el 50 y el 60%. La proliferación en estas condiciones es más rápida que a temperatura y humedad inferiores. La presencia de hongos facilita también el desarrollo de los ácaros, probablemente por la digestión previa que realizan estos sobre los lípidos con los que a su vez se alimentan.

Las especies que invaden las viviendas se denominan ácaros domésticos o del polvo de la casa, y pertenecen mayoritariamente a la familia Pyroglyphidae. Conviven con el hombre ya que se alimentan de las descamaciones dérmicas que éste pierde (en torno a 1 gramo al día) o de la de los animales de compañía. Su hábitat principal es el interior de las viviendas, encontrándose en las sábanas, almohadas, alfombras, cortinas, muebles blandos, peluches y colchones. Los sofás y sobre todo los colchones constituyen un excelente microhábitat para la fauna acarina ya que, dada la profundidad de su relleno, retienen mucha humedad, proporcionándoles los tres factores que necesitan para su óptimo desarrollo: calor (procedente de la transpiración del que duerme) y comida (escamas de piel humana). La humedad es el principal factor limitante para su desarrollo; los niveles óptimos de humedad relativa son del 75% a 15º C. Estos valores se alcanzan fácilmente en los colchones mientras están ocupados, un promedio de ocho horas al día. El calor y la transpiración de sus ocupantes producen un aumento en su temperatura que alcanza 25º-30º C, y su humedad relativa se incrementa en un 5-8%.   De ese modo, durante esas 8 horas al día, los ácaros de los colchones encuentran unas condiciones favorables de desarrollo. Este tiempo puede ser mayor si la cama se hace de modo inmediato, sin ventilación previa, por lo que se puede mantener cierto grado de temperatura y humedad durante casi 16 horas.

En los domicilios de zonas con climas templados, el número de ácaros varía según las estaciones, con cifras bajas al comienzo del verano y una elevación progresiva a medida que se aproxima el otoño y un posterior descenso en otoño-invierno. En los meses de verano, al no utilizarse calefacción y ventilarse más el domicilio, aumenta la humedad relativa del aire. En cambio, durante el invierno, las puertas y ventanas se abren menos y, junto al empleo de calefacciones, se crea un clima caliente, pero muy seco, en el interior, nada favorable para su crecimiento. En los dormitorios, sin embargo, el uso diario de los colchones les permite sobrevivir en mejores condiciones que en las alfombras.   A pesar del descenso del número de ácaros vivos en los meses de invierno, las partículas alergénicas producidas por ellos permanecen en el ambiente y descienden de modo más gradual. Así, aunque el número de ácaros muestre fluctuaciones durante el año, los síntomas causados por sus alérgenos suelen ser perennes.

 Distinguimos dos tipos de medidas para controlar a los Ácaros:

  • Medidas muy eficaces: Eliminar del dormitorio las alfombras y todos los objetos que acumulen polvo; utilizar fundas antiácaros en el colchón y la almohada (el colchón y la almohada deben aspirarse durante 10 minutos una vez al mes y exponerlos al sol durante 30 minutos 2 o 3 veces al año); lavar con agua caliente (a más de 50º C) al menos una vez a la semana las sábanas y las mantas; realizar una limpieza periódica de sofás, moquetas y otras zonas de la casa; revisar periódicamente el domicilio y reparar los problemas de humedad que se detecten; reducir la humedad relativa en toda la casa, o al menos en el dormitorio, por debajo del 50% (el uso regular de deshumidificador consigue reducir la población acarina de manera significativa).

  • Medidas de eficacia intermedia: uso de filtros de aire para retener alérgenos de ácaros, utilización de acaricidas y de aire acondicionado.

En la actualidad se venden productos para eliminarlos (normalmente, como desodorante ambiental), los cuales contienen en su mayoría benzoato de bencilo, y sirven para erradicar los que están vivos, pero no evita que aparezcan más. Algunos productos son Acarosan y Acarfree: fíjate que comienzan con el prefijo “acar”.  Existen medidores de ácaros en el ambiente que te permitirán indicar si están presentes en tu hogar, pero es posible que los tengas si tienes alergias constantes acompañadas de lagrimeo en los ojos, goteo de la nariz, congestión nasal y estornudos.   Por esto siempre:

  • Abre las ventanas y puertas de hogar diariamente.
  • Airea toda la lencería de tu hogar al sol, como las sábanas, cobijas y toallas.
  • Saca tu colchón al sol para que sea aire también, como mínimo una vez al mes.
  • Retira las alfombras de tu casa, éstas son la fuente principal y el nido de los ácaros.
  • Si tienes una colcha o cobija que no cabe en tu lavadora, llévala a la tintorería periódicamente.
  • Evita tener peluches en casa, si no los quieres tirar, puedes lavarlos con regularidad.
  • Cuando laves tus sábanas, mételas en la lavadora a una temperatura superior a los 60 grados centígrados.
  • Pasa la aspiradora, especialmente en superficies de tela, como sofás, cama y cortinas, cada 3 o 4 días.
  • Elimina el polvo que entra a tu vivienda diariamente.
  • Evita tener animales domésticos dentro de la casa.

Les dejamos el siguiente video didáctico:

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