By Evamaría Presas

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OMEPRAZOL (5-metoxi-2-[(4-metoxi-3,5-dimetil-piridin-2-il)metilsulfinil]-3H-bencimidazol) utilizado para el tratamiento de dispepsia, úlcera péptica, enfermedades por reflujo gastroesofágico y elsíndrome de Zollinger-Ellison. Fue inicialmente comercializado por AstraZeneca como la sal de magnesio, magnesio de omeprazol, con el nombre comercial de Losec® y Prilosec.  Actúa sobre las células de la mucosa gástrica, inhibiendo hasta un 80% la secreción de ácido clorhídrico (HCl) mediante la anulación de la salida de protones en la bomba electrogénica H+ / K+.

El omeprazol es un fármaco genérico más prescrito en España, según el ránking de medicamentos por número de envases consumidos con receta a cargo del Sistema Nacional de Salud.  El omeprazol, antiácido y protector estomacal, pertenece al grupo denominado inhibidores de la bomba de protones (IBP) que funciona reduciendo la cantidad de ácidos gástricos que produce el estómago, el mismo que desde hace algún tiempo se  viene alertando su consumo. 

 

 

 

…No es la primera ALERTA como bien sabemos.  El pasado mes de marzo,  un trabajo publicado en la revista  Journal of the American Society of Nephrology (JASN). realizado en la Universidad Johns Hopkins (EEUU) observó un 50% más de problemas renales entre los consumidores de estos medicamentos así mismo que los fármacos para combatir la acidez estomacal podrían aumentar el riesgo de sufrir una fractura de cadera si se toman de forma continuada.  Igualmente unos estudios reaizados en la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), demostraba que medicamentos tan populares como el «omeprazol» y otros «inhibidores de la bomba de protones» interfieren en la síntesis del calcio y debilitan la salud ósea. Y de hecho, las personas que consumieron estos protectores gástricos durante más de un año tenían hasta un 44% más de riesgo de sufrir una fractura de cadera.. En total, se analizaron 10.500 historias clínicas por un periodo de 13 años y otros 248.000 pacientes que participaban en otra investigación.  Determinando que su ingesta prolongada puede provocar una enfermedad renal crónica y fallo renal grave. 
El reciente estudio publicado en marzo duró cinco años y se comprobó que quienes tomaban antiácidos tenían más tendencia a sufrir problemas renales que quienes, para esa misma dolencia, tomaban receptores H2, un fármaco alternativo.  Los investigadores dirigidos por Yan Xie -de la Universidad de Washington (EEUU)- observaron que los pacientes que consumían omeprazol tenían hasta un 96% más de riesgo de desarrollar fallo renal que los usuarios de los otros antiácidos, y un 28% más de posibilidades de sufrir enfermedad renal crónica.  Además, los autores observaron una clara relación entre la duración del tratamiento y la aparición de problemas en el riñón, de manera que los pacientes que consumían omeprazol más tiempo eran los más propensos a desarrollar fallo renal.  Uno de los firmantes, el doctor Benjamin Lazarus, llegó a afirmar al presentar sus resultados que el 70% de las prescripciones de los inhibidores de la bomba de protones no están justificadas”.  
El prestigioso medio de prensa  EL MUNDO sostuvo una entrevista al respecto con el prestigiosos doctor Español Francisco Atienza, coordinador del grupo de trabajo de Calidad y Seguridad del Paciente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), que al respecto dijo que “El problema es que SE HA BANALIZADO  el uso de este medicamento que se toma demasiadas veces de forma inadecuada”  A su juicio, como el omeprazol se prescribe para prevenir las hemorragias asociadas a ciertos corticoides y antiinflamatorios, “esta indicación ha dado lugar a la creencia errónea de que es un protector gástrico y se toma con cualquier pastilla”.  De hecho, explica, no todos los pacientes que toman un antiinflamatorio necesitan tomar omeprazol para proteger su estómago, puesto que el riesgo de hemorragias depende del perfil del paciente (“en gente joven, por ejemplo, no tiene sentido”).  Asi mismo dijo que los tres riesgos más conocidos del omeprazol son el déficit de absorción de la vitamina B12 (que puede ocasionar anemia), de calcio (lo que podría vincular su uso a mayor riesgo de osteoporosis y fracturas) y también, desde 2013, los problemas renales que ahora corrobora este estudio. “A pesar de eso, es evidente que el mensaje no ha calado y se sigue usando excesivamente omeprazol de manera inapropiada, fuera de las indicaciones para las que sí es útil”.  “El omeprazol es un fármaco magnífico si se usa en las indicaciones para las que está aprobado”, resume el doctor Atienza. Gracias a su uso, por ejemplo, se han reducido drásticamente las hemorragias gástricas. Sin embargo, subraya para terminar, “como todos los fármacos, tiene sus beneficios y sus riesgos y un uso inadecuado siempre es inseguro”.
Una idea en la que coinciden los firmantes del trabajo publicado es la de prescribir estos medicamentos “únicamente cuando sea necesario y limitar la duración del tratamiento al periodo más corto posible”. Porque como señala el doctor Al-Aly, “muchos pacientes comienzan el tratamiento con omeprazol por algún problema médico y luego continúan tomándolos más tiempo del necesario”.

Como denuncian los investigadores, la vigilancia de los fármacos una vez que están en el mercado se basa en los datos que aportan los propios laboratorios farmacéuticos o en sistemas voluntarios de reporte de efectos adversos por parte de los profesionales. Estos sistemas son “pasivos”, advierten,  y pueden “no estar captando adecuadamente las secuelas a largo plazo de los medicamentos” o pueden ser incapaces de detectar “efectos adversos latentes” quizás poco frecuentes y que no se hayan detectado en los ensayos clínicos previos (que siempre se realizan en condiciones ideales, y con grupos de pacientes muy seleccionados y controlados).  

Otro estudio publicado en «Plos One» señalaba también que los adultos que utilizan inhibidores de la bomba de protones tienen entre un 16 y 21 por ciento más de probabilidades de sufrir un ataque al corazón que las personas que no toman estos medicamentos antiácidos comúnmente prescritos.  
Así mismo otro estudio que duró 7 años que incluyó a 364.683 personas desarrollado por científicos del Centro Médico Universitario de Radboud (Holanda) que también fué publicado en Journal of the American Society of Nephrology (JASN)asociaba el consumo de estas medicinas con un aumento del 27% en el riesgo de padecer neumonía, porcentaje que se eleva a una cifra no determinada si estos fármacos corresponden a inhibidores de la bomba de protones (omeoprazol) o los antagonistas de los receptores H2 (ranitidina).  Por lo que nos queda claro que su uso no solo puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica asi como elevar las posibilidades de progresión hacia insuficiencia renal. 
Los resultados de este nuevo trabajo proporcionan información para futuras investigaciones sobre la seguridad de los medicamentos ya que «El estudio sirve como modelo para aprovechar la disponibilidad de grandes volúmenes de datos y análisis avanzados para determinar los perfiles de seguridad a largo plazo de medicamentos de uso común y promover la farmacovigilancia», concluye Xie.
 

Pese a estos problemas, los especialistas reconocían que «la eficacia de estas drogas en el tratamiento de los síntomas gastrointestinales es excelente, pero parecen tener algunos significativos inconvenientes».

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