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PLANETA LITERARIO

Con Ma. Gloria Carreón Zapata

El tiempo del no tiempo

Según Don Genaro Fragmento-19

EL DESCUBRIMIENTO CIENTÍFICO DEL ALMA

“Tercero. Aquel “cuerpo” no presentaba vísceras. Es decir, carecía -o nosotros no pudimos localizarlo- aparato digestivo, hígado, páncreas, etc., así como de pulmones… ¡y corazón! Estos, quizás, justificaría porque Eliseo (nombre de guerra del otro tripulante compañero del mayor en aquel “viaje” en el tiempo) no encontró el pulso y porqué el Resucitado se negó a comer. ¿Qué fue lo que percibimos en su interior? ”Algo” tan anormal que me siento impotente para definirlo.

La resonancia magnética nuclear y los ultrasonidos revelaron un auténtico “torbellino” de filamentos y zonas espaciales, de un rico cromatismo, vibrando y fracturándose a velocidades vertiginosa, con las nubes atómicas ¡en perfecto orden!. Si tuviera que describir aquel “vacío”, quizás me inclinaría por la pobre e inexacta expresión de un “horno” generador. Pero seguramente es mucho más que eso… En esta deficiente exposición, entre los muchos errores que, supongo, estoy cometiendo, hay uno que puedo rectificar.  Aunque no logramos ubicar el aparato digestivo, si encontramos un elemento residual, que aclaraba -a medias- el incomprensible fenómeno de la voz y de las carcajadas de Jesús.

Para un ser humano que careciese de pulmones, la columna de aire necesaria para hacer vibrar la glotis dejaría de existir y los sonidos difícilmente aflorarían a su garganta. El “cuerpo” de Jesús presentaba una boca y una faringe normales, con un rudimentario y corto “tubo” (?) que se hundía en el “horno” interno. La única posible explicación a la realidad de sus palabras podía estar en la sustitución del aire por una de impulsos eléctricos (?) que hacían vibrar la referida área de la glotis. Cuarto. Tanto los sentidos del oído, de la vista, como el del tacto, presentaban estructuras idénticas a las humanas, aunque las conexiones cerebrales resultaron inescrutables, debido a la especialísima configuración y naturaleza de lo que -arriesgando mucho- podríamos calificar de “cerebro”  El aparato lagrimal, por ejemplo, era perfecto, a excepción de las vías lagrimales que, en el hombre normal, conducen el excedente a las fosas nasales. Aquí no existía. En cuanto a la piel (?), resulto otro misterio. Tanto mi compañero como yo la habíamos tocado y contemplado a placer (el mayor aquí se refiere, entre otras circunstancias, a una sorpresiva aparición del maestro hacia el mediodía, estando ellos solos sobre un monte, donde ocultaron su nave, por algunas horas pudieron sostener un asombrosa “conversación” con el Resucitado. Eliseo se animó a tocarlo y verifico la contextura de una de sus manos, sin hallar su pulso). Ni en la playa de Saidan ni en la “montaña de la ordenación” percibimos diferencias sustanciales. La temperatura corporal, incluso, parecía correcta. Pero, de ser así, ¿Por qué aquel “cuerpo” no emitía radiación infrarroja? El “bombardeo” teletermografico solo sirvió para corroborar lo que ya sabíamos. (El mayor explica así algunos de los fundamentos del sistema de teletermografía dinámica: ”la detección de la temperatura cutánea a distancia se realizó gracias a la propiedad de la piel humana, capaz de comportarse como emisor natural de radiación infrarroja o IR, Tal y como se sabe por la fórmula de la ley de Stephan-Boltzmann (W=eJT4), la emisión es proporcional a la temperatura cutánea, y debido a que T se halla elevada a la cuarta potencia, pequeñas vibraciones en su valor provocan aumentos o disminuciones marcados en la emisión infrarroja (W: energía emitida por unidad de superficie: factor de emisión del cuerpo considerado; J; constante de Stephan-Boltzmann y T:temperatura absoluta).

En numerosas experiencias, iniciadas por Haerdy en 1934, se había podido comprobar que la piel humana se comporta como un emisor infrarrojo, similar al “cuerpo negro”. (Este aspecto de radiación infrarroja emitida por la piel humana es amplio, con un pico máximo de intensidad fijado en 9,6u) Nuestro dispositivo de teletermografía, transportado a esa época, consistía, por tanto, en un aparato capaz de detectar a distancia intensidades de radiación infrarroja. Básicamente constataba de un sistema óptico que focalizaba al IR sobre un detector. Este se hallaba formado por sustancias semiconductoras (principalmente Sbin y Ge-Hg) capaces de emitir una mínima señal eléctrica cada vez que un fotón infrarrojo de un intervalo de longitudes de onda determinada incidía en su superficie. Y aunque el detector era de tipo “puntual” -capaz de detectar la IR procedente de un único punto geométrico, Caballo de Troya había logrado ampliar el radio de acción mediante un complejo sistema de barrido, formado por miniespejos rotativos y oscilantes. La alta velocidad del barrido permitía analizar la totalidad del cuerpo en cuestión (en este caso el de Jesús), varias veces por segundo. Seguidamente a la emisión, la señal eléctrica correspondiente a la presencia de fotones esa amplificada y filtrada, siendo conducido posteriormente a un osciloscopio miniaturizado. En él gracias al alto voltaje existente y a un barrido sincrónico con el del detector, se obtenía la imagen correspondiente, que quedaba almacenada en la memoria de cristal de titanio del ordenador de la nave. Por supuesto, nuestro teletermografía disponía de una escala de sensibilidad térmica (0,1, 0,2 o 0,5 grados centígrados, etc.,) y de una serie de dispositivos técnicos adicionales que facilitan la medida de gradientes térmicos diferentes entre zonas del termograma (isotermas, análisis lineal, etc.). Las imágenes así obtenidas podían ser de dos tipos: en escala de grises (muy adecuadas para el estudio morfológico de los vasos) y en color (entre ocho y dieciséis”, muy útil para efectuar mediciones terminas diferenciales con precisión. Ambos sistemas podían ser utilizados en forma complementaria) El tegumento externo o piel, merced a las imágenes macroamlificadas, se revelo como una envoltura “normal”, con sus dos capas -la dermis y la epidermis-, con el correspondiente pigmento en al células de Malpighi, pero en algunas radicales diferencias. Por ejemplo: las papilas dérmicas eran de una sola clase (nerviosas), con total ausencia de las eminencias cónicas vasculares. Faltaban igualmente las glándulas sudoríparas. Como pudimos ratificar al paso del maarabilt, sencillamente, no traspiraba. Los órganos de la sensibilidad térmica, tanto los receptores sensibles de frio (corpúsculos de Krause) como los del calor (Ruffini), eran normales. Esto nos confundió mucho más. ¿Qué finalidad podían tener en un organismo que no necesita de refrigeración cutánea y que -aunque no llegamos constatarlo- quizas fuese igualmente insensible al frio? Los órganos de la sensibilidad dolorosa también aparecían perfectamente diferenciados, a través de una red terminaciones nerviosas libres que se arborizaba en los intersticios del epitelio cutáneo. Entonces comprendí por que Jesús había retirado sus manos tan precipitadamente del fuego y por qué vacío una de sus sandalias del molesto granulado de la playa de Saidan”

José Revello (Fragmentos

de: “Mis tardes con Don Genaro”

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