ESPAÑA: LAURA LUELMO

La joven profesora Española

Laura Luelmo, natural de Zamora, noroeste de España, llegó a Huelva dias antes de su muerte para sustituir temporalmente a una profesora en un instituto de secundaria de la localidad de Nerva.

Este era el primer trabajo que Laura realizaría ya como profesora para lo cual decide alquilarse una casita en el Campillo, Huelva Comunidad Autónoma de Andalucía, al sur de España, quien desapareció el pasado miércoles 12 de diciembre al salir a a correr, por la zona como a las 4 de la tarde, llevándo consigo su movil para poco después perderse su señal
y desde entonces no perder todo su rastro.

Tras su desaparición se encendieron todas las alarmas iniciándose su búsqueda por parte de autoridades y voluntarios con una notoria y creciente preocupación por su paradero para luego ser hallada por uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participaba en su búsqued. Su cadáver fue encontrado entre unos matorrales de una zona boscosa, a 4 km. del pueblo, primero se avisto unas ropas y a unos metros el cuerpo sin vida con claros signos de agresión. Siguiendo las prácticas legales en estos casos, se le practicó una autopsia, que arrojaba que la mujer, de 26 años de edad, “falleció por un golpe fuerte en la frente con un objeto contundente, un palo o piedra” aproximadamente entre los dias 14 o el 15 de diciembre pasado, sufriendo además agresión sexual.

Rumores acerca de un comentario que hiciera el novio de la víctima en el que Laura le habría comentado que se sentia intimidada por un vecino que la mira constantemente, por lo que los vecinos quienes desde el minuto uno referían a este hombre como sospechoso y a su hermano gemelo, no obstante la participación del hermano gemelo en este crimen quedo descartada, por encontrarse en prisión..

Este vecino de nombre Bernardo Montoya, término confesando que fué el autor de su muerte, negando que la había agredido sexualmente y que cuando la dejó en esa zona boscosa aún tenia vida.
Bernardo Montoya quien había salido de prisión el pasado mes de octubre tras cumplir condena por el asesinato de una anciana en 1995 en su localidad natal en Cortegana (Huelva) dos robos con fuerza y una violación. No obstante la investigación continúa abierta para esclarecer los detalles del caso.

Con fecha 26 de diciembre, Los responsables de la Guardia Civil que investigan la muerte de la Profesora Zamorana Laura Luelmo en el Campillo (Huelva) El coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, Ezequiel Romero y el teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús García Fustel, durante la rueda de prensa. dieron algunos pormenores del horrendo crimen: -Luelmo, de 26 años, murió a manos de su asesino confeso, el ex recluso Bernardo Montoya, de 50 años. Así mismo, La Guardia Civil sostiene que este levó a la fuerza a su vivienda y la violó la tarde del 12 de diciembre y que murió ese día, sin embargo las pruebas preliminares de la autopsia datan la muerte entre los dias 14 y 15 del presente mes.

A continuación la cronología del crimen que pone en el tapete fallas del sistema en el control y la reinserción de determinados tipo de delincuentes.

Miércoles 12/12: día de la desaparición.

16.20 hora en la que Laura Luelmo envía su último mensaje por WhatsApp a su novio: “No sé si saldré a caminar, hace viento”. Ese último mensaje marcó una investigación que durante los primeros días trabajó con la hipótesis de que se tratase de una “desaparición accidental”, según se explico en la rueda de prensa. Laura Luelmo no salía a correr, “por prescripción médica”, según contaron, pero no se descartaba que hubiese salido a caminar y que se hubiese extraviado o caído accidentalmente.

17.22. Hora que marca el ticket del supermercado de El Campillo, donde Luelmo compró media docena de huevos, dos botellas de agua y una bolsa de papas fritas.

18.10. Un vecino ve abierto el maletero del coche de Bernardo Montoya en la puerta de su casa. El Alfa Romeo negro se convirtió en una de las pistas a seguir desde que Montoya se convirtió en principal sospechoso. 

17.22 – 18.10 tiempo que se cree se produce el crimen. “Él la espera en el poyete de su casa mientras manipula un brasero; la sorprende a la vuelta del supermercado, la fuerza a entrar en su casa, la maniata, amordaza para que no grite y la tira contra el suelo. En el registro posterior de la casa se encuentra la compra que hizo la profesora, solo que faltaba la bolsa de papas fritas porque se las comió su agresor. Él —siempre según su relato— se acuerda de que se ha dejado el brasero en la puerta y corre a meterlo en la casa, momento que supuestamente la joven aprovecha para levantarse del suelo y darle una patada en un costado y es cuando éste arremete contra ella y le golpea la frente contra el suelo, golpes que resultaron mortales. Es posible que se asustara y la sacara de allí precipitadamente para violarla después en el campo, donde se encontraron sus pantalones y ropa interior cerca del cadáver. En todo caso, “ella no fue consciente de nada”. La autopsia, “aún no finalizada”, corroborará o no está hipótesis.

Jueves 13/12: día de la denuncia.

8.30. Laura no se presenta en el instituto Vázquez Díaz, donde había conseguido su empleo como docente y apenas llevaba una semana de profesora de Dibujo. Una profesora del centro es quien le había alquilado la casa de El Campillo y quien alerta a la Guardia Civil de Huelva pasadas unas horas. Casi al mismo tiempo, a media mañana, el padre de la joven interpone una denuncia por la desaparición de su hija en la comisaría de Policía Nacional de Zamora.

Horas más tarde, La profesora que le había alquilado la casa a Laura Luelmo insiste en que manden una patrulla para ver si ella está dentro. Acuden a la vivienda y entran con la llave de la casera “sin percibir nada extraño dentro”, asegura el coronel, que en ese momento todavía no había sido informado de la desaparición de la joven.

A media mañana. A la salida del registro en casa de Laura Luelmo, los agentes de la Unidad de Policía Judicial se encuentran con un vecino, Bernardo Montoya que sale de su casa justo enfrente de la de Laura y le preguntan por ella y él contesta: “No sabía ni que viviese alguien en esa casa”. Los agentes observan, no obstante, que porta “una serie de objetos”: una canasta y una manta, explicitarán después, aunque no es la manta que usó el asesino para deshacerse de Laura. Lo identifican y mandan sus datos a la central y enseguida el sistema salta y muestra los antecedentes que describen a un hombre con media vida en la cárcel (22) y que había salido —tras cumplir 2 años y 9 meses por robo con violencia— el pasado 22 de octubre de la cárcel de Huelva, pasándo a ser de inmediato “sospechoso con mayúsculas”, según el coronel Romero. Se precinta la casa de Laura Luelmo.

Noche. Una patrulla de la Guardia Civil permanece en el lugar para controlar la vivienda de Laura sin embargo, “el objetivo es detectar cualquier movimiento del vecino de enfrente”. Un vecino ve a Montoya que se acerca ocultándose hacia su casa: “Pegado a la pared, se asoma dos veces hasta la esquina de la calle, y se va rápido al ver que hay una patrulla de la Guardia Civil en la puerta. No vuelve más”. Esa actitud huidiza le pone aún más en el foco de los investigadores, que siguen recabando datos.

Viernes 14 de diciembre: comienza la vigilancia

8.00. El coronel Ezequiel Romero, jefe de la comandancia de Huelva, es informado de los hechos y asegura que “desde el principio se percibe que es un poco raro”, sobre todo porque la familia asegura que “es una chica más bien miedosa, que no tiende a alejarse de lugares donde no haya gente”. Afrontan el caso desde “la búsqueda y desde la investigación”, asegura.

8.30. El padre de Laura y su pareja se encuentran ya en El Campillo. Vuelven a entrar en la casa de Laura y detectan que faltan “unas zapatillas de deporte y unas mallas”, algo que incide sobre la hipótesis de que haya salido a caminar y haya podido tener algún tipo de accidente, recuerdan.

Investigación. Después se sabría que Bernardo Montoya estuvo esa mañana en el Centro de Salud de Cortegana aquejado de un dolor en las costillas, supuestamente de la patada que le había dado Laura para defenderse. Y que acudió a un vis a vis con una interna de la cárcel de Huelva con la que supuestamente mantenía una relación sentimental.

Por la tarde. Comienza a realizarse y a organizarse la búsqueda.

Sábado 15/12; primera batida

Mañana. Tienen la geolocalización del telf. móvil de Laura que ubica su última señal, de las 21.00 horas del miércoles, en los alrededores de El Campillo. Desde primera hora se organizan profesionales y voluntarios para barrer 5 km. a la redonda de El Campillo, en su busca a la que se incorporan un helicóptero, los perros, y los del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas para buscar en las muchas pozas de la zona.

La Investigación sigue su curso. “No tenemos nada más que los antecedentes del sospechoso, no tenemos nada que nos diga que es él. Mantenemos abiertas todas las posibilidades”; insiste el coronel Romero. “Pero además de estar pendientes de si regresa a su casa ya sabemos que tiene familia en Cortegana (Badajoz) y alertamos a las unidades de allí por si le vieran a él o a su Alfa Romero negro”, apunta el coronel Romero.

Tarde. Localizan el coche en las proximidades de la casa de su padre, en Cortegana. Por la tarde, Bernardo Montoya sale con su vehículo en dirección a Sevilla, así lo registran las cámaras de Cortegana. Se dirige a la casa de otros familiares en Palos de la Frontera (Huelva). Ese mismo día piden refuerzos y especialistas en seguimientos que llegan desde Madrid.

Domingo 16/12: segunda batida

8.00. En El Campillo la batida se amplia a 10 km. a la redonda del pueblo. Acuden más voluntarios y se incorporan más unidades policiales, más medios, incluidos forestales, grupos de cazadores conocedores de la zona y drones. Cada grupo es coordinado por un especialista del Instituto Armado para sistematizar la búsqueda por sectores con mapas. “Concretamente, se batió la zona noroeste, donde apareció al día siguiente el cuerpo de Laura. “Se pasó por allí porque se consideraba una zona probable, pero pudo pasar desapercibida a las personas que peinaban esa parte del terreno. Yo estuve allí. Y hasta que no estaba a metro y medio no se veía. Es una zona de jaras, y estaban aplastadas con el peso de su cuerpo. Es relativamente normal que no la vieran”, justificó el coronel Romero.

Lunes 17/12: el hallazgo

La tercera batida, sin escatimar en medios vuelve a insistir en los mismos 10 km. a la redonda de El Campillo. “Queremos estar seguros de que no dejamos nada sin mirar”, dice el Coronel.

12.30. Un voluntario de la Cruz Roja encuentra unas ropas y da el aviso. El cuerpo, semidesnudo, presenta signos de violencia a simple vista: “Se ve claramente que han efectuado claras agresiones sobre ella”, dice el coronel Romero. Avisan a los especialistas de los Equipos de Inspección Ocular (ECIO) que llegan desde Madrid para analizar el cadáver y todas las muestras posibles que puedan ser encontradas en el lugar.

18.30. La juez del juzgado de Instrucción número 1 de Valverde del Camino ordena el levantamiento del cadáver y es trasladado al Instituto Anatómico Forense de Huelva.

Investigación. Montoya permanece oculto. No ha salido a la calle. Y ya han pedido el mandamiento judicial correspondiente para entrar en su casa.

Martes 18/12: la detención

8.30. Desde primeras horas todos los movimientos se han centrado en la casa de Bernardo Montoya. Intentan entrar, pero finalmente tienen que romper un cristal y una puerta para acceder a una destartalada vivienda cerrada a cal y canto.  Los investigadores y la secretaria judicial salen de allí, tras horas de registro, convencidos de que ese es el lugar del crimen.

12.00. Detienen a Bernardo Montoya, que se mueve con su coche (ya previamente balizado por los investigadores). Pasa por Huelva, por el hospital Juan Ramón Jiménez —dice -para ir al baño-, pero que no paró al ver un coche de la Policía Nacional—. Se dirige de nuevo hacia El Campillo, pero se mete por un camino, y se adentra en una zona forestal. Al sentirse perseguido trata de huir a pie campo a través, para ser finalmente arrestado.

Miércoles 19/12: la confesión

6.00. Tras horas de interrogatorio, Bernardo Montoya confiesa que es el asesino, en un relato inverosímil de los hechos a la luz de las pruebas ya recopiladas por los investigadores. Su manifestación, en presencia de su abogado, está llena de falsedades con las que trata de evitar ser acusado de agresión sexual y eludir así una posible condena a prisión permanente revisable.

11.45. Se conocen los resultados preliminares de la autopsia que revelan que Laura Luelmo fue agredida sexualmente y que murió en algún momento entre el 14 y el 15 de diciembre, dos días después de desaparecer. Bernardo Montoya ha mentido en su confesión. Los investigadores creen, no obstante, que Laura Luelmo “murió el mismo día que desapareció” y que esos son solo unos resultados forenses “previos” a la finalización de todos los análisis, que “aún continúan”. En todo caso, insisten en que la víctima “no pudo ser consciente de nada”.

13.00. El asesino confeso, es trasladado hasta su propia casa, la escena del crimen para que aporte datos en relación con los objetos de la chica que faltan y los Equipos de Inspección Ocular entran con toda la artillería para encontrar cualquier huella o resto que arroje luz en el brutal asesinato. Hay “abundantes restos de sangre”, sobre todo en una de las dos habitaciones, en la que golpeó a la chica contra el suelo. Está todo fregado con lejía y los muebles corridos para tapar manchas de sangre como la del suelo. El detenido asume los hechos y señala los lugares en los que arrojó tanto la manta en la que envolvió a la joven, en el margen de la carretera por donde la llevó hasta el paraje conocido como Las Mimbreras, como sus enseres y la batería del móvil, en un contenedor de basura próximo al cementerio. El terminal del teléfono no ha sido encontrado, el asesino confeso asegura que “lo rompió”. En fin con la información de Bernardo Montoya se encuentran las llaves, el monedero y los enseres de higiene de Laura. En otro lugar se encuentra la manta con restos de ella. De momento, el móvil no ha aparecido.

Jueves 20/12: la inspección del auto del asesino confeso

8.30. Los equipos de Inspección Ocular trabajan incesantemente en la recopilación de pruebas e indicios, tanto en la casa del asesino como en su auto. En ambos aparecen restos orgánicos. El detenido permanece en dependencias policiales hasta pasar a disposición judicial. Ante la juez Bernardo Montoya, en su declaración en el Juzgado de Instrucción número 1 de Valverde del Camino (Huelva), rogó que, por favor, lo ingresaran en la cárcel: “Métame en prisión porque, si no, lo voy a volver a hacer. No me dejen salir jamás”. Una confesión que refuerza la petición de prisión permanente revisable de la familia de la joven zamorana.

Bernardo Montoya, con esta declaración, reconoció que no puede controlar sus impulsos. Ya mató una vez. Y, en esta ocasión, se encaprichó con su vecina, Laura Luelmo, y acabó asaltándola, asesinándola y agrediendo sexualmente. 

Sábado 22/12: Pide disculpas a la familia

Bernardo Montoya, asesino confeso, sale de los juzgados de madrugada. Pasadas las cuatro de la mañana e ingresa en la cárcel provincial de Huelva por mandato de la Juez donde permanecerá en una celda de aislamiento. Al abandonar las dependencias judiciales, ante las cámaras allí apostadas, da la cara: «Pido disculpas a la familia (de Laura). Lo siento». 

Sin lugar a dudas este ha sido un caso de los muchos que ocurren en la Madre Patria que ha generado real indignación apreciándose numerosas manifestaciones y protestas de rechazo en las calles de todo el país por los hechos sucedidos, igualmente en las redes sociales en defensa de la mujer y contra la violencia machista con el BASTA YA!!! .

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