Geografía del Flamenco en España

By Teresa Fernández Herrera

Hablar de una geografía del Flamenco en España es sobre todo hablar de Andalucía. Andalucía y después de todo el resto de la geografía española peninsular. Las razones que forman parte  importante de diversos desarrollos históricos y demográficos son muy conocidas.

El sur fue donde más tiempo permanecieron los pueblos musulmanes, y sus músicas y algunos instrumentos del flamenco tienen su origen en esta cultura. También las músicas judías quedaron impresas entre los conversos que permanecieron en España después de su expulsión a finales del siglo XV y que con el andar del tiempo tuvieron otras implicaciones. De la etnia gitana, absolutamente fundamental en el devenir de lo que mucho más tarde se denominaría arte flamenco, vienen músicas originarias incluso de India. Que desde su probable llegada a mediados del siglo XV, eligieran el sur del país más al sur de Europa,  comparte razones de clima, abundancia de ríos, proximidad al Mediterráneo y al Atlántico situado frente a Marruecos. También el carácter de unas gentes locales ya forjadas en culturas míticas, -Atlántida, Tartessos – y posteriores fenicias, griegas, romanas, -todas ellas culturas mediterráneas- como las musulmanas. Los visigodos procedentes de regiones frías, también se enamoraron de estas tierras del sur. En el siglo XV, esta mezcla de culturas ya había dotado a  las gentes de Al- Andalus de una filosofía de vida muy particular, consistente en aceptar tanto las bondades como las adversidades de la vida, como diríamos hoy ‘de buen rollo’. Algo que es consustancial a los pueblos gitanos.

Mis amigos gitanos de ese triángulo mágico situado entre las provincias de Sevilla y Cádiz – Lebrija, Jerez de la Frontera,  Utrera y Morón de la Frontera,  me dicen siempre algo que puede parecer milagroso. En este lugar nunca existió persecución, acoso o discriminación hacia los gitanos. Más de uno ya me ha dicho que quizá las tribus que se asentaron por aquí tenían una mejor disposición para adaptarse a los usos sociales de las poblaciones asentadas secularmente por aquí. El hecho es que enseguida trabajaron en la labranza, en los grandes cortijos andaluces, en lo que se llamó las ‘gañanías’; donde había minas, en la minería.  Las fraguas y las labores de cestería y sillería eran trabajos más autónomos, generalmente familiares.

Un fenómeno trae consigo una consecuencia. Esos gitanos más o menos libres y felices se reunían a cantar para comunicarse, para hacer piña, familia. Ahí está el origen de los conocidísimos ‘patios de vecinos’, el espacio más grande  donde reunirse, rodeados de hábitats muchas veces de una habitación por familia. Aún hoy pueden visitarse alguna de esas peculiares construcciones, algunas convertidas en casa-museo, como es el caso de la casa familiar de Camarón de la Isla en San Fernando (Cádiz). Una habitación era la vivienda, otra la fragua paterna. Los patios de vecinos están estrechamente relacionados con el desarrollo del flamenco, a partir del siglo XIX.

Sevilla y Cádiz. Por razones geográficas, tienen personalidad propia en las manifestaciones del flamenco. Ambas son ciudades históricas. Cádiz, la fenicia Gades, se la supone la ciudad más antigua de España. Desde el siglo XVI su puerto fue uno de los más importantes de las rutas hacia América y de regreso. La primera ciudad abierta al Atlántico. De ahí que los cantes de ida y vuelta se convirtieran en su patrimonio más personal. Cádiz es el lugar de los palos festeros por excelencia,  el más popular las Alegrías,  cantes de ida y vuelta como la Guajira y la Milonga. A ella se unen Los Puertos, con interpretaciones de matices locales en cada lugar, como es habitual en el  flamenco. Abarcan la larga franja costera gaditana desde Algeciras, Conil, Chiclana, San Fernando, Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda.

Sevilla, enclave de cultura tartésica y cartaginesa, la romana Hispalis, capital de la Bética, capital de la corte visigoda, capital de uno de los reinos de taifas más importantes desde la desmembración del Califato, donde adquiere su nombre actual. Cristiana desde 1248, corte itinerante castellana, ciudad más importante de Andalucía. Desde el siglo XVI el puerto fluvial del Guadalquivir se convierte en el único de las rutas americanas. Ciudad de cultura y arte en todas las épocas, crucial en la historia del Flamenco, por todo ese background histórico. Triana es el barrio sevillano flamenco por excelencia.

Al oeste de Cádiz, Huelva, la tierra por antonomasia del fandango, con características propias en dos comarcas de la provincia,  las de Andévalo y la Sierra. De la primera, El  Alosno, posee los matices más apreciados del fandango. El Cerro, Cabezas Rubias, Santa Bárbara, Calaña, Zalamea la Real, Minas de Ríotinto y Valverde del Camino. De la comarca de la Sierra, Almonaster la Real y Encinasola son los puntos fandangueros más notables.

El fandango se extendió por toda Andalucía, con matices propios en cada zona, con temáticas acordes a las actividades de cada lugar. De la mar la pesca, de los  campos la agricultura, la caza, los caballos; de los pueblos sus gentes, sus historias, sus amores y desamores. La minería con sus riquezas en las entrañas de la tierra y el trabajo más duro. Tonás y Martinete son el cante fragüero por excelencia.

Al este de Cádiz, Málaga, Granada, Almería y por extensión minera Cartagena y La Unión en tierras murcianas, con sus cantes propios, la Minera, la Cartagenera, y por desplazamiento de mineros almerienses el Taranto y la Taranta. Granada es la reina de uno de los cantes más profundos y complejos de la palografía flamenca, la Granaína y la Media Granaína; la Alboreá, el cante de boda gitana, aunque con otros orígenes nada flamencos y el Tango, palo del siglo XIX de orígenes discutidos, con sedes atribuidas a Triana, Jerez de la Frontera y Cádiz, extendidos por doquier con todo tipo de variantes..

De Málaga, la Malagueña, los Verdiales, la Jabera, la Rondeña. De Córdoba la Serrana y el Fandango, también de Puente Genil y Lucena, extendido a Linares (Jaén).

La primera manifestación del flamenco, es el cante a palo seco, es decir sin acompañamiento instrumental. La Toná, de donde proceden la Saeta, el  Martinete y quizá la Seguiriya tienen su asentamiento de origen en Sevilla, Jerez de la Frontera y Cádiz. La seguiriya es de Jerez,  Sevilla, Cádiz y Los Puertos.

La Bulería,  es el palo festero más cantado hoy en día,  acompañado de guitarra, palmas y cajón. Se atribuye su origen a Lebrija y Utrera, a finales del XIX, pero la bulería jerezana con su viveza de tonos modales tiene un puesto de honor. En tonos mayores la de Cádiz, en tonos menores,  o cuplé por bulería.  Existe una buena variedad de bulerías: para bailar,  para escuchar o al golpe, bulerías por soleá, palo anterior a la bulería.

La Soleá es un palo que agrupa además de a la bulería, a la Caña,  las Cantiñas y el Polo. Se considera que reúne el perfecto equilibrio del cante jondo  por su estructura musical. Orígenes y significados variados, según sus diversos asentamientos. Es un cante solemne, espiritual, profundo, literalmente jondo. En Sevilla se la considera de cuna trianera y de cante grande. En Cádiz, de Cádiz y los Puertos, de Jerez, de Alcalá de Guadaíra, Utrera y Lebrija, de Córdoba, de Marchena y puntos de Extremadura. Es uno de los palos básicos del Flamenco. Junto a la seguiriya conforma la columna vertebral del cante flamenco.

Extremadura es la extensión natural del flamenco de  Andalucía, por razones históricas de asentamientos gitanos. Se canta de todo, pero su base en origen son los Jaleos –quizá antecedentes de la soleá- y los tangos.

Siguiendo con esta geografía del Flamenco en España y sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX, entre otras por razones migratorias, Madrid y Barcelona son puntos de primera importancia en la expansión del Flamenco. Navarra con su importante asentamiento gitano y la presencia ya histórica de la guitarra del maestro Sabicas  es otro punto a tener en cuenta, sobre todo desde la creación hace pocos años de un Festival que va consolidándose, Flamenco on Fire.

Hoy en día se puede ver y escuchar Flamenco en cualquier punto de España. Basta con que haya alguien interesado en promocionarlo. Desde que en 2010 la UNESCO declaró al Flamenco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, su consolidación como categoría mundial  indiscutible es un hecho. Desde hace años, la expansión del Flamenco a otras geografías planetarias avala su cualidad de arte único, capaz de transmitir todos los sentimientos humanos, traspasando barreras culturales e idiomáticas por dondequiera que va.

“Aquí solo hablamos de geografías, no de canteras de artistas, ni de artistas pioneros en cualquiera de los pilares del Flamenco, cante, toque, compás y baile, ni de artistas gitanos o payos. Esto sería un tema casi inagotable. De artistas, canteras, dinastías, épocas, evoluciones, matices y otros elementos que han ido configurando lo que el Flamenco es hoy en su edad de oro de toda su historia, iremos hablando en diálogo directo con artistas de fama internacional, reseñándolos, entrevistándolos, mostrando sus imágenes”.

Empezaremos la semana que viene con una larga y profunda entrevista a Tomás de Perrate, la voz actual de Utrera, una de las ciudades históricas de ese triángulo mágico, descendiente de varias dinastías de cantaores. Su frase determinante: “Ser gitano en Utrera es una ventaja”.

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