Conversaciones flamencas: Tomás de Perrate, la voz de Utrera.

By Teresa Fernandez Herrera

Empezamos hablando de un concierto de cante y toque, secuencia de una producción mayor, Soleá Sola, pero Tomás de Perrate se las arregló para convertir la conversación en una clase magistral de cantes. Luego hablamos de ciudades andaluzas que fueron cuna de los cantes flamencos primitivos y eso nos llevó a hablar de dinastías gitanas y de la ausencia de racismo en ese particular triángulo andaluz, Lebrija – Jerez de la Frontera – Utrera. Algo que roza lo milagroso. Y luego habló de él, un hombre humilde que nunca ha dejado de serlo. Un hombre que sabe amar y que conoce la importancia del amor. Con profundidad, conocimiento de causa y una honestidad que dejan huella. Ese es “Tomás de Perrate, la voz de Utrera”.

Teresa Fernández. Para ir entrando en materia hablemos de este concierto, que según me has adelantado va a consistir esencialmente en temas de tu comentadísimo trabajo “Soleá Sola” que presentaste en la pasada Bienal de Sevilla 2018 con Alfredo Lagos entonces y hoy como guitarrista.

Tomás de Perrate. El concierto de la Bienal tuvo muchos artistas, pero el núcleo duro fueron Alfredo Lagos a la guitarra, Antonio Moreno a la percusión y Juan Jiménez con el saxo. Tras algún tiempo trabajando los cuatro sobre esto, la idea era plasmarlo en un disco, que aún no está editado ni tenemos prisa por el momento. Solo está la grabación del concierto, con un repertorio nuevo e influencias musicales nuevas de corte clásico contemporáneo.

En el concierto de hoy tenemos los mismos temas, pero con una visión más personalizada de los dos, de Alfredo y mía. Nos hemos divertido, hemos disfrutado con la visión nueva sobre lo que hicimos en septiembre. No lo tenemos muy ensayado, pero tenemos fe en que suene a concierto clásico con guiño a lo contemporáneo.

Teresa. ¿Estarán la chacona y los tangos de Piazzola?

Tomás. Sí. Empezaremos con el Romance de Melisenda, en clave de soleá por bulería. Tenemos unas seguidillas antiguas del Alosno, precursoras del cante por sevillanas, que desarrollé en la Bienal con unos arreglos surrealistas de Raúl Refree. Ahora Alfredo y yo las hemos rescatado con la forma más flamenca de hacer seguiriyas. La hemos titulado Seguidilla antigua del Alosno. Un cante por seguiriyas muy clásico, en la forma antigua, con tempo bastante acelerado.

Para la Bienal decidimos un tipo de interpretación. Todos los cantes están hechos con un tempo. El cante por seguiriyas no es un cante libre, aunque a veces lo parezca. Yo tenía como referencia el ‘tempo’ de los gitanos viejos de Lebrija. Si yo reproducir ese tempo, la guitarra tiene que ir a cierta velocidad. Yo estaría sujeto a ese compás, lo que me impediría tomármelo como un cante libre y eso es lo que lo hace realmente mágico. Las bulerías anteriores a las seguidillas mitológicas del Alosno van a compás de 3×4, pero su carácter melódico hace que parezcan una bulería difusa o una bulería de Cádiz.

Ahora también me gustaría hacer un cante por la bulería tradicional de mi tierra de Utrera, de mi padre, de mi tía La Perrata. Voy a hacer también un cante por soleá de Alcalá al estilo más clásico y quizá un pequeño guiño a la ida y vuelta con tangos de Astor Piazzola y Goyeneche y poco más… ¿Tonás, dices? Las tonás están incluidas en los temas, por ejemplo, el romance empieza con una toná y la seguiriya empieza por toná con un pregón previo.

Teresa. Estoy disfrutando de esta conversación Tomás, porque tienes el arte de convertir en clase magistral cuanto dices. Cambiando de tema, me gustaría tener tu opinión sobre los ‘puristas’. Gentes incapaces de aceptar ni un milímetro de la evolución natural que se viene dando en el Flamenco. No periodistas no, gente muy conservadora que no admite lo que no sea flamenco de raíz.

Tomás. Yo creo que es una forma de aislarse, una forma de fundamentalismo frente a algo que no se conoce, frente a algo que no se cultiva, que no se fomenta dentro del interior de cada uno. Yo procuro mirar siempre el arte con un poquito de asombro. Me gusta dejarme asombrar por cualquier obra de arte de cualquier disciplina y yo creo que esa capacidad de asombro es la que nos hace tener más criterio a la hora de valorar, nos hace más libres. Evidentemente, este fundamentalismo forma parte de un arraigo social, de un arraigo de intereses de grupos sociales, de no querer ver más allá de eso. Yo los veo un poco pobres, como gente que no vive al día. Simplemente si buscaran enYouTube, los primeros veinte nombres que se los vinieran a la cabeza, se darían cuenta de que cada artista está intentando evolucionar a su forma, a su ritmo y a su tiempo. Me parece una tontería ese anclaje en el pasado.

Teresa. La evolución es una ley de la naturaleza, lo que no evoluciona muere. Pero ahora coméntame aquel momentazo que hicisteis vivir en la Bienal, cuando tú evocaste a tu padre y tu guitarrista invitado, Paco de Amparo a Diego del Gástor.

Tomás. Fue una evocación genial por Bulerias de Utrera y Morón con Paco de Amparo. Paco es descendiente directo de Diego del Gástor y los dos tenemos mucho cariño a esa disciplina, a esa forma de entender el cante y el toque, de ser y estar en el cante y el toque, y así lo hicimos. Fue el único momento en que estuvieron con nosotros dos palmeros familia nuestra. Fue un momento muy especial.

Teresa. Hablemos de esas ciudades de las márgenes del Guadalquivir, Alcalá de Guadaíra, Morón y Jerez de la Frontera, Lebrija, Utrera. De porqué han sido la cuna de los cantes primitivos, siempre por gitanos. ¿Cuál fue el nexo de unión para que eso sucediera?

Tomás. Las márgenes del Guadalquivir se pueden entender como la vía del tren. Jerez ha sido el centro de los cantes primitivos, aunque no es como se cree la cuna de la bulería. Es la cuna de la seguiriya y del flamenco, en tanto en cuanto está comprobado estadísticamente, la cantidad de artistas que ha habido ahí desde todos los tiempos. Yo puedo hablar, porque originariamente yo vengo también de ahí, y pertenezco ahí y a Utrera. Realmente todo esto tiene muchísimo que ver con la parentela familiar de los gitanos que se instalaron desde Triana hasta Algeciras. ¡Si es que todos somos familia! Yo tengo familia cantaora por los Fernández (los Terremoto) y los Soto (los Sordera) de Jerez, mis apellidos son Fernández Soto y de ahí vamos muy lejos, a Litri, a Manuel Torre, a Paco la Luz… La versión gitana del cante nace ahí por vínculos familiares.

Teresa. Que unos asentamientos gitanos hayan sido la cantera troncal del flamenco ya es curioso. Que esa zona del suroeste de España sea quizá la única en el mundo en la que la etnia gitana no haya sido víctima de racismo alguno, no haya sufrido persecución, ni siquiera discriminación, roza el milagro.

Tomás. Nosotros no entendemos de racismo. Tú me hablas de racismo y no te entiendo. Pero eso sí . voy a Huesca o a Zaragoza y me hablan los gitanos de allí y me quedo asustado, porque no entiendo lo que me cuentan. Fíjate, que en Utrera ser gitano es una ventaja. Yo allí llego al ayuntamiento, no ahora de artista, sino de toda la vida y ya me dicen ‘ahora mismo estoy contigo’. No hay racismo. Es una ventaja ser gitano en Utrera…

Teresa. Así que estamos hablando de que una discriminación secular de la etnia gitana y otras etnias minoritarias, resulta que no ha existido en un único enclave de la geografía española.

Tomás. Así es. Yo a veces he pensado que quizás los gitanos de mi zona pertenecemos a una tribu que tuvo más capacidad de adaptación a la sociedad a la que llegaron que otras tribus o comunidades gitanas en otros lugares. O que se encontraron con gentes muy distintas de las que encontramos por aquí.

Tú sabes cuál es la palabra mágica entre los gitanos, la que nos uniforma a todos? El Aje, ¿sabes lo que es el aje? Es la capacidad para reírnos de nosotros mismos en cualquier circunstancia adversa de la vida.

Teresa. De todas formas, cuesta trabajo creer, conociendo la idiosincrasia del señorito andaluz, que tratasen a sus gañanes, gitanos o no, de igual a igual, o simplemente con respeto.

Tomás. De igual a igual no. Con respeto al arte y al trabajo bien hecho. sí.

Teresa. Os llamaban con frecuencia para animar sus fiestas en los cortijos y parece que eso entraba en el jornal de gañanía. A veces pagaban algo, otras no.

Tomás. Eso no se hacía por cobrar. El trabajo en la gañanía era un trabajo de jornalero. Vagamente recuerdo a mi padre y a Diego del Gástor salir para esas fiestas y recuerdo rebuscarle por la mañana en los bolsillos de la chaqueta por si había alguna golosina para nosotros. Y sí pagaban, pero poco. Cuando empezaron los festivales y se empezó a ganar dinero a mi padre le dio un ictus y se tuvo que apartar con poco menos de treinta años del panorama flamenco.

Teresa. Un tema importante es el de los distintos ritmos de los cantes. Hay un compás de Utrera. Las bulerías son más solemnes, más en reposo, con suave aceleración. Cuando entrevisté a tu primo Dorantes me dijo algo parecido de la bulería de Lebrija, en comparación con la de Jerez. La de Lebrija es más lenta, más reposada, la de Jerez más viva. Tú dices que las bulerías de Utrera son más solemnes, se acercarían a la soleá y a la seguiriya. Que tienen un ritmo suavemente acelerado sin llegar al compás vivo, de tonos modales de la bulería jerezana.

Tomás. En Lebrija y Utrera es la misma, solo cambian los intérpretes. Entre Utrera y Lebrija hay mucha consanguinidad. Los Peña, Fernanda y Bernarda, Pinini y el Funi son la misma familia. En mi familia, la madre de El Lebrijano es mi tía María la Perrata y no se sabe si es más lebrijana que utrerana. Entonces, aunque mi tía sea una intérprete distinta a mi padre, se nota que hacen el mismo estilo, aunque sus cantes sean distintos. Cada intérprete es un mundo.

Por ejemplo, el compás de Utrera te lleva a esos ritmos repetidos que hacen los budistas…una rueda que se va moviendo poco a poco…Si, un mantra, eso es el tempo de Utrera. Resumo que es una forma de ser y estar dentro del cante. No es solo un entendimiento objetivo, hay mucho de subjetivo ahí y también de la persona que está escuchando. El que escucha es muy importante, porque las energías son recíprocas y es un enviar y un recibir y ahí es donde se produce el mantra. Pero para eso tienes que estar en complicidad con el público, aunque no hable. No sé si es fácil de entender…Los sitios también influyen mucho.

Teresa. Ahora que está tan de moda la integración total de la mujer en la sociedad, me gustaría que opinaras sobre la discriminación de la mujer gitana artista, hasta no hace tanto tiempo.

Tomás. Ya. Los maridos y los padres, pero eso no solo ha pasado entre los gitanos. Es un tema de época que corresponde a otro tipo de mentalidad más antigua. Ahora estamos viendo justo lo contrario, estoy viendo que sale una niña cantando y ya sale su padre detrás animándola y eso es porque ha cambiado mucho la mentalidad. La más nueva que conozco que le pasó algo así fue a Inés Bacán. Hasta que murió el marido, que por desgracia murió joven, no pudo empezar a tomarse el cante de manera profesional. Antes estaba amparada por su hermano Pedro y actuaba de forma más suave, pero yo sé que tuvo problemas. Otra cosa que pasaba antes es que las artistas tenían mala fama, se pensaba que una mujer artista era directamente una prostituta.

Teresa. Vamos a hablar de ti. De tus dinastías Fernández y Soto de Jerez, Peña de Lebrija, Perrate de Utrera y Lebrija. Eso en términos flamencos, es como ser de la mejor aristocracia. Marca, pesa y exige.

Tomás. Yo no lo entiendo así. Sé que tengo un pedigrí, pero realmente no me alimento de ese tipo de vanidades. Yo soy lo que soy por mi propia naturaleza y lo que estoy defendiendo son mis inquietudes. Pesa la educación de mi padre, la educación musical y la educación como un gitano en el mundo, pero yo a mi abuelo Manuel Torre no lo he conocido, a Tomás Torre sí y al Lebrijano y al Turronero, gente que goza de mi respeto y de los que he aprendido, pero en verdad yo he querido ser libre de todo eso. Eso tiene que pesar como un cepo y yo quiero ser más libre, no puedo evitar ser contemporáneo, de mi propio tiempo.

Sí hay cierta secuencia genética que puede tener sentido en la afinación y en el tempo. Eso es una cosa intrínseca mía. Eso es cierto y es una ventaja que me ha dado Dios desde que nací. Quizá si no hubiera sido de esta familia, a lo mejor habría sido batería de jazz, como me gustaba en mi adolescencia y primera juventud. Todavía no renuncio a nada, puede que haya algo de eso en mi salto vertiginoso.

Teresa. Empezaste a cantar flamenco después de morir tu padre, a los treinta y cinco años… ¿Porqué tan tarde?

Tomás. Es que no me interesaba. Yo tenía unos diez años cuando mi padre se quedó inválido y tenía que compaginar el colegio con las atenciones que necesitaba. Al poco pedí una guitarra y me la compraron, porque lo que me gustaba entonces era tocar la guitarra flamenca. Mi padre participaba en nuestras músicas pero no cantaba. Yo no tengo estudios superiores. Por ejemplo, cuando me enamoré de mi mujer de muy jovencillo, ví que lo que más me apetecía era hacer peluquería de señoras, porque ella ya lo era, así que nos ocupamos de montar nuestro negocio, de la casa. No teníamos nada, éramos completamente pobres, y ahí los dos luchando, luchando hasta que conseguimos tener nuestra casita. Tuvimos años de mucho éxito en la peluquería…A mí lo que realmente me empujó a cantar fue la muerte de mi hermano Diego, guitarrista profesional. Teníamos una complicidad grande, los dos sabíamos que sabíamos. Así que cuando murió él, por la nostalgia de la idea que los dos teníamos sobre el cante, sobre la música, algo cosa de hermanos… Quizá eso fue madurando…Yo nunca dejé el interés por la música, en casa tenía un equipo impresionante. Mi vida siempre ha tenido una banda sonora en paralelo. Hasta que un día me escuchó mi hermano Gaspar, grabé un tema, escribió sobre mí Miguel Acal, el periodista más importante del flamenco. Él me grababa, él me animó y así empecé. Pero ha sido bastante difícil, porque yo no he empezado por los mecanismos tradicionales, de empezar a cantar en fiestas desde niño, o en un tablao, o ir con bailaores y bailaoras, sino que de golpe empecé en el Festival de Nîmes en el 2000. Siempre he cantado p’alante y poco a poco, sin grandes ambiciones, siempre procuro que mi carrera sea una aventura a través de mi cuerpo y de mi forma de sentir.

Teresa. El camino que has recorrido desde Perraterías, con tu compadre Antonio Moya, hasta Soleá Sola.

Tomás. He ganado bastante bagage. Empecé a cantar cuando mi niña mayor tenía tres años, en el 2000; luego tuve otra niña y desde entonces mi vida ha ido en paralelo a mis niñas y mi mujer. Ellas me acompañan, siempre están conmigo, siempre me critican, he visto cómo ellas han evolucionado y cómo a través del arte he podido comunicarme con ellas y ellas han podido comprender mi naturaleza y eso es agradable. Yo soy hombre de pocas palabras, pero me gusta querer a las personas y a la que tengo a una persona un minuto conmigo ya le tengo mucho cariño. Y eso para mí es especialmente importante. Eso ha sido mi vida, un recorrido por el cariño y por la totalidad de las posibilidades de lo que he pretendido. Para mí, lo inmediato ahora, es seguir acompañando a mi mujer muchísimo tiempo en su convalecencia.

Tengo un proyecto nuevo en estudio, llevo seis meses en ello y eso sí que es un laboratorio de ideas. Me meto en mi laboratorio y empiezo a cantar, a grabarme, a tomar referencias, a leer, a meditar, a curarme por dentro y a partir de ahí, dejar que surja lo que surja. Me gustaría retomar la guitarra, me gustaría hacer muchas cosas. He aprendido con el paso del tiempo que cada día trae sus cosas. No hay que adelantarse en el tiempo, no sirve de nada.

Hasta aquí Tomás Fernández Soto, Perrate, de la saga de los Perrate de Utrera, de los Terremoto y de los Sordera de Jerez, de los Peña de Lebrija, todos ellos gitanos y artistas, descendientes de una herencia cantaora inigualable.

La semana que viene publicaremos una recientísima entrevista a Rosario Lazo Montoya, La Reina Gitana. La única mujer gitana pianista en España. Realizó sus estudios en el Real Conservatorio Manuel de Falla de Cádiz, donde obtuvo el primer premio de composición, y el título de profesora e instrumentista. Su frase lapidaria: “Nunca he sentido racismo, pero sí machismo”.

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