Federico García Lorca y el Flamenco

By Teresa Fernandez

2019  es el “Año Lorca.” Entre otras cosas porque se cumplen cien años de su llegada a Madrid, 1919 -2019. Cuando llegó desde su Granada natal, con el apoyo de Fernando de los Ríos, un personaje siempre presente en su biografía, era un poeta apenas novel tras la publicación un año antes de Impresiones y paisajes. Durante ocho años vivió en la Residencia de Estudiantes, auténtico foco cultural, hervidero de intelectuales e iniciativas, que irradió hasta territorios muy lejanos de España y que atrajo hasta la Residencia a un buen número de personajes de la vanguardia literaria, dramatúrgica, pictórica y musical.

Sin duda Lorca nunca hubiera sido el Lorca que conocemos sin su prolongado paso por la madrileña Residencia de Estudiantes, donde coincidió en distintos momentos durante sus años de estancia, hasta 1927, con Salvador Dalí, Luis Buñuel, Pepín Bello, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Juan Gutiérrez Gil, Rafael Barradas, Emilio Prados… Ninguno de ellos hubieran sido lo mismo sin aquel intercambio, quizá irrepetible, de iniciativas culturales, de amistad, amores y separaciones.

Por otra parte, el ambiente cultural madrileño de los años veinte, del que participó García Lorca, era igualmente extraordinario. Por Madrid se movían personajes tan heterogéneos como La Argentinita, Ignacio Sánchez Mejías, Eduardo Dato, (asesinado en 1921) Picasso, Gerardo Diego, Margarita Xirgu, Madrazo, Unamuno, Azorín, León Felipe, Salvador de Madariaga, Luis Araquistáin, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Francisco de Cossío, Ortega y Gasset, Andrés Segovia, Pío Baroja, Maruja Mallo, Giner de los Ríos, María de Maeztu…Influencias y compañías que nunca hubiera podido disfrutar en Granada. Aunque Granada siempre siguió siendo fundamental en su manera de sentir y en su pasión por el flamenco. Sin Granada, sin lo andaluz, quizá esa pasión no hubiera existido.

Aunque Federico se interesó por todas las músicas y en Madrid fue asiduo espectador de conciertos y óperas, en sus raíces rurales estaban inscritos los cantes populares antiguos andaluces que se escuchaban y cantaban en reuniones familiares, algo que nunca se ha perdido en Andalucía. El sonadísimo Concurso de Cante Jondo celebrado en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra de Granada  los días 13 y 14 de junio de 1922, auspiciado por él y por Manuel de Falla, estuvo subvencionado por el Ayuntamiento de Granada a petición firmada entre otros por los músicos Joaquín Turina, Oscar Esplá, Enrique Fernández Arbós y Adolfo Salazar; políticos como Fernández de los Ríos y Giner de los Ríos, escritores y artistas como el propio Lorca, Juan Ramón Jiménez, Manuel Ángeles Ortiz, Ramón Pérez de Ayala y toreros como Ignacio Sánchez Mejías. Contó con el asesoramiento de maestros del cante jondo como Don Antonio Chacón y Manuel Torre. Más allá del concurso, que ganaron Diego Bermúdez El Tenazas y el niño de diez años Manuel Ortega, que más tarde sería Manolo Caracol, fue un antes y un después, el punto de inflexión de reconocimiento del Flamenco como un arte único, de gran categoría musical, que por entonces, a pesar de la presencia de grandes cantaores, no tenía. Lorca apoyó el significado que quería darse al concurso mediante su conferencia  Importancia histórica y artística del primitivo cante andaluz, llamado cante jondo. Años más tarde, en 1933, volvió  a referirse al tema en otra conferencia,  Juego y teoría del duende.

Con el paso del tiempo Federico García Lorca se ha convertido en un icono flamenco imprescindible y las coplas, músicas y letras populares, inscritas en el recuerdo de sus días infantiles y de su adolescencia, sus poemas del Romancero Gitano, Poemas del alma, Poema del Cante Jondo, Poeta en Nueva York, y numerosas obras teatrales suyas, no hay artista flamenco de cante, baile, guitarra y otros instrumentos que se han ido incorporando al espectáculo flamenco en los últimos años, que no los hayan interpretado y/o musicado. Se puede decir que Federico García Lorca sigue permanentemente vivo gracias al mundo flamenco. José Monge Camarón de la Isla y después Enrique Morente, el más grande adaptador de textos de Lorca al Flamenco, fueron el Deus ex machina de la explosión flamenco – lorquiana posterior.

El flamenco hubiera sido algo muy distinto sin la contribución a este arte, desde muy joven, del poeta granadino. El flamenco le debe muchísimo a García Lorca y García Lorca debe al flamenco seguir vivo, nada menos.

Incluso en la ópera de Mauricio Sotelo basada en la obra teatral surrealista lorquiana El Público, obra que es un desafío contra la hipocresía y un testimonio a favor de la libertad amorosa, participaron artistas flamencos de la categoría de Juan Manuel Cañizares como guitarra solista, Agustín Diassera en la percusión, los cantaores Arcángel y Jesús Méndez y el bailaor, bailarín y coreógrafo Rubén Olmo.

Pero sin duda la primera contribución revolucionaria al mundo del flamenco la encontramos en La leyenda del Tiempo que marcó un punto de inflexión en la carrera del mítico Camarón de la Isla.  El 19 de junio de 1979, la discográfica Polygram editó un álbum con diez canciones con el título de La Leyenda del Tiempo.  La Leyenda era la primera canción, a compás de Bambera, con música y producción de Ricardo Pachón, quién también seleccionó esta letra que inicia el tercer acto de la obra teatral surrealista de Lorca, Así que pasen cinco años:

“El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero. Nadie puede abrir semillas, en el corazón del sueño”.

En el álbum se musicaron otros poemas de García Lorca, como Romance del Amargo, Homenaje a Federico, Mi niña se fue a la mar, La Tarara y la Nana del caballo grande.

Fue un disco revolucionario, incomprendido durante un tiempo, para después convertirse en un clásico en el mundo flamenco. El guitarrista Tomatito se estrenó con Camarón y por primera vez en la historia del cante se introdujo el bajo eléctrico como instrumento de acompañamiento. En otras canciones del álbum participaron el guitarrista gitano Raimundo Amador y el músico catalán Kiko Veneno.

Incomprendido por un tiempo,  porque después se ha convertido en uno de los discos más exitosos y difundidos de la historia del flamenco. Camarón, con gran sabiduría ya dijo por entonces, “De momento no lo entienden, pero ya lo entenderán”.

Visión profética la de Camarón, porque desde hace ya bastantes años, La leyenda del Tiempo está presente en al menos siete de cada diez conciertos de flamenco, nuevo flamenco, flamenco fusión, con rock o jazz… Cantaores y cantaoras, guitarristas, flauta, saxo, piano, contrabajo, cello, ballet, como en Flamencolorquiano, por el Ballet Flamenco de Andalucía y mil etcs. Posteriormente Camarón en su álbum Calle Real introdujo el Romance de la Luna Luna y en 1989, en Soy Gitano se incluyeron tres temas lorquianos, Casida de las palomas oscuras, Romance de Thamar y Amnón y una nueva versión de la Nana del caballo grande.

La labor de difusión de Enrique Morente de textos de García Lorca  en cantes flamencos es explosiva: El lenguaje de las flores, extractos de Doña Rosita la soltera (1972); En la Casa-Museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros. (1990) Hasta desembocar en su obra cumbre, Omega (1996) dedicada a Poeta en Nueva York. En 1998 en Negra, si tú supieras, incluye una letra de Lorca por bulerías. Poemas que proceden de Doña Rosita la Soltera, Así que pasen cinco años, Poeta en Nueva York, Poema del cante Jondo y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, su última obra, que quedó interrumpida por su muerte en 2010.

Merece la pena recordar aquí algo que escribimos en agosto pasado, en el 82 aniversario de su muerte: “Nunca pudo imaginar Federico García Lorca  cuando publicó Así que pasen cinco años,el 19 de agosto de 1931, que la fecha, título y contenido de ésta, iban a resultar tan dramáticamente proféticos. Porque exactamente, al cumplirse los cinco años de la publicación, Federico era asesinado a balazos, el 18 de agosto de 1936. Él terminaba muerto, como el personaje protagonista de la obra, el joven, quizá pensado como alter ego suyo.”

Nunca sabremos si Federico García Lorca tuvo de alguna manera la intuición de su muerte mientras escribía esta obra. Pero hay demasiadas convergencias para que todo sea casual. En cualquier caso resulta inquietante.

Pese a ser considerada irrepresentable, en la primavera de 1936 comenzaron ensayos para ser estrenada en octubre. Pero las Parcas en forma de guerra lo impidieron. Pasaron veintitrés largos años hasta que el Teatro Récamier de París la acogió, con puesta en escena de Marcelle Auclair. Diez años más tarde, en 1969, se representó por primera vez en español, en el Teatro Zócalo de México D.F. Hasta 1975 no se representó en España, una puesta en escena amateur, por alumnos del Liceo Francés de Madrid. Hubo que esperar a septiembre de 1978 para su estreno comercial en el Teatro Eslava, dirigida por Miguel Narros, e interpretada por Guillermo Marín, Esperanza Roy, Helio Pedregal, María Luisa San José y Carlos Hipólito.

El Flamenco sin duda, sería grande hoy en cualquier caso. Pero mucho más grande gracias a la contribución de aquel personaje especial, carismático, que fue Federico García Lorca. Viene bien dedicarle a él aquí, aquel verso que él dedicó a su amigo Ignacio Sánchez Mejías:

“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura”

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