María Juncal: Bailar es vivir

Teresa Fernández Herrera

Conocí a María Juncal, maravillosa bailaora y coreógrafa, poco después de empezar a escribir sobre flamenco, en el Festival Flamenco on Fire de Pamplona en 2015, con su estreno en España de El encierro de Anna Frank. Me impactó para siempre, esa historia que empieza cuando Anna llega al zulo de una fábrica de Amsterdam  y termina cuando sale hacia la muerte. María es medio gitana, ya hablaremos de su familia más adelante. Se entiende que se dejara la piel con la historia de Anna, que representa a todas las víctimas de la maldad humana.

Me ha hecho feliz reunirme con ella con el placentero motivo de haber ganado un premio, tema con el que empieza nuestra conversación.

La Habana, Cuba.

Teresa. Acaban de darte el Premio Excelencias Cuba, algo excepcional para alguien no nacido en la isla antillana, por tu labor sociocultural, comunitaria y artística para el desarrollo del flamenco. Y cuéntame también qué es el proyecto A compás flamenco, un trabajo con niños del barrio Los Sitios.


Karelia Cadavid,

María. Los Sitios es un barrio marginal de la Habana Vieja. A compás flamenco es la iniciativa de una mujer que se llama Karelia Cadavid, impedida física, lo que no la impide hacer una vida activa y comprometida. Ella quiere que los niños encuentren sentido a la vida a través del flamenco. Ella como yo, cree que a través de la disciplina y el rigor de la danza flamenca y el compromiso que exige el proyecto, podemos ayudar a un grupo de niños y niñas con vidas complicadas a adquirir una serie de valores que los van a servir, se dediquen o no a esto, para cualquier ámbito de su vida.

Se enamoran del flamenco. Ahora tienen un nivel de danza increíble, es fascinante verlos bailar. Karelia ha conseguido recabar fondos para que niños y maestras se formen más. Los mayores con más nivel van enseñando a los pequeños.

Mi labor es metodológica, cuando estoy allí doy clase a todos los grupos, preparo a las maestras, llevo coreografías, música, vestuario, pero no estoy allí todo el año. Así que la labor de las niñas que yo he enseñado es increíble. Y lo más interesante de todo es ver que ha tenido efecto en sus vidas y en las de sus familias, porque el proyecto necesita de la ayuda de todos. Sus vidas ahora tienen un objetivo claro, ellas salen de su colegio, hacen sus deberes y van a bailar a A compás flamenco. Tienen actuaciones, se hacen cargo de su vestuario, de su maquillaje, saben que están frente a un público y que tienen una dignidad artística, algo que a estas edades es muy natural, no está contaminado por nada. Es maravilloso verlo.

Asombra la seriedad con la que ellas se toman el proyecto. Ahora ya tienen su clase de baile dos veces por semana y una clase de entrenamiento físico. Funciona como si fueran a ser profesionales el día de mañana. Y las compañías profesionales de La Habana se los llevan para bailar cuando ven el nivel tan alto que tienen.

Cuando voy, convivo con ellos, con sus familias, vivo la historia desde dentro, comparto todo y me cuidan un montón. El primer año, en la casa donde estaba no había lavadora ni nevera y se turnaban las madres para lavar mi ropa de ensayo. Me hicieron una nevera de corcho que llenaron de hielo. Cosas que yo no pedía, pero ellos no querían que yo tuviera tantas carencias como hay allí. Y el regalo de una niña puede ser un tetrabrik pequeñito de zumo de melocotón.  Vivo el proyecto con admiración, porque son personas dignas, felices, personas que se enfrentan a sus vidas con normalidad. Desde aquí se ve tremendo, pero allí es su realidad.

Yo ya tenía vínculos anteriores con La Habana. En 2006 el Ballet Español de Cuba me invitó al Festival de Ballet y me dieron un premio muy bonito. Alicia Alonso con la que ya tenía un fuerte vínculo me dio ese premio en la gala de clausura del Festival de Ballet en el Gran Teatro de La Habana. A partir de ahí, propuse a mi colega Alfonso Losa preparar un proyecto que se llama Encuentro Intercontinental de Flamenco para hacer de La Habana un punto de encuentro con el flamenco. Este año será el tercer encuentro. En Cuba hay más compañías de danza española que aquí, pero nosotros estamos muy empeñados en mostrar la especialidad de flamenco, porque son estilos muy distintos.

El vínculo anterior con Alicia Alonso es que  mi tía abuela fundó con ella el Ballet Español de Cuba.

La familia Borrull.

Teresa. Esa era Trini Borrull. Alicia Alonso y Trini Borrull tuvieron un proyecto juntas…

María. Sí. Lo fundaron las dos. La vida es fascinante, yo he dado clase en el Ballet Español de Cuba cuarenta años después que mi tía abuela. Ahora se inaugura el Museo de la Danza en el Gran Teatro de La Habana y una parte del vestuario son trajes de las grandes de la danza. Fíjate que me contactaron porque hay un vestuario de Trini Borrull y quieren que haya un vestuario de María Juncal al lado. Me fui al Museo, me lo enseñaron todo y le he cedido mi primera bata de cola. Como ves, hay muchas cosas que me unen con esa isla maravillosa.

Teresa. Vamos a empezar por el guitarrista gitano Miguel Borrull  nacido en 1866 en un lugar tan poco flamenco como Castellón de la Plana.


Miguel Borrull

María. Me contaba mi abuela Isabel que a él no le gustaba tocar en público, que él sacaba la guitarra cuando tenía el corazón preparado. Pero él acompañó a los grandes cantaores de la época, a Antonio Chacón, Manuel Torre, tocó  para todos. Tocó mucho con Ramón Montoya, escribieron cosas juntos, de hecho yo tengo la partitura de una rondeña de Ramón Montoya y Miguel Borrull.  Luego Miguel Borrull hijo, tuvo la visión de grabar a los grandes cantaores en el Café de Villa Rosa, catedral del arte flamenco en Barcelona durante muchísimos años. Grabar cuando nadie lo hacía.

Las mujeres de la familia. Una de las primas tocaba muy bien la guitarra, pero no podía tocar en público, como mujer gitana en esa época…pero las mujeres bailaoras fueron transgresoras. Julia Borrull posó con un pecho semidesnudo para Julio Romero de Torres, la del cuadro de las alegrías. Eran personas que vivían dentro del espíritu bohemio, fue una familia que no supo nunca la repercusión de sus actos, gente que hizo mucha labor por el flamenco. Hay historiadores que opinan que si la familia Borrull se hubiera trasladado a Madrid hubiera hecho historia del flamenco.

A Miguel Borrull se le atribuye el gran mérito de la transición de la guitarra clásica a la guitarra flamenca. Fíjate que la guitarra que tocaba Miguel Borrull se la había regalado Ramón Montoya, pues esa la tengo yo. Influye porque en aquel momento  el baile tenía relevancia, cómo no, pero no como ahora. En aquel momento el cante y el toque eran lo importante, se tocaba para el cante y el cante para la guitarra. Otro gran mérito de Miguel Borrull fue su toque muy puro, muy gitano. Fue autor del toque que él llamó el destemplao que consistía en desafinar las cuerdas para la rondeña.

Era una familia que se codeó con los intelectuales de la época y con artistas que luego han pasado a la historia, entre ellos Picasso.

Teresa. Gitanos catalanes, gitanos andaluces. ¿Cómo se integraban socialmente aquí? No hablo de gitanos privilegiados como tu familia.

María. Es cierto que la manera cómo se integran un gitano y un payo en Jerez no tiene nada que ver con lo que sucedía aquí.  Mi familia si ha sufrido ciertas discriminaciones. Por ejemplo mi abuela quiso meter a mi madre en un colegio de monjas, ella no sabía leer, aprendió de mayor y quería que sus hijas aprendieran. Y en algún colegio no las admitieron por ser gitanas, en otros sí. Y eso que mi abuela durante mucho tiempo bailó en teatros de Berlín y en la Scala de Milán. Ella estaba en la parte española de una revista de varietés y viajaba por el mundo, acompañada por supuesto por su madre.

Mi abuela era rubia La gitana blanca y sus tres hijas eran rubias. Mis otras dos tías eran muy morenas. Isabel es la madre de mi abuela, bailaba mucho por farruca y fundó lo que se llamó Las Egipcias. Julia era bailaora y Cecilia tocaba la guitarra. Todas eran artistas. Luego fundaron el Trío Cansinos con el hermano de Rita Hayworth, fueron por ahí de gira… pero sí sufrieron algunas cosas aunque ellas vivían privilegiadamente. Se integraron muy bien pero sufrieron sus cosas.

Trini Borrull, la cofundadora con Alicia Alonso del Ballet Español de Cuba, tuvo cátedra de flamencología en Jerez, escribió un libro y llegó a ser mi maestra. Se casó con un payo y poco después dejó de bailar, pero desconozco si lo hizo por imposición del marido o porque ella tomó esa decisión. De hecho siempre estuvo activa profesionalmente, escribiendo, dando conferencias, clases.

María Juncal

Yo soy María Juncal de la familia Borrull y soy medio gitana  porque mi familia paterna es paya, pero gitana en mis sentimientos. En mi corazón siempre he tenido clarísimo lo que soy y nunca he tenido la necesidad de reivindicarlo. Y eso es lo que ocurre en el sur.

En Barcelona, en una temporada que hicimos en el Tívoli,  llevé a mi abuela, ella estaba loca por enseñarme su Barcelona natal. Me enseñó todo, su barrio, su casa, su colegio, el Café Villa Rosa, me enseñó todo. Una noche después del teatro nos fuimos al tablao de Carmen Amaya y nada más llegar me dice, mira, una foto de tu bisabuela, o sea su madre, ay mira, el tío Miguel, ay mira la prima Julia, todos, toda la familia. Nos sentimos felices.

Teresa. Háblame  desde tu fondo, de la forja de una bailaora nacida en Canarias, un camino de trabajo duro, de pasión, encuentros o desencuentros…

María.  He tenido la bendición de tener voluntad. Yo ya bailaba en los hoteles en Canarias, porque en la academia donde estudiaba allí estaba una bailaora que me propuso  trabajar con ella. Eso despertó en mí la necesidad de dedicar mi vida a bailar. Allí me enseñaban dos horas y yo me quedaba siete practicando en un sótano.

Me fui a Madrid con 16 años y me matriculé en la Academia Amor de Dios. Mi madre me acompañó la primera semana. El primer día me asignaron a una clase y al ver lo que se hacía allí me horroricé. ¿Qué es esto? Mamá vámonos de aquí. No lo podía creer, aquel movimiento de pies, yo nunca había hecho flamenco, solo danza española, pero mi madre dijo, tú te quedas. A esa clase no puedes ir, no es tu nivel. Tú tienes que empezar de cero. Y dentro de seis meses me cuentas.

Desde el segundo día tuve muy claro que tenía que encerrarme yo sola en un estudio todos los días. Los maestros al poco tiempo empezaron a ser muy generosos conmigo, me ayudaron muchísimo. Amor de Dios siempre me cuidó, me abrazó cariñosamente, porque yo con 16 años era un niña. No sé cómo lo hice.

Luego estaban las cosas fascinantes, como la primera gira que hice a Estados Unidos con la compañía de El Güito. ¡Verme en Nueva York, no lo podía creer! Éramos una generación de devoradores. Queríamos aprender, era un camino duro, en esta profesión no vas a hallar un trabajo seguro, mientras eres una aprendiza que no molesta todo está bien, pero en el momento en que tú empiezas a hacerte un hueco, empiezan una serie de problemas muy fuertes. Eres mujer, con toda la circunstancia que está alrededor del flamenco, no sé, con los hombres es muy duro. Esa parte es difícil, sí, pero está llena de momentos hermosos. Yo recuerdo mis principios y la ilusión por cualquier cosa, por mis primeros zapatos profesionales… para mí ha estado lleno de recompensas, porque creo que yo he entregado el mil por mil de mí. Esta profesión solo se puede vivir desde la entrega. No es generosa, hay que currárselo. Tienes que dar mil para recibir cien.

Luego se va equilibrando. Ha sido y es un camino hermoso, no exento de dificultades, pero como todo en la vida. Solo puedo dar gracias por haber tenido siempre claro lo que quería ser. Era mi objetivo de vida.

Teresa. Y la forja de una coreógrafa, creadora y directora de proyectos artísticos de alto voltaje?

María. En flamenco pecamos de ser autodidactas todo el tiempo, creo que por necesidad. No tenemos la producción ni el equipo de apoyo para poder hacerlo de otra manera. Tenemos que inventarlo todo. Ahora nos damos más cuenta de que necesitamos el apoyo de otra opinión artística, o la colaboración de otro coreógrafo, o un director de escena, pero sí somos muy autodidactas. Hacemos nuestros bailes, improvisamos nuestras formas. Me he metido muchas horas a solas en el estudio en este camino de coreógrafa y de crear mis propios espectáculos. Aprendemos de eso.

En mi nuevo espectáculo que ya está materializándose, La vida es un romance, me voy a apoyar en algunos colaboradores, quiero convivir con ellos. Hablando con los músicos con los que voy a contar les decía, yo no quiero crear sola, no quiero llegar con mis coreografías y decir esto es lo que hay, no. No voy a llegar con un guión de cada elemento, coreografía, iluminación, lo que yo quiero es que vosotros creéis conmigo.

Teresa. En 2004 el Premio Nacional de danza Antonio Gades y en 2006 el Premio Desplante de las Minas de la Unión. ¿Qué significaron en tu carrera posterior?

María. Lo primero una evolución, dar un paso adelante, atreverme. Todo el esfuerzo que supuso presentarme al premio Antonio Gades me hizo crecer, emocional y artísticamente. Y hasta la fecha la mención del Antonio Gades tiene un doble peso. Es un apoyo que te da mucha credibilidad, en el extranjero esos premios te avalan muchísimo. Pero lo primero, es lo que a mí me hicieron crecer y lo que influyeron en mi trabajo.

Teresa. Destemplao, Tercera llamada, Quimera, Flamenco al Natural, fueron trabajos tuyos con cierto tinte autobiográfico y familiar. Luego llegó El encierro de Anna Frank, un punto de inflexión en tu carrera, un antes y un después. María Juncal no sería la misma hoy sin su Anna Frank.

Anna Frank

Sabía desde el primer momento que quería hacer esta obra pero tenía que prepararme. Es un tema muy delicado y muy valioso como para dudar o frivolizar.  

En el proceso de El Encierro de Anna Ftank había muchas cosas avanzadas, pero yo necesitaba un momento en el que Anna rezara, pero rezar era conversar con alguien del más allá, porque ella no era religiosa y yo necesitaba que de alguna forma tuviera ese contacto con su pérdida de noción de la realidad y de la desesperación más absoluta. A su corta edad estaba muy rebelada, sobre todo con su madre. Hablaba de esta búsqueda con Silvia, mi manager israelí, de cómo hacerlo. Tiene que ser algo que le toque el alma, porque es un momento de mucha catarsis del personaje y ella me dio un disco de su abuelo, un cantante litúrgico maravilloso. Estaba cantado en yiddish, no entendía nada, pero escogí un tema, y me di cuenta de que ese era el tema, la única canción del disco que hablaba del holocausto y de la historia de unos hermanos separados por el horror. Una pieza fundamental dentro de la obra.

Teresa. Cierra los ojos y háblame desde muy dentro de tu Anna Frank.

María. Ahí puedo hablar de un antes y un después en mis sensaciones artísticas. Conocí tantas cosas de mí haciendo El Encierro de Anna Frank… La música fue hecha paso a paso, escribí cada cosa que quería sentir, realmente el proceso fue increíble, lo que yo tuve que preparar. Cómo se fue liberando mi personaje en escena, cómo fue cambiando no la obra, si no mi libertad, en cada representación era otra, me metí en la piel de Anna, por ejemplo cuando hicimos una gira de dos meses y medio por los Países Bajos con El Encierro de Anna Frank. Acababa exhausta después de cada función y fueron veintiocho funciones en Holanda y diecisiete en Dinamarca. Había gente sentada frente a nosotros que había estado en los campos de concentración. Tuvimos experiencias increíbles. La Fundación Anna Frank se volcó, los periódicos decían cosas que me hacían preguntarme, ¿cómo es posible que digan esto de una versión desde el flamenco? Desde el flamenco se pueden contar todas las historias, porque el flamenco es sobre todo sentir.

Teresa. Hubo dificultades en muchos sitios para presentar El Encierro de Anna Frank.

María. Por ejemplo el Festival de Jerez dijo que Anna Frank no podía venir al Festival. ¡Pero si Anna Frank atañe a todas las víctimas, las víctimas son mías, suyas, de ellos. Son del mundo. Si no nos hacemos cargo de nuestras víctimas, ¿de qué vamos a hacernos cargo?

Mucha gente me ha preguntado que porqué defiendo a los judíos, que porqué me posiciono con ellos. No entiendo de qué  posicionamiento me hablan,  yo estoy hablando de una razón universal. 

En Israel no hemos podido representarla. Lo he intentado con el alma, me dicen que no es lo que quieren en este momento. Que ya ha habido mucho holocausto. Intentamos presentarla en Estados Unidos, pero no fue posible, por las dificultades de viajar con un gran elenco, dos técnicos y un manager, porque la obra me deja exhausta y claro no es tan fácil de colocar. Cuando hablo del Encierro me embarga la tristeza, porque creo que es un trabajo que merecía la pena que estuviera en los escenarios, no por María Juncal, si no por lo que representa.

En Alemania se intentó en Berlín y en Polonia en Varsovia. Tampoco les interesó. Ni en Jerez, ni en la Suma Flamenca.  Solamente en el Festival Flamenco on Fire de Pamplona en 2015 y en el Festival Flamenco Madrid en 2016. Cuando salí de mi bache de salud creí que no iba a poder, pero pude y me dio fuerza. Cuando lo hice ahí, fui feliz, esa noche me sentí a la altura del personaje. Sentí que había hecho lo mejor de mi vida.

Después de Anna Frank, hice Fantasía Flamenca con dos bailaores y una pintora que nos hizo una escenografía para el espectáculo. Viajó bien, hicimos gira por Europa, funcionó. Fue un trabajo relajante, después de todo ese proceso de entrega absoluta y con cierto miedo.

Ahora estamos terminando de preparar mi próximo trabajo,  La vida es un romance. Lo estrenaremos en agosto ¡en Israel!

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