Jorge Pardo en “Trance”, más flamenco que nunca

By Teresa Fernández Herrera.

Jorge Pardo, más flamenco que nunca en su reciente concierto en la mítica sala madrileña Galileo Galilei, en el Marco del International Jazz Day 2019. Un concierto emocionante, perdón por la  obviedad, porque cada concierto de Pardo lo es, siempre con su sello  de artista único, siempre acompañado por artistas de gran recorrido internacional.

En esta ocasión, ahí estuvieron haciendo quinteto con él, Cristian de Moret al piano y al cante; Wafir Gibril, el siempre virtuoso multi instrumentista con el laúd, los crótalos, el bongo o la pandereta, a cada momento lo suyo, tocar o percutir; el bajo eléctrico de Juanfe Pérez y la batería con resonancias rockeras del gran Anye Bao.

Diego Carrasco – Paco de Lucía – Camarón
Pepe Habichuela

Son cinco grandes, empezando por el Maestro Pardo, que empezó fascinado por el jazz, hasta que un día se cruzaron en su camino Diego Carrasco, Paco de Lucía y Camarón de la Isla. Aquello fue un enamoramiento mutuo y desde entonces la flauta y el alma de Jorge Pardo quedaron ligadas al flamenco para siempre. Ha tocado con todos los grandes del flamenco, guitarristas, cantaoras y cantaores, bailaoras y bailaores. Su música es tan intensa, tan llena de palabras, que alguien como el patriarca Pepe Habichuela lo ha denominado como el mejor cantaor flamenco y lo que dice el maestro Habichuela va a misa.

Él prefiere el término mestizaje al de fusión. Yo cuando le escucho y le escucho intensamente, escucho palos flamencos con toque de jazz. Digamos que Jorge Pardo no ha renunciado a nada, lo ha incorporado todo a su toque, a su lenguaje más íntimo con su flauta, al más expansivo con su saxo y da igual que toque con Chick Corea que para Farruquito, su lenguaje inconfundible siempre está ahí.

Pero sobre todo Jorge es un enamorado de la vida, una vida llena de curiosidad y pasión por todas las músicas de cualquier continente que él ha investigado y reconvertido en jondura.

De Huelva, de la tierra del fandango y otros cantes de ida y vuelta, viene Cristian de Moret, una joven vida dedicada a la música desde la infancia.  Estudia piano y canta flamenco por festivales desde los nueve años. Estudia flamencología y cultiva su mestizaje con el jazz. A los veinte años crea su estudio de grabación y se inicia como productor musical. Su piano y su voz han estado con todos los grandes del flamenco y con ellos ha regalado su arte por el mundo.

El artista sudanés Wafir Gibril, residente en España desde hace catorce años,  es un reconocido multi instrumentista, virtuoso del laúd, el acordeón, o el violín. Trabajó en varias bandas de su país hasta que formó su propio grupo, Kambala, de canciones populares sudanesas. Llegó a España a través del Ensemble de Músicas del Mundo Radio Tarifa. Investigador de músicas múltiples, ha estado en proyectos de Eduardo Paniagua, Hevia, La Musgaña, Dangerous Friendships, flamenco con el bailaor y creador coreógrafo  Joaquín Ruiz. Ha editado el álbum Nilo Azul  con su hermana Rasha y La Banda Negra, un trabajo de música española y sudanesa antigua.

¿Qué decir del baterista malagueño autodidacta internacional Anye Bao? Desde 1990 que empezó su trayectoria profesional con Luz Casal, con la que se curtió viajando durante cuatro años por Estados Unidos, América Latina y Europa;  ha participado en numerosos Latin Rock Festivals, en los que se ha codeado con la flor y nata del rock. Llega al flamenco en 1995 de la mano de Raimundo Amador, un año más tarde vuelve a viajar por Europa y las dos Américas con Héroes del Silencio. Vuelve con Raimundo Amador para Noches de Flamenco y Blues. Luego llegan Chonchi Heredia, Ketama, El Barrio, Niña Pastori, Rosario Flores, Navajita Plateá, Estopa, Pasión Vega, Antonio Carmona, Nacha Pop.

Juanfe Pérez, un onubense maestro de guitarra clásica y flamenca, analista del papel del bajo en el flamenco, estudioso de músicas del mundo, creador de proyectos flamencos con diferentes formatos e instrumentos. Un no va más.

El concierto.

Jorge Pardo sabe muy bien de quién acompañarse en cada concierto, siempre artistas de alto voltaje, siempre orgullosos de tocar con un maestro creador de proyectos con artistas de otros continentes para que aporten sus músicas y así enriquezcan las nuestras. Es fácil dar un vistazo a sus producciones, los no seguidores hasta ahora de Jorge Pardo se asombrarán. Estamos hablando de un crack mundial.

En todos los conciertos de Jorge se rotan los protagonismos de todos sus instrumentistas. Un quinteto da mucho juego para este  propósito. Solos intensos, dúos muy cómplices en conversaciones donde se intuyen las palabras tras las músicas. Tríos, cuartetos, quinteto, todo es posible y todo se plasma en realidades concertantes que son un goce total para el oído, para la vista, para el alma. La música de Jorge Pardo y sus músicos, ese otro flamenco que enriquece el flamenco tradicional, transmite emociones que en nada tienen que envidiar a las del flamenco de raíz. A otro nivel.

Me dice Jorge después del concierto que la música troncal que acabamos de escuchar son temas nuevos de esa película sobre su vida, Trance, rodada por una productora francesa en ciudades de cuatro continentes y dirigida por Emilio Belmonte. Que es más que un documental, porque tiene guión, el de su vida.

Jorge ha acuñado una frase definitoria de estas músicas: No hay que inventar nada. Si un músico vive su tiempo y como artista es sensible con su entorno, sonará nuevo. Si además se adentra en su interior será único y al mismo tiempo común. Al final, la música y el arte son trance y esa es la verdadera jondura.

Los temas de Trance tuvieron su estreno mundial absoluto el verano pasado por tierras de Almería, tan queridas por Jorge Pardo. En el Flamenco Festival 340, en el anfiteatro de Rodalquilar – Níjar, el 25 de agosto 2018. Luego siguieron los recitales en La Guajira y en la discoteca Aku Aku de Mojácar. En todos ellos estuvo acompañado por la productora de la película, grabando los temas en vivo.

Esta noche, en la sala Galileo Galilei, disfrutamos de un tema de Trance como introducción al concierto, Otro sueño, un solo íntimo de flauta acompañado por un fondo de  teclado, una introducción para el alma, que la sabiduría de Jorge ha estimado necesaria.  Él sabe.

En el segundo tema alterna la flauta y el saxo en una música muy oriental, muy inspiradora, quizá con reminiscencias nazaríes, algo como para seguir adentrándose en las profundidades del espíritu. Empieza solo pero enseguida interviene el cuarteto, con Wafir esta vez acompañando a la percusión sobre la madera de su laúd. De la intimidad a la expansión consciente. Como dice Jorge, no hay que inventar nada, cada uno lo vive a su manera.

Otro tema de la columna vertebral de Trance: Ozamtir. Ahora el saxo roza la magia, la maravilla, me hace recordar algo que dijo Jorge hace tiempo y que tanto lo define: Nunca he sido un jazzista de pura cepa, siempre estuve mirando a otros lados. El flamenco me llegó de la relación directa con muchos de sus grandes intérpretes y se ha convertido en fuente principal de mi pensamiento, pero soy un flamenco raro. Me considero un músico, a secas. Y añado, un músico único.

Hay cosas de Cristian, me dice Jorge. Composiciones de Cristian en las que está su cante mitad cristal, mitad metal plateado. Es su turno, canta y toca su teclado, a ratos  la flauta travesera de Jorge y como percusión Wafir toca los crótalos o castañuelas árabes. Y allá lejos, de fondo el bajo de Juanfe Pérez. Es como otro concierto y es que el maestro de ceremonias es un clásico de la versatilidad.

Con Rara belleza concluyen los nuevos temas del documental de la vida del maestro Pardo por esta noche. Una flauta mora, un laúd ancestral, una hermosa, ligera batería llenan el aire de sonidos mágicos. Saxo para otra expresión, de las muchas expresiones de la belleza.

A una pregunta mía sobre la presencia de temas de su reciente proyecto sobre música de Bach para el Festival Internacional de Arte Sacro 2019, Hippocampus, me dice textualmente: No interpreto deliberadamente música de Bach pero si estuvo presente en el toque. Y me dice lo mismo cuando le pregunto sobre temas lorquianos, en este Año Lorca. También estuvo presente en el toque, pero no deliberadamente. Pues yo me juego las pestañas a que ahí estuvo el Zorongo gitano y con él estuvieron los dos maravillosos diálogos de la flauta con el teclado y luego con el laúd, llenos de complicidades y de palabras no escritas, pero audibles.

Otra temática, la más flamenca de la noche, fue de temas de su trabajo de hace un par de años, Djinn, Metaflamenco,que estuvo en la Suma Flamenca 2017 en el Café Berlín. Djinn (duende) nos maravilla esta noche con la soleá  Lo sé por El Talega (Ver Juan Talega, Dos Hermanas, Sevilla 1891 – 1971).

Y más tarde, casi al final, ya dentro de lo más festero, por bulerías, las más libres de la historia de Pardo, porque esto es Metaflamenco, en otras palabras, flamenco a su manera. Las canta y toca Cristian y casi nos pone a bailar si hubiera sitio para ello. Saxo para las bulerías, no podía ser de otra manera. Pandereta de Wafir y batería por todo lo alto.

Fin de fiesta. Wafir nos anuncia una rumba muy especial, con estribillo para que lo aprenda y cante el público, que lo hace de buena gana: Yo soy Musul-man y mi mujer es Musul-woman. Una muy cañera rumba de ida y vuelta para poner los corazones eufóricos.

Gran noche la del sábado 27 de abril en la Galileo Galilei.

Agradecimiento especial a Paco Manzano por las Imágenes

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