Flamenco Madrid 2019. ¡Cómo nos reímos!¡Cuánto disfrutamos!

By Teresa Fernandez Herrera.

Choni Cía. Flamenca con La gloria de mi mare. En un café cantante de los tiempos del charleston, cuatro artistas bajo la dirección de Estrella Távora, viven sus vidas a su manera. Asunción Pérez Choni, Juanjo Macías, Alicia Acuña y Raúl Cantizano actúan en una comedia musical – flamenca plena de arte y humor. Y el broche de oro para Flamenco Madrid 2019 en la Sala Guirau, lo pone Leonor Leal, que junto a Antonio Moreno hacen malabares de danza y percusión en unos artísticos Talleres in progress. Dos espectáculos que representan el flamenco con un siglo de diferencia. Principios del XX el café cantante de Choni. Principios del XXI los Talleres de Leonor Leal. Los videos dicen mucho más que las palabras.

No cabe duda de que Asunción Pérez, Choni baila  de maravilla en su papel de Estrellita Jiménez. Pero Juanjo Macías borda su papel de Gloria Jiménez, la madre de la artista. Él/ella provoca las carcajadas que salen de la entraña del respetable, que hoy, sí, llena la sala Guirau. Está claro, ¡la gente quiere divertirse!

Alicia Acuña en su papel de Doña Amalia, mujer del empresario del café cantante, no solo pone letras y cante, también impregna el ambiente de un humor al revés, en su papel de esfinge, con el que pone de manifiesto su jartura del marido, Don Cosme, el empresario, en la vida real y en escena el guitarrista Raúl Cantizano.

La mamá es una artista frustrada porque los tiempos de su juventud y una inesperada maternidad cortaron de cuajo sus proyectos e ilusiones. Así que ahora se proyecta en la niña, a quien atosiga por mor de recuperar una vida de artista a través de ella, con unos monólogos y diálogos hilarantes, en los que no faltan enredos con situaciones disparatadas. Sus intervenciones con la empresaria – esfinge son memorables, por parte de ambas. Y Raúl Cantizano aparte de sus intervenciones muy flamencas con la sonanta, ejerce de marido – empresario pacienzudo, con expresiones con las que parece estar diciendo, ¡mujeres! (sin malentendidos, por favor, estamos en los tiempos del charleston).

Las músicas y cantes empiezan por la copla La Niña de Puerta Oscura. Aquí, en la versión original de Concha Piquer, Doña Amalia canta –solo habla cuando canta- la niña baila, la mamá interviene tratando de colocar mejor su falda.  Luego en un camerino que aparece cuando hace falta y desaparece cuando estorba, cuestión de un toque de luz, la madre y la hija hablan, mejor dicho, habla la madre, que es de ese tipo de persona que habla hasta debajo del agua. Sus repeticiones de una misma frase, o palabra, son una de las recurrencias que provocan la carcajada a lo largo de la comedia. Las actuaciones de la niña son pruebas ante los empresarios para que la contraten en los términos exigidos por la mamá.

Cante, toque y baile por la guajira Estoy cansá de vivir, un cante de por entonces del cantaor Cayetano Muriel Niño de Cabra, que por los años veinte del siglo pasado andaría rondando los cincuenta. Estrellita Jiménez, –la niña– cambia de atuendo para cada baile. La puesta en escena está muy cuidada y el vestuario de Choni es lo más notable.

Siguiente número, por bulerías, y la mamá, que siempre anda de por medio, coloca, con gran disgusto de la niña, casi una maceta de flores en su cabeza. Siempre, claro, con ánimo de mejorar el aspecto de su hija mientras baila. Sigue la rondeña más popular de todas, anterior al flamenco, incorporada al repertorio de palos unas tres décadas antes de lo que ocurre en escena. Gran protagonismo de toque. Al final del baile la niña se desmaya, lo que da lugar a una gran escena cómica para lucimiento del actor que interpreta a la mamá.

Ayuda a la vuelta a la normalidad un solo de guitarra con música de Albéniz, magistral. Y luego, la copla de coplas, La Niña de Fuego con protagonismo compartido de bailaora y cantaora,  que interrumpe ¡cómo no¡ Doña Gloria, que acaba agarrándose de los pelos con Doña Amalia.

Entre alegrías, jotas, bulerías, excelente baile con toque de castañuelas que ya casi no se ven, más gags cómicos que consiguen gran protagonismo de la carcajada, la risa de verdad entre el público, llega un final también típico de la época de los cafés cantantes, el baile por sevillanas, que no son un palo flamenco, pero pertenecen al flamenco.

Leonor Leal nos enseña sus Talleres in Progress.

Talleres in progress es a mi entender la consecuencia de su espectáculo Nocturno, punto de inflexión en la carrera de Leonor Leal. Vistos ahora estos Talleres diría que Nocturno no es un principio, sino un final. Y Talleres un empezar a crear de nuevo desde el punto donde terminaba su anterior producción.

Talleres es ella en el principio de un nuevo proceso. Su compañero en percusiones Antonio Moreno es su cómplice, poniendo a su servicio una serie de objetos musicales y no musicales. Es un taller que por primera vez toma contacto con el público y que según vaya creciendo volverá a contactar por medio de otros talleres para mostrar su progresión. Ahora muestra lo que aún no es, lo que solo es por el momento un principio de creación. Ella crea, se sorprende a sí misma, se cuestiona, se corrige. Pero el taller es también un espacio de diversión en el que Antonio Moreno es imprescindible. Porque ¿cómo se podría crear algo sin pasarlo bien?

Dice Leonor que Talleres es pasado y presente. Y a partir de ahí está creando lo que culminará en un espectáculo en poco más de un año. En el proceso trabajan con nuevos pasos de danza, nuevos sonidos precursores de nuevas músicas. Es como si lo que va sucediendo en escena, a pesar del guión previo que vemos al inicio, fuera algo inesperado, algo que se va fraguando en cada momento y que sorprende y divierte.

Para este primer taller se pensó que un festival tan experimental como este Flamenco Madrid 2019 diseñado por El Niño de Elche, era su ubicación ideal para confrontar con el público los primeros materiales de trabajo. La acogida no ha podido ser mejor.

Empieza por una clase teórica de baile con un principio de desarrollo que luego adquiere una vida propia que escapa a la voluntad de Leonor. Y a Antonio Moreno le ocurre tres cuartos de lo mismo. Como si no le bastaran sus cachivaches, convierte a su propio cuerpo en objeto de percusión, es el creador de las escenas de mimo con el que se comunican, se acercan, flirtean y continúan algo que no termina aquí.

Lo que permanece son los palos flamencos en los pies de Leonor, en el vibráfono y demás objetos percusores. Aquí la música la crean las percusiones, ya sea a compás de soleá, bulerías, seguiriyas, un impresionante martinete donde la fragua es puro golpe de negra. Hay que ver cómo suena sin cantaor el tirititrán tran tran por  alegrías.

Cadera relajá, cadera temblona, con la puntita del pie. Leonor da una clase práctica de baile al público, es un regalo de su taller, un regalo que divierte. Un tango en todas sus versiones.

Leonor Leal y Antonio Moreno están creando el flamenco del siglo XXI, o del XXII, quién sabe. También podría ser otra cosa, cualquier cosa. Ella es la nueva imagen flamenca, el resultado de la evolución desde el moño, con peinetas y flores en el pelo, el vestido de lunares, la bata de cola. Leonor solo conserva del ayer las castañuelas y eso porque son música percutida. Ella es pelo corto, una versión de a lo garçón. Blusa blanca camisera, falda pantalón y zapatos de un color cereza indefinido. Y todo es un juego, experimentación pura, donde el drama está ausente por completo porque el argumento no existe. Todo es ensayo como todo comienzo de algo nuevo. El humor, mucho humor está siempre en el taller, forma parte de lo que va sucediendo, momento a momento. Da la sensación de que el público también participa activamente en ese proceso creativo.

Leonor Leal está dando un paso que quizá sea permanente, sin vuelta atrás. Ella se gusta en este primer espacio elegido para crear un proyecto que pasará por otros talleres y culminará en un espectáculo que se llamará En Talleres y que tampoco será un final, porque Leonor y Antonio quieren mantener la filosofía de ir probando e integrando los nuevos materiales e ideas en proyectos futuros, es decir, para un trabajo que mantendrá una puesta en escena continua. Quizá, aún no hay nada seguro, si Dios quiere, lo podríamos ver en la Bienal de Sevilla 2020.

Casi llenó la Sala Guirau de los Fernán Gómez. Tuvo aplausos a rabiar. El mejor final para las galas de la edición 2019 de Flamenco Madrid.

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