Unionenses: El Niño Alfonso

By Teresa Fernandez Herrera

La Sierra Minera Cartagena – La Unión, famosa desde la antigüedad cartaginesa y romana por sus minas de plata y plomo, origen de Cartago Nova, la actual Cartagena, fue reabierta y tuvo gran auge durante el siglo XIX y parte del XX, hasta su cierre definitivo en 1970. Los cantes mineros, especialmente la Minera son un reflejo del sufrimiento del trabajador en el pozo de la mina desde la infancia, sin medidas de seguridad, sin atención sanitaria, salarios miserables, generalmente cobrados en vales para comprar en las caras tiendas de los propietarios de las minas, comprar entre otras cosas el carburo para las lámparas!

Los cantes mineros de esta zona tienen una identidad propia, en letras y músicas, muy diferentes a los cantes andaluces occidentales. Representan una región que baja desde Alicante, Murcia y la Sierra Minera hasta Almería; Levanticas, murcianas, mineras, cartageneras, tarantas, tarantos y fandango de Almería, origen de estos cantes, por el éxodo hacia la Sierra Minera de trabajadores almerienses.

Hoy iniciamos el ciclo Unionenses con un personaje de indudable interés, el cantaor Niño Alfonso, que este año ha cumplido los ochenta y cinco.

Alfonso Paredes García Niño Alfonso es hijo y nieto de mineros. El padre, Ginés Paredes, fue el primer personaje especial de la saga familiar, aunque solo vivió treinta y tres años. Murió en 1938, en plena guerra civil, de una neumonía que contrajo en un encierro de obreros en la mina, en el que él no tenía que estar, pero estuvo por solidaridad obrera y porque pensaba que su cargo como presidente de la CNT local y secretario del Frente Popular, en cierto modo le obligaba a estar ahí. Lo pagó con su vida, dejando tres hijos pequeños que más tarde se harían cargo de una herencia que nada tenía que ver con el dinero, sino con los valores y los cantes. Desde el principio de la guerra había sido teniente de alcalde de La Unión, también era gerente de todas las minas del gobierno y…cantaor. Dice quien lo recuerda que era un seguidor del estilo de Antonio Chacón. Y algo que podría parecer imposible hoy en día. Ninguno de los cargos era retribuido, seguían viviendo él y su familia de su trabajo en la mina y cuando murió quedaron en la miseria.

Con tales credenciales políticas, si no hubiera muerto de neumonía en 1938, hubiera muerto fusilado en 1939. Las represalias franquistas en una zona minera que había sido republicana hasta el último día, fueron especialmente duras.

Alfonso Paredes García no había cumplido los cuatro años cuando su padre murió. Su vida laboral empezó temprano, a los cinco años, en una cocina militar del acuartelamiento del Lazareto. ¡Y ya cantaba! Desde los siete años hasta su mayoría de edad fue trabajador del campo en Torre Pacheco. Vuelve a La Unión para trabajar en la minería, a los veintidós se casa con Vicenta Rubio Padilla, que le dará tres hijos. Fue minero hasta los treinta y ocho y después trabajó en la Empresa Nacional Bazán hasta su jubilación. Tiene cuatro nietos y dos bisnietos. Es el único minero y cantaor de flamenco vivo en España.

El Niño Alfonso

A los seis años, cuando trabajaba y cantaba a su aire en el acuartelamiento del Lazareto de La Unión, un buen día le oyó cantar el guitarrista Vicente Vera, quien estaba haciendo allí el servicio militar, que se quedó boquiabierto escuchando a un niño tan pequeño cantar por fandangos de Marchena y Vallejo y por granaínas de Chacón … “Niño, ¿dónde has aprendido tú esos cantes?”. “A mí me gusta el cante y canto todo lo que oigo”. El hombre le llevó al cuartel, le presentó a sus compañeros, le dieron de comer, cogió su guitarra y el niño se puso a desgranar cantes como si tal cosa. A partir de entonces se convirtió en el cantaor oficial en todas las fiestas del cuartel, en otros cuarteles de la comarca y en fiestas privadas de oficiales y mandos.

En Torre Pacheco aprendió los Cantes de siembra, siega y trilla murcianos y andando el tiempo se convirtió en el restaurador de estos cantes que estaban en peligro de extinción. Lo mismo sucede cuando regresa a La Unión en 1952 con los cantes mineros que había escuchado de niño y que estaban diluyéndose en el olvido. Llega a La Unión en esa última época de auge minero con las explotaciones a cielo abierto que coinciden con un periodo de gran creatividad artística, de restauración de cantes antiguos y creación de nuevos cantes.

El Niño Alfonso y Eleuterio Andreu son los dos pilares rompedores unionenses que van creando grupo con otros

cantaores, Diego

ArenasDiego el Sevillano, el cantaor y guitarrista Antonio Fernández, primero de la saga de artistas que ya va por la tercera generación, padre de la cantaora ganadora de dos Lámparas Mineras, Encarnación Fernández y abuelo del guitarrista Antonio Muñoz, ganador del Bordón Minero en 1989 y guitarrista oficial del Festival en la actualidad.

En esos años cincuenta obtiene premios en concursos regionales, que eran auténticos maratones de cante, donde había que mostrar un extenso repertorio. No había bases como a partir de la creación en 1961 del Festival del Cante de las Minas. Se le considera como el mejor cantaor de cartageneras, forma parte del grupo flamenco La Soleá  y del espectáculo Caravana de Canciones. Es el primer artista flamenco de la comarca en obtener el carnet de artista profesional, crea espectáculos propios para actuar en hoteles, salas de fiestas y teatros…

Todo este buen hacer y cantar, todo este esfuerzo es condenado a un pozo de silencio, bastante más doloroso que el pozo de la mina. Se nota, sobre todo en los años sesenta, donde en el recién creado Festival del Cante de las Minas al que se presenta cuatro veces al premio de Lámpara Minera, solo consigue un premio por Cartageneras en 1964 y por Minera en 1965. Que un reconocido restaurador de mineras e innovador de cantes mineros, con voz y registros de lo más jondo, no mereciese una Lámpara Minera, ¿represalia por ser hijo de un rojo notorio? Es uno de los varios interrogantes en torno a este artista unionense.

Niño Alfonso, IV y V Festival de las Minas de La Unión.

Quedan más interrogantes en torno al Niño Alfonso. Por ejemplo, por qué rehusó unirse al grupo artístico de Antonio Molina, o de El Mejorano, o de Manolo el Malagueño. Por qué tiró la toalla a los treinta y seis años, el mejor momento de madurez para cualquier voz, haciendo en cierto modo el juego a sus silenciadores. Por qué, según una fuente, pudo perjudicarle que su voz se pareciera a la de Juanito Valderrama… Por qué grabó solo un disco con cuatro cantes en Madrid en 1966, dos milongas creadas por él, una minera y una cartagenera recordando el estilo de Rojo El Alpargatero y personalizadas por él, que fue divulgado en TVE por el periodista y amigo suyo Pascual García Mateos, una leyenda del periodismo unionense y en Radio París por Robert Vidal, amigo de García Mateos. Tuvo un éxito extraordinario en La Voz de Madrid, pero fue silenciado en La Unión. ¿Porqué?

El Niño Alfonso dejó de cantar en público en 1970, a la temprana edad de treinta y seis años. Dolorido, incapaz de soportar más tiempo un ostracismo silencioso. Cuando por fin, el 8 de agosto de 2001 recibió un primer homenaje del Festival del Cante de las Minas, dirigió estas palabras al público que llenaba la sala de la Catedral del Cante del Antiguo Mercado de La Unión: “Agradezco a estos señores que me saquen del pozo en que me metieron. Mucho he sufrido y trabajado, dentro y fuera de la mina, mucho he cantado la tragedia del pozo, teniendo que subsistir desde que era un niño como cabeza de familia, por ausencia de un padre que el negro polvo de la mina me arrebató, como a tantos hijos de este pueblo. Y es que no hay peor mina para quien nace y se siente artista que verse condenado al olvido. No hay mayor desengaño que no ser comprendido, ni mayor dolor para quien se entrega en cuerpo y alma a su tierra que no ser reconocido.”

Ese día el Niño Alfonso pudo sentir el amor de su gente, que le agradeció su defensa de los cantes mineros dondequiera que había ido, por su labor de restauración de cantes antiguos y ser nexo de unión con los nuevos cantes, en una gran labor restauradora e innovadora.

Por fin, a sus ochenta y dos años, Alfonso Paredes GarcíaNiño Alfonso, cantaor y minero, porque empezó a cantar antes que a trabajar, recibió el 7 de agosto de  2016 la primera Lámpara Minera honorífica de la historia del Festival, desde que éste  iniciara su andadura en 1961.

Estuvo acompañado por toda su numerosa familia en la ceremonia de entrega en el Café Cantante instalado días antes en el salón de actos municipal de la Casa del Piñón. ¿Cuántas sensaciones de una vida que pudo haber sido diferente pudo rememorar en ese breve y quizá eterno lapso de tiempo? Quizá sintió que la Lámpara era un reconocimiento postrero al gran cantaor que fue y al que se negaron reconocimientos en La Unión y en la España de entonces, presuntamente por ser quien era, por la historia de su familia. O tal vez sintió algo muy distinto que expresó en una sencilla frase dirigida al alcalde López Milán: “Ahora no quiero morirme”. ¡Quién sabe todo lo que esa Lámpara significó para él!

 El domingo 5 de agosto de 2018 se descubrió una placa con el nombre del Niño Alfonso, en la llamada Avenida del Flamenco, frente al Antiguo Mercado Catedral del Cante, como uno de los homenajes que tienen lugar durante la celebración de cada Festival.

Pero aún brillan por su ausencia el ser declarado Hijo Predilecto de La Unión o un busto suyo en el Museo  del Cante de las Minas en la Casa del Piñón, sede del ayuntamiento.  ¿Porqué?

Dice Paco Paredes, el hijo trovero y flamencólogo del Niño Alfonso, que una noche de verano de 1987, en la que le presentaron al más exitoso cantaor de La Unión, Pencho Cros, éste le dijo: “Tu padre es un hombre valiente y de palabra y lo demostró el día que harto de injusticias hacia su persona decidió dejar el cante. Su voz es de arrope, azúcar y caramelo, ¿sabes que fui yo quien le bautizó con el nombre de Niño Alfonso? Ha tenido y tiene la mejor voz que ha habido en esta tierra, es una lástima que no hayan sabido comprenderlo, que no se transmitiera y divulgara su forma de cantar, cuanto cante tiene el Niño Alfonso, cuanto se perdió con él”.

Recientemente se ha solicitado al Ayuntamiento de La Unión la concesión de Hijo Predilecto a favor del Niño Alfonso y que un busto suyo se coloque en el Museo del Cante de las Minas. A un Ayuntamiento de mayoría socialista y cuyo alcalde Pedro López Milán es el Presidente de la Fundación del Cante de las Minas de La Unión.

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