Israel Galván en estado puro

By Teresa Fernández Herrera

Está en Pamplona para cerrar el Festival Flamenco on Fire 2019 con su espectáculo FLA.CO.MEN. ¿Flamenco al revés? ¿Otro flamenco? Él es Israel Galván, bailaor y coreógrafo, ¿inclasificable? ¿Experimental? ¿Conceptual? ¿Genial? Todo eso y más y ¡absolutamente galvánico!

Fotografías de Hugo Gumiel

Desde 1998 que empezó a crear sus espectáculos con la sabia dirección del artista plástico Pedro G. Romero ha seguido proyectando su cuerpo en movimiento en más de una docena de proyectos, cada uno un mundo de sus cambiantes mundos. Siempre con Pedro G. Romero. Son tal para cual. Se complementan, se necesitan mutuamente. 

Desde días antes de reunirme con Israel Galván de los Reyes, llevaba dándole vueltas a la cabeza. ¿Cómo entrevisto yo a este hombre, bailaor y coreógrafo tan famoso internacionalmente, tan multipremiado, tan reseñado y entrevistado, tan diferente, tan genial y hacer algo que al menos trate de diferenciarse de lo que ya está hecho? Dilema nada fácil. Así que me pasé una mañana entera repasando sus vídeos, porque pensé que solamente la observación de sus lenguajes podría darme las claves.

Teresa. ¿Se paga un precio por ser diferente?

Israel. Sí, se paga. A veces eres inconsciente de lo que se te viene encima. Yo lo he hecho por mi necesidad de sobrevivir bailando desde chico. Pero hubo un cambio desde el momento en que tuve un sitio para bailar como quisiera. Yo creí que iba a gustar a todo el mundo y  me di cuenta de que no,  que hay un público que sí y otro que no, y  por ahí va la cosa. Me dí cuenta del precio que tenía que pagar si quería ser libre. El precio que tuve que pagar  durante muchos años de caminar por el desierto, sin saber adónde ir, donde ubicarme. Fue un viaje por ese desierto, hasta que de pronto, como por arte de magia, llegué a un sitio en el que o pagas el precio del inconformismo o te pegas un porrazo y  te apartas. Entonces tú aceptas seguir o no y eso son años de trabajo.

Yo quiero bailar por mí y también para la gente. Pero yo valoro mucho mi tiempo, empleo mi tiempo y mi vida en hacer las cosas que quiero hacer, aunque luego lo comparta, eso para mí es lo normal, vamos.

TF. Creas un espectáculo que te guste y te satisfaga a ti, guste o no a los demás.

IG. Sí, es verdad, aunque al público hay que tenerle en consideración, porque el público es  quien cambia la obra, no los muchos ensayos que haga. El público es quien te reviste, es la última etapa de la obra. Yo ya estoy acostumbrado a que las personas te digan su opinión, pero también me he dado cuenta de que tú puedes escuchar, pero sin  echar cuenta a nadie, porque me volvería loco. Así que yo hago mis cosas,  porque si yo no me las creo, no puedo gustar a nadie.

Fotografías de Hugo Gumiel

TF. Israel, a estas alturas tú puedes permitirte el lujo de dar en las narices con todos tus premios y tu fama internacional, a los que no comulgan con tu forma de expresarte.  

IG. Sí, es verdad. Los premios cuentan y aunque no me lo crea tengo esos premios. Los premios me dan la sensación de empezar de cero, es como que cada vez que me dan un premio me da miedo de estar quieto y entonces empiezo de cero en todos los espectáculos. Cada vez que bailo es como una primera vez, aunque los años te enseñan a ser más profesional y los premios te hacen ser más consciente.

TF. Se hace camino al andar. Y al andar o bailando has ido construyendo tu biografía.

IG. Digamos que yo tengo la sensación de estar escribiendo un libro con mi baile, con mi cuerpo. Bailo desde chico y digamos que eso es como una línea que va siguiendo tu cuerpo y así va creando cada capítulo del libro y capítulo a capítulo tu cuerpo físico y tu mente van cambiando. Yo noto cuando mi cuerpo está cambiando. Yo no sigo una trayectoria mía, camino bailando y el cuerpo va cambiando.

TF. Es decir,  que alguna de tus obras refleja algo íntimo de tu persona, de tu vida.

IG. No, es más bien una cuestión de estados. Yo sé en qué estado estoy en lo que hago.  He hecho obras en las que soy una persona neutra, a veces con un cantaor y tocaor, a veces bailo solo, sin música, mi cuerpo va marcando el ritmo. Luego está la inspiración que va marcando cada momento, lo que hace que cada representación sea diferente. Hablando de libertad y de caminos, es algo así como una bisagra que me abre una puerta a un terreno intermedio entre mi vida pasada y cada nueva etapa mía, en el que me encuentro muy bien.

Para mí es necesario cambiar de cuerpo, ser otro bailaor, porque es muy pesado verte otra vez igual, mirándote al espejo o sin mirarte. Es muy bonito ensayar casi sin luz, estar bailando sin reconocer quién eres, es un sentimiento mágico cuando te metes en otro cuerpo y otra mente. Si no te da miedo, es como una droga, lo buscas. Estoy acostumbrado a ir de un cuerpo a otro. Y eso muchas veces no te lo da el ensayo, no te lo da el virtuosismo, la práctica o el arte, te lo da la vida. La vida es la que te marca el camino, la vida y las emociones es lo que te lleva a romperte.

TF. Espectáculos. Partes de una idea, de una inspiración. Luego está el proceso de gestación con todos los recursos, artistas, objetos, luz, sonido que completan el proyecto…Todo eso es un jirón de vida y tienes que sentirlo…

IG. ¿Cómo vivo el proceso? Sí, digamos que parto de una idea que viene de una manera de estar  nueva, anterior a una nueva manera de bailar en el escenario. Es decir, no es una forma de bailar nueva, es una nueva forma de estar. Luego se da la casualidad de que ocurren cosas y yo estoy muy abierto a las casualidades. En la vida vas conociendo a personas, a mí me ha servido mucho una cosa, robar la energía de alguna persona. Yo tengo espectáculos reservados a personas con quien yo haya hecho un trabajo musical, de ensayo y a veces esa persona tiene que pagar un precio, hacer un sacrificio.

TF. Bailas mucho solo. Siempre. ¿Estás o quieres estar solo? Tienes un gran sello personal, tu baile no se parece a ningún otro. Tienes tu forma de identificarte con el movimiento de tu cuerpo. Esa forma ¿nace de tu interior, de querer sacar fuera cosas que llevas dentro?

IG. Mi relación con las personas es a través del baile. Soy una persona muy poco sociable, de hecho no me gusta estar con las personas. A veces, un grupo de amigos me invita a una barbacoa y no puedo ir… Mi vínculo con la humanidad,  mi contacto con las personas es el baile, yo nunca he estado más en comunión con otras personas que cuando bailo. Mi lenguaje parte de que todos los movimientos son posibles, porqué no voy a hacer esto…Sí guardo el gesto, o sea, un sevillano no pide un taxi igual que uno de Japón. Yo sé que hay un gesto y aparte sé que hay otra verdad: El baile es peligroso,  te puede matar, por el virtuosismo, por la presión, por el ensayo, por lo que sea. Yo vivo el baile como un preso, cuando bailo soy un preso y noto que se me van abriendo cosas. Y es verdad que mi cuerpo ya no puede vivir sin bailar, el baile tiene una transportación, es una puerta que te lleva al espacio donde están las personas y ahí hay una raya. Tú a lo mejor vienes conmigo y cuando entras ahí no sabes qué hacer. Eso es como una vuelta tridimensional.

TF. El cuerpo, ¿nunca engaña? Es lo que se suele decir, que la palabra es engañosa pero el cuerpo jamás engaña.

IG. Bueno, a mi me gusta también engañar a la gente. Y en algún premio engañé al jurado completamente. Yo creo que el baile es bueno que sea malo. El baile tiene que ser honesto, pero a mí me gusta engañar bailando. Me gusta engañar y ser honesto y el equilibrio que se crea entre ambos conceptos es el resultado. Yo creo que hasta en la vida hay que ser un poquito malo para bailar bien, si no, no puedes bailar bien, es una opinión personal mía. La danza, puede ser muy blanca, o negra y blanca, como el bien y el mal, pero me gusta ser un poco sucio, de hecho tengo la sangre de madre gitana y de padre gachó al 50%. Tengo la suerte de tener una madre gitana  y sentido del humor.

TF. Tú no gastas mucho en vestuario…

IG. Bueno, me pongo pequeños detalles siempre. No me gusta vestirme por vestirme,  juego con objetos y me gusta la inmovilidad, porque te hace moverte de otra manera. Disponer de un vestuario gratuitamente, no me va. Sí una pequeña cosa que me cambie, zapatos, una pequeña flor, una cosita, un detalle… soy más plástico de lo que ha sido el modelo de los bailes clásicos, en lo que respecta al vestuario. Me gusta el gran cambio que representa mi manera de vestir.

TF. Te veo en otras artes, por ejemplo en la escultura, sobre todo cuando congelas la figura. De pie, tumbado, sentado, de rodillas, a gatas… Debes de ser la delicia de los escultores, incluso de pintores. Te paras y te recreas en esa congelación de la figura…¿Practicas la respiración consciente?

IG. No, no creo, yo no he hecho yoga en mi vida. (se ríe)  Es mi modo de comunicarme. Necesito la quietud, parar el movimiento para seguir bailando. Hay un momento que tienes que quedarte quieto, lo veo como esos dibujos que tienes que completar uniendo puntos o números. Me molesta que un movimiento esté mal, hay cosas que me molestan, cómo que tenga que estar en esta esquina y no en otro sitio, es una necesidad que no sé cómo decirte, es que como me mueva mal me da un ataque como si fuera autista y no puedo, me molesta. Así que paro para que suenen los puntos bien.

TF. Me gusta ver una mujer instrumentista en tu Fla.Co.Men, que veremos mañana por la noche. Eloisa Cantón, bajo y violín.

IG. Bueno, ella hace muchas cosas. Marcarme en inglés, hablar como una ballena, hay un momento del espectáculo en que yo necesitaba bailar debajo del agua, porque te hace bailar de otra manera, la conexión con Moby Dick la ballena, te cambia la silueta también un poco. (se ríe)

TF. La ballena es un animal mítico. Y hablando de mitos, el mito griego de matar al padre, el mito de Edipo, podría aplicarse a tí, por aquello de que con tu forma de bailar has matado el baile tradicional de tu padre.

IG. (ríe) Sí, mi padre sigue sin entender lo que hago. Mis hijos, como hijos de artista, se dan cuenta de que hay que saber un montón. Mi hija, es curioso, me decía, “papi, deja ya de bailar”, pero me lo decía cuando estaba quieto. Ellos saben que te roban tiempo. Ellos hacen otras cosas, no son mi continuación.

TF. Tema mujeres guitarristas flamencas…Cantaoras, bailaoras, compás, sí. ¿Para cuando guitarristas?

IG. Hay que tener cuidado con eso. Me molesta mucho cuando ponen a  una mujer a tocar la guitarra en un espectáculo para la mujer. Hablo de más de uno, siempre subtitulados, dedicado a la mujer. Como si fueran bichos, como un Síndrome de Down. Me molesta eso. Trabajar con o sin la guitarra no debe ser una cuestión de género. No hay que verlo como mujer o como hombre, sino como músicos. Si la casualidad me brinda trabajar con una guitarrista, se tiene que ver natural, no como hombre o mujer, si no como parte de lo que vamos a hacer. Que se sienta identificada como persona. Es verdad que la guitarra flamenca es un símbolo muy machista y me molesta mucho. Pero si una mujer se siente como cosa de género, se siente bicho raro.  Si yo llamo a una guitarrista. ella tiene que sentir que tengo un vínculo con ella, que no la llamo para dar la nota del homenaje a la mujer.

TF. Además de bailar y dirigir de vez en cuando…

IG, De vez en cuando hago cosas para las que me llaman. Pero evidentemente a la gente le interesa verme bailar. Me doy cuenta de que al cabo de los años me he convertido en una herramienta, me muevo con distintas cosas. Ahora en Japón voy a hacer una cosa con inteligencia artificial.  También tengo una pieza en la que habla un libro y yo bailo. Esta es una época de mucha información y de muchas cosas nuevas y entonces como a mí me interesa el mundo de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, tengo la sensación de que estoy mejor con un robot que con una persona, me siento mejor, me inspira mejor, estoy mejor. Eso es lo que quiero dar en el escenario. Es una cosa como de soledad y a la vez como de una maldición nuestra. No servimos, son mejores ellos. Por ejemplo, esas películas de Kubrik te hacen sentir más humano. Hay gente que tiene una conversación mejor con un robot. La máquina te dice, ‘sé que te va a gustar esto’. Lo que he hecho en Japón es muy elemental en lo psicológico, muy de ‘no quiero trabajar con personas humanas, quiero trabajar con un robot’. De los humanos desconfío. Siempre se equivocan, son malos, y la máquina no. Yo ahí me siento bien. Lo respeto y se transmite el respeto y eso es lo peligroso, que se transmita el respeto. Es un paso más hacia la soledad. (Se ríe de sí mismo)

TF. Flipo. Entonces, ¿eres un bailaor frio? ¿dónde  se quedan las emociones?

IG. No, no soy frío, pero me gusta tener un vínculo con una inteligencia artificial. El ente este tiene algo que respeto. Lo que me interesa es buscar la realidad de la máquina, no el espectáculo. (reímos) Me gusta lo prohibido, lo que nos da miedo. Pero quiero hacerlo todo con sentido del humor. Sin sentido del humor no querría bailar.

TF. (Tiene razón, el sentido del humor es sin duda la mayor característica que lo diferencia). El Amor Brujo que estrenaste en la clausura del último Festival de Jerez. ¿Cómo te dio por impersonar a tu tía Eduarda?

IG. Quería ser mujer. Llevaba una peluca rubia. Eduarda era una tía mía que murió de chica, con cinco años. Mi abuela le cortó el pelo muerta e hizo una trenza rubia que estaba colgada en la casa. Sí, la tía que impersono es esa niña de cinco años con ese pelo cortado. La gente hasta la media hora no se dio cuenta de que era yo y no es extraño, porque yo intento cambiar totalmente. Y además es un Amor Brujo con solo tres personajes imprescindibles y (Alejandro Rojas Marcos al piano y David Lagos al cante) también es algo nuevo. Mis recuerdos de El Amor Brujo son de gitanos corriendo para arriba y para abajo, así que yo me quedé sentado. Me senté y ya no me levanté. Al final, cuando suenan las campanas me levanto y ¡puf! (se carcajea) No te quiero ni contar como se quedó la gente en el Teatro Villamarta. Tengo la impresión de que se acercaron mucho a mí, me felicitaron los gays, me dijeron que muy bien hecho. Uno de los críticos me dijo que ‘esa mujer le estaba poniendo cachondo’ y al final me dijo ¿eras tú? Pues has bordado el tema.

TF. Lo más nuevo.

IG. La Consagración de la Primavera de Stravinsky, que estreno en noviembre 2019 en el Teatro Vidy de Lausanne. Está en preparación muy avanzada ya. Es un formato de un solo de baile muy onírico con la música de Stravinsky y otro solo compuesto y tocado al piano por Sylvie Courvoisier, Espectro de una Consagración.  He visto todas las versiones anteriores, incluida la célebre de Maurice Béjart. Si me he atrevido a hacer esto es porque voy a hacer una versión diferente. A la gente le va a gustar o no, pero diferente, es.  Me atrevo a dar algo nuevo, nada que ver con lo que ya está, ni la original de Nijinsky ni la de Pina Bausch. Cada uno tiene su personalidad y yo tengo que dar mi versión flamenca. Es verdad que los que hacemos danza flamenca tenemos una gran capacidad rítmica. Es un reto enorme que me está sirviendo mucho. En mis ratos libres monto lo que se va a hacer. Yo diría que es más que un reto que te permitan bailar con esta música de acuerdo con tus ideas.

TF. En España ¿dónde lo vas a estrenar?

IG. Como no es cosa de festivales flamencos, es una cosa diferente, imagino que lo llevaré al Festival de Danza de los Teatros del Canal de Madrid, donde también va a estar El Amor Brujo en mayo 2020. En París, en enero 2020 reestrenaré  La Consagración en el Teatro de la Ville. Sylvie Courvoisier y Cory Smythe tocarán el piano a cuatro manos. Estoy en un momento de hacer mucho, es lo que toca.  

Me gusta la presentación francesa previa de este espectáculo tan singular: “El flamenco es un arte cálido, rítmico, con esperanza y un cierto terror. Stravinsky inspira a un genio flamenco y a una compositora visionaria contemporánea.”

Haga lo que haga, de lo que no cabe duda es que es diferente. Y se le percibe como tal de principio a fin.

Agradecimiento especial por las bellas Fotografías a Hugo Gumiel

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