Los Canela de San Roque, canela fina

By Teresa Fernandez Herrera

La Sala García Lorca de la Fundación Casa Patas de Madrid es un templo del buen cante flamenco. Por ella han pasado todos los cantaores y cantaoras de todos y cada uno de los puntos geográficos de España. Pero en la noche del viernes 27 de septiembre 2019, noche de comienzo de nuevo curso, noche de comienzo del ciclo sagas flamencas del cante, el ambiente templario fue particularmente intenso. Casi parecía en algunos momentos que estábamos en misa.

Y ese ambiente fue logrado por los registros de voz de los hermanos José y Fernando Segovia Cortés, Canela para el arte, de San Roque, (Cádiz) que se encuentra justo al pié de la roca que Felipe V regaló al Imperio Británico en los albores del siglo XVIII, justo para seguir siendo Felipe V. San Roque se fundó para albergar a los habitantes del peñón que no quisieron, así de repente, convertirse en extranjeros en su tierra. Porque Gibraltar es Cái, lo quieran o no los que allí gobiernan desde entonces. Y ser de Cái marca más que ser del ex Imperio Británico. Dicho queda.

Canela fina. Así fueron los cantes de la García Lorca en las voces de estos hermanos, hijos del gran cantaor Canela de san Roque, que casi parecen dos gotas de agua, pero con voces tan diferentes. Recia y potente la de José, que iba de primero, fina y melódica la de Fernando que no se quedó atrás.  La voz es una cosa y la forma de aplicarla al cante flamenco es siempre algo muy personal, algo que marca estilo, algo que avala la diversidad del cante flamenco, algo que hace de cada cantaor un mundo propio, como así quedó registrado, con los giros melismáticos sostenidos hasta lo imposible y un conocimiento del compás del alta precisión por los Canela de San Roque. Ellos si saben respirar, dar a cada tercio su sitio justo, sin aparentemente esforzarse. Qué calidad de voz y estilo, cada uno a su manera, que nivel de flamencura. Magia del cante jondo, que nadie sabe porqué, sabe transmitir emoción desde unas profundidades sutiles que ningún otro modo de cantar alcanza. Pues esta magia estuvo en la noche del viernes en la García Lorca.

Fue un concierto clásico al cien por cien. Los hermanos estuvieron acompañados por la guitarra sabia del malagueño Rubén Lara y el compás de Noé Barroso y Manuel Salado, maestros de esa clase de compás que es en todo momento protagonista, que se escucha y disfruta, que tiene entidad propia.

José Canela por soleá.

Empezó el mayor, José Canela con un solo por tonás, el cante primigenio, que dejó al personal sin respiración. La enorme solemnidad de la toná fue contrastada por unas alegrías de Cádiz de Fernando Canela en las que estuvo presente hasta el Beni de Cádiz.  Los hermanos siguieron rotándose y ahora fue José, por tarantos, ¡qué tarantos, mi mare! pura sierra de Almería, que contención, pureza y profundidad contagiosa, ahí si que nos puso a todos en un templo del cante. Me faltan palabras. Fernando por soleá culminó la primera parte del concierto, dejando jirones de su elegancia y la exquisitez melódica de su cante.

Fernando Canela por soleá

Tras el intervalo volvió Fernando por malagueñas en las que él supo dejar huella de su antecedente, el fandango de Málaga. Puro sabor a sal y a mar. Y luego José anunció que cantaría por seguiriyas pero alguien desde la sala le pidió que cantara por soleá y por una larga ronda de soleares cantó José y eso fue “gloria bendita,” una frase muy flamenca (y muy conservadora) para decir que un cante, o una serie de cantes son inmejorables.

Así se fueron turnando los hermanos, José por tientos, Fernando por tangos, y al final el quinteto al completo por bulerías, una serie larga de fin de concierto, al estilo de  raíz de los cantes de Cádiz.

Un concierto para grandes gourmets, con el protagonismo de un maestro del cante, con la alforja llena de premios,  última generación de una saga que se remonta a finales del siglo XIX y el su hermano menor, que ya no es discípulo aventajado, sino un auténtico aventajado del cante más puro y brillante. Entre los dos, que tanto monta monta tanto, además de su impronta personal nos dejaron rastros lejanos de gloriosos antecesores, de los jerezanos Juanito Mojama y Manuel Torre y de los sevillanos Tomás y Pastora Pavón. O de sus queridos Manolo Caracol y Camarón de la Isla, todos ellos admirados por los hermanos Canela como maestros.  

Magnífico comienzo del ciclo Sagas Flamencas del cante en la sala García Lorca.

Videos cortesía de la revista DeFlamenco.

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