MÉXICO: Ma. GLORIA CARREON ZAPATA

En Planeta Literario desde México nos acompaña una vez más y a pedido de nuestros lectores “one more time” nuestra querida Poetisa Ma. Gloria Carreón Zapata, la escritora que sólo sabe escribir con el corazón ya que se dedica con gran pasión a “la escritura” además de ser una mujer maravillosa cuya inspiración para ella es la vida misma. 

Ma. Gloria, suele decir que “De la vida he aprendido que nada es fácil, que nuestros propósitos se logran con dolor, esfuerzo y sacrificio”. Consciente de la importancia de la educación y la cultura no desfallece en llegar a todos los rincones del mundo gracias a la magia del internet y pone al alcance de todos su más reciente obra literaria: “Cien lágrimas de amor” libro enriquecido con ese gran manantial que solo Ma. Gloria da cauce cuando se sienta frente al teclado, aderezada lectura con hermosos sentimientos nacidos de su muy amoroso corazón lo que hace de esta obra especial pues, su modo de ser limpio, sencillo, claro así como transparente, lo plasma de manera espléndida en sus brillantes letras las mismas que casi por regla general le cantan al amor y al desamor, aunque a veces nos transporta al suspenso en su espléndida narrativa e inclusive al terror o a una fulminante y virtuosa tragedia en sus cuentos de ciencia ficción, por contradictorio que pueda sonar. De igual forma que en su prosa o sus rimas, nos sacude la consciencia con algunos temas ecológicos, sociales y que, por desgracia, aquejan actualmente al Mundo, en especial a su amado México. Un honor compartir con ella una vez más su arte, todos con derechos reservados.

TIRSO Y SATURIA

Amándonos libremente cobijados con el inmenso manto estrellado Carlos y yo hacíamos planes para desposarnos en poco tiempo. Teníamos cinco años de relación,  nos amábamos tanto que no podíamos vivir más tiempo separados. Yo le acariciaba y besaba sus grandes ojos color marrón que tanto me gustaban mirada tan profunda que me hacía temblar al contemplarle. Tanto es así que su sonrisa me incitaba al beso más ardiente. Me tomó de la mano y mirándome fijamente en un leve susurro me habló en su acostumbrado tono.

— ¿Amor, Isaura, puedes contemplar la inmensidad de agua que tienen los océanos? Tal es ilimitado este amor que por ti siento y no es de ahora no, este amor que siento por ti me dijo, sigue vivo a través de los siglos. Recuerda que en épocas atrás juramos amarnos hasta más allá de la muerte, ¿acaso no lo recuerdas vida mía? Y dentro de mi sentí el corazón desbordar de gozo,  al latir apresuradamente dejó escapar un suspiro sumiéndome en un éxtasis indecible entre lo real y lo fantástico.

De pronto me vi salir de una gran pirámide seguida por tres mujeres indígenas ataviadas con ropajes largos en lo que yo vestía un lujoso y diminuto traje diseñado con caracoles vivos, sentí pavor cuando a mi espalda escuché de pronto la voz de una de ellas.

…– no tema son doce, estos caracoles que cargo en este frasco al igual vivos están  como aquél amor que Tirso y usted se profesaron aquel día…–.

 Sin poder comprender aquellas palabras seguí andando hasta llegar a un enorme patio, mismo qué tenía en la parte de en medio unos códigos desconocidos para mi, que me fue imposible descifrar.

Al llegar me incliné de rodillas, posando mi rostro sobre la madre tierra, y pude escuchar claramente sus gemidos, si, como si se lamentara, me puse de pie consternada sin decir una sola palabra de lo que había escuchado de todas formas me hubiesen juzgado loca nadie me creería. Comencé a danzar con el rostro mirando hacia el cielo y mis brazos extendidos  al momento que se dejó escuchar a los presentes un canto de alabanza y a la vez que se unió a nosotras un grupo de hombres vestidos de negro gritando.

…– TOUDAH, TOUDAH…–. 

Para luego concluida la danza, comenzar el ritual al astro Rey. La misma mujer que llevaba el frasco, se me acercó y destapando el mismo, iba depositando de uno en uno los caracoles en mi mano derecha, al levantar mi brazo para arrojarlos  al astro rey en señal de ofrenda, vi como mi brazo se convertía en una gran antorcha, en tanto seguí lanzando cada uno de ellos en medio de una gran algarabía.

En lo que los hombres a la vez se inclinaban y clamaban.

… –¡Hija del sol, es la hija del Sol…–.

Nuevamente comencé a danzar formando un gran circulo en el cual quedé atrapada.

Concluido el ritual  me dirigí hacia otra de las pirámides que se encontraba frente al gran patio ceremonial seguida de las mujeres. Al entrar quedé horrorizada. Dentro del lugar se encontraban algunas mujeres leprosas,  una mujer tomaba de los cabellos a su acompañante tirándola por el suelo, la cual rodó escalones abajo, no me pude contener y en contra de mi voluntad lancé un grito atemorizada mismo que las hizo voltear hacia la entrada. Al verme estiraban sus manos en señal de súplica gimiendo, no pude soportar más y salí huyendo. Eso fue lo que me hizo despertar de la alucinación.

Después al abrir los ojos vi como Carlos me miraba fijamente como si estuviera viendo un fantasma, no supe en ese instante explicarme la sensación extraña que me hizo sentir, solo supe que le amaba con un amor profundo.

Posteriormente la tierra comenzó a temblar él me abrazó tan fuerte que al caer por el mismo movimiento rodamos sin soltarnos, y un calor abrazador nos consumía al roce de nuestros cuerpos, al momento en que intenté levantarme para auxiliarlo ya que un pedazo de muro caía por su cuerpo, grité pidiendo auxilio más solo un gran silencio nos acompañaba.

 Al acercarme nuevamente a él escuché con tristeza que murmurando me decía,

…-amor mío, te espero más allá de la misma muerte…–.

Grité dirigiéndome al Eterno 

…–¿por qué, por qué me privaba nuevamente de la tan ansiada felicidad?…–.

Loca de dolor me volví, me desgarré las ropas, arañé mi cuerpo ante la impotencia de no poder hacer nada. Mi amor, mi gran amor partía hacia el más allá y yo, desconsolada suplicaba aferrándome a su inerte que no me abandonara.

Me puse de pie, salí corriendo y al hacerlo tropecé con una gran roca que se encontraba a la salida de la puerta deteniendo un pequeño macetero.

 Al tiempo que intenté levantarme, mis manos tocaron algo extraño en el suelo, limpié el polvo con mis manos que cubría algo que parecía una pequeña puerta, con una tapa de hierro oxidado, e intenté levantarla, pero me fue imposible. Regresé al interior de la casa dirigiéndome al cuarto de herramientas, del cual extraje un fierro que usaba el jardinero para excavar en el jardín, y lo metí en medio del acero y poco a poco logré levantar la tapa, pero, no podía creer lo que mis ojos miraban, ¡un pasadizo! 

Me introduje lentamente arrastrando mi delgado cuerpo, al momento recordé que había olvidado la lámpara de nuevo corrí a todo lo que daban mis delgadas piernas  para nuevamente intentar entrar. Ya dentro vi que todo estaba lleno de polvo cubierto con grandes telarañas. Sentí familiar ese sitio, si, ya había estado ahí anteriormente, pero, ¿cuando? si yo desconocía ese lugar.

Algo que colgaba en la gran pared, me llamó la atención, un enorme cuadro coloreado a mano del siglo XIX, en el cual tenía grabado el año de 1868, me fui acercando poco a poco hacia el, y grande fue mi sorpresa, mi amado Carlos  y yo eramos los de la fotografía en la cual más abajo apenas pude leer unas diminutas letras con los nombres de Tirzo y Saturia.

A un lado había un viejo mueble sobre él un pequeño frasco el cual contenía algo de liquido, lo tomé entre mis manos, aun ignorando de que se trataba para después correr hacia el cadáver de mi amado. Sin el no me importaba la vida. Me acomodé a su lado para luego beber hasta la última gota del mortal liquido. Afuera escuché como la lluvia comenzaba a caer sobre el tejado, al momento en que pegué mis labios a los de Carlos, murmurándole al oído.

…– ” Mi amor  nos encontraremos en la siguiente vida” Más allá de la misma muerte…–.

TU FUEGO ME APASIONA.

Quise estar presente en uno de tus inviernos. Cuando la nevisca moje tus suspiros, ser leña y arder entre tus brazos en medio de la hoguera, amartelados, escuchar el crepitar de nuestros cuerpos quemándose de pasión. Y después, renacer triunfantes de entre las cenizas a una vida nueva.

Más la greda tembló quebrándose entre peñas y enmudeció de ira. Mi corazón se encogió de hastío, cuando el secreto demandó reclamando sus derechos;
y tú, sin darte cuenta como mi cuerpo yerto de frío expiraba, y a la vez era azotado por la brisa, temblando de impotencia, de sed, de hambre de ti.

En el tiempo en que el sosiego se hizo eterno , y brotó una llama de esperanza por tenerte en mi regazo, vida. En aquel otoño en que las hojas ocre rodaron silenciosas a tu puerta, me brindaste tu calor, de pronto surgió una diminuta luz de felicidad e iluminó el rocío de la mañana;
y el sentimiento fue creciendo como el fuego que penetra y calcina hasta la médula de los huesos, implorando compasión me bebí de un sorbo los lindes de tu último invierno, y me faltó un verano.

Fue cuando amamantaste mis suspiros libando de mi boca las mieles de mis besos guardados solo para ti, aquella vez contemplamos juntos el horizonte y entre relámpagos y truenos nos fundimos los dos.
Un otoño que duró lo que dura un silencio confundido con el tañer del bronce, que anunciaba el desenlace.

Y ahora; solo me queda la dicha de haberte amado, y en lontananza ardo lentamente sola de deseo por ti, por tenerte a mi lado, más el amor se posó sobre la cima del sepulcro.

Y entre sollozos y ecos aleteaba sin dejar de lado ese delirio loco del fuego que contiene tu mirada, chispa que enciende mis locuras. Por quererte y adorarte mi bien amado. Sin darme cuenta anocheció y hoy te llevo aprisionado en mi recuerdo, como el deseo del pensamiento se lleva entre el vaivén en su rosar al viento. Es por eso y más que tu fuego corre por mis venas, me apasiona, me aprisiona y poco a poco me consume el alma.

UN ÁNGEL VIVO ENTRE TANTO MUERTO

Ni leyenda ni cuento;
tiene su carita triste y su mirada ausente;
muere por dentro huérfano de afecto
en tardes de estío tiembla de hambre
y va muriendo de frío.

Descalzo deambula con sus piecesitos tiesos,
negros o morados y en su cuello un escapulario;
huele a soledad le asecha el peligro,
nos mira fijamente adentrándose en nuestra mente.

Se viste de harapos que desecha el rico,
de esa gente que acumula plata,
y creen que con golpearse el tórax
quedan purificados, pobres,
ignoran qué ya están condenados.

Y lo dijo Cristo en sus sagradas escrituras.
“Amaos los unos a los otros como yo os he amado”
no confundamos seres humanos,
nunca dijo, odiense los unos a los otros
como yo los he odiado.

Ni leyenda ni cuento
lo vi entre la gente con mirada ausente,
buscaba en la nada algún sobreviviente
dándose cuenta que los seres humanos
muertos estaban,
y solo deambulaban con los bolsillos llenos
y vacíos por dentro.

Ni leyenda ni cuento
era un ángel vivo entre tanto muerto.

¡NO, A LA COMPRA DE DIPLOMAS!

Jactarse de un diploma mal nacido
un hecho vergonzoso y deshonesto
más vale ser un poeta modesto
y no vate corrupto y engreído.

Quien para obtener alguna licencia
vende la dignidad hasta el talento
mejor transcriba lo que lleva dentro
de ese modo limpiamos la conciencia.

Papel ni títulos forman poetas
con talento se nace y satisface
por favor la corruptela rechace
al soborno di ¡no! no te sometas.

Permita que la satisfacción sea
por mérito propio a su gran talento
no caiga, no, en el envilecimiento
diploma comprado un perfil afea.

Autora: Mas. Gloria Carreón Zapata.
Imagen de Raquel Rueda Bohórquez.

Victor Jara

Hoy los poetas te cantan
con una flor en la mano
en homenaje mi hermano
este día su voz levantan.
En gran protesta se plantan
de Chile a la gran Bretaña
particularmente España
hoy sus banderas levantan.
Sus fuertes voces imantan
que hasta el cerúleo se empaña.

¿PORQUÉ SE MUERE EL POETA?

¿Por qué se muere el poeta?
de Dios, es iluminado
amor al mundo ha brindado
tanta falta hace al planeta,

Sus cantigas de protesta
exhortan a hacer conciencia
en contra de la violencia
la concordia a diario gesta.

Y sin obtener respuesta
sigue escribiendo sus versos
en contra de los perversos
sacudiéndoles la testa.

De versos hace una orquesta
canta al amor y al desamor
al campesino y a la flor
vivir en paz es su propuesta.

Fotografía de Garcia Lorca Tomada de la web.

DESTELLO DE LUZ.

A la luz de tu mirada bailotea la ilusión
mi espíritu se siente boyante de tenerte
bendito Dios, que me hizo conocerte
eres tú mi bien, de mi vida la pasión.

Al fulgor de la aurora la esperanza aflora
un ápice de luz ilumina mi vivir cuando estoy a tu lado
la morriña se evapora y tu corazón invado
venerable luz de nuestro sentimiento guiadora

La promesa llevo atada a mi cintura
sonríe el recuerdo divagando en silencio
a amarme cada día más y más te sentencio
amo de tu tierna alma su blancura.

Por este casto sentimiento pierdo la cordura
en concento nuestras almas cantan al amor
en eterno juramento damos gracias al Creador
por disfrutar de la vida su romántica dulzura.

A Juan Vicente Rodriguez.

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