ESPAÑA – MARRUECOS: ALBERTO MRTEH

En Planeta Literario desde España – Marruecos nos acompaña a pedido de nuestros lectores un gran escritor Alberto Mrteh, quien nos hace sentir a gusto cuando le leemos ya que nos nos hace viajar y hasta nos emociona con lo que mejor sabe hacer, escribir desde el alma.

Alberto, a quien gustaba muchísimo de ver películas clásicas porque ansiaba convertirse en director de cine que por diversos motivos no pudo concretar, sin embargo, logro estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de Zaragoza y que en periodos estivales realizaba todo tipo de trabajos de forma puntual y fue en el cuarto curso que su entorno se lleno de extranjeros sobre todo de italianos, que estaban de Erasmus, disparando su interés por viajar fuera por lo que reaiza su último curso de estudios en Suecia – ciudad de Göteborg.

A su regreso a España se desempeña como Ingeniero por más de ocho años, sin embargo, afirma: “nunca llegué a sentirme cómodo allí, la ciudad me resultaba poco motivadora, pero disfruté de ese tiempo que me permitió desarrollarme profesionalmente, viajar a menudo a otros países y apasionarme por los idiomas, estudiando alemán, francés e italiano”. Época en la que sentía que su vida se normalizaba, aprendiendo a nadar, viajar en vacaciones, las primeras relaciones sentimentales y apuntándose a un curso de Árabe lo que le resulto fascinante, inaugurando su enorme interés por Marruecos y su cultura a todos los niveles. Así mismo se muda a Jaén España cuya estancia fue breve y poco satisfactoria, se trató sin duda tan solo (como si fuera poco) de un año bisagra del que salió con el objetivo de Mudarse a vivir a Marruecos en donde con gran fortuna consigue trabajo allí como Ingeniero en Kenitra, a 40km. de Rabat y que durante los 3 años que estuvo en dicha fábrica aprovecha cada momento libre para viajar por cada rincón de Marruecos, sintiendo que por fin había encontrado su sitio en el mundo.

Lector desde niño y de adolescente devoró libros como: “En el camino de Jack Kerouac, soñando con ser uno de esos chavales, y a escondidas leí Santa María de las flores de Jean Genet, sintiendo que no estaba solo en el mundo. De joven, navegué por las novelas de William Faulkner fascinado por su capacidad de hacer sentir que algo terrible estaba ocurriendo. Albert Camus me enseñó a ser mejor persona, o eso espero. Al interesarme por Marruecos conocí a distintos autores relacionados con ese país, desde Paul Bowles, al que recuerdo cada vez que visito Fez, hasta Rachid O. y Abdellah Taia, escritores con los que sentí gran afinidad, sin olvidar a Mohamed Mrabet, que me divirtió con su vitalista actitud y sobre todo a Mohamed Choukri, cuya sola lectura del primer capítulo de El pan a secas me pareció motivo suficiente para vivir en Marruecos. Y por encima de todos, Henry Miller, influencia en la forma de respirar la vida. Cada vez que leo algo de él, sé que haré alguna locura bajo en efecto embriagador de sus palabras”. -Afirma Alberto-

Al término de su relación profesional con dicha empresa en Marruecos decide tomarse un año sabático para dedicarlo a lo que siempre quiso que por falta de tiempo no logro “Escribir” y terminar una novela sobre la que llevaba tiempo tomando notas acerca del hammam marroquí adoptando un nuevo apellido que refleja mi sentimiento en Marruecos, Alberto Mrteh, (significa a gusto). No es un nombre artístico, es un nuevo nombre para una nueva persona. A continuación algunas obras de Alberto Marteh..todos derechos reservados.

EL PESADO EQUIPAJE DE MOHAMED SERBOU

La última mañana de mi visita tangerina me levanté temprano para ver el amanecer sobre la playa, como si fuera la última oportunidad de mi vida. La intensa niebla me permitió únicamente ver cómo jugaban al fútbol unos chavales sobre la arena. Caminé decepcionado por la orilla hasta que se acercó un señor pequeñito a saludarme. Mi limitado dariya me permitía tan solo dar los buenos días, pedir café y, salvo el nueve, contar del uno al diez.

-Buenos días.           -Salam alikum.                                         سلام عليكم

-Buenas, ¿cómo te llamas?      -Salam, shnnu smitek?           سلامو شنّو سمتك؟

-Yo, Mohamed, ¿y tú?    -Ana Mohamed, u antina?                 أنا محمد, وأنتين؟

-Yo, Alberto, ¿quieres té?    -Ana Alberto, briti atei?            أنا البيرطو, بغيت اتاي؟

Nuestra charla en el Café Panorama avanzaba torpemente. Mohamed traducía al francés para ayudarme. Finalmente supe que su familia procedía de un poblado cercano a Shefshauen. Ambos amábamos la montaña, así que me invitó a que fuéramos juntos. Pretendía que dejara el desayuno a medias y montáramos de inmediato en algún autobús que fuera hacia allí. Pude excusarme gracias a mi vuelo de regreso esa tarde. Cuando nos despedimos, dijo que se quedaría en la playa porque su bebé recién nacido no dejaba de llorar y lo imitaba cerrando los ojos y gritando en medio del paseo.

Cuando algún día le llamaba para saber cómo estaba, me invitaba siempre a visitar su casa. Y así hice en las siguientes navidades. Quedamos en el céntrico Café de Paris, cuya fama desconocía Mohamed. En el salón de su casa, situada más allá de la plaza de toros, nos esperaban sus cinco hijos, su hermano Hassan y un plato de cuscús coronado con un pollo entero. Por la forma de reaccionar de los chicos, me pareció que no era habitual esa abundancia. La mesa les llamaba la atención más que el propio extranjero.

Madrugamos para hacer nuestra ruta de senderismo. En mi mochila llevaba ropa para el frío, el calor, la lluvia y el viento, calzado de repuesto, una cámara de fotos, un libro, gorra, crema solar y comida para dos días. Mohamed salió de casa sin equipaje, apenas unas ramitas de shiba para el té. En el autobús que nos llevaba a Shefshauen tuve que permanecer en silencio porque él pretendía así evitar el sobrecoste para turistas. Llamaba a su pueblo Rueda, pero ningún cartel lo anunció con ese nombre.

Había supuesto que conocería la ruta que nos llevara a la cumbre de alguna montaña del Talassemtan, pero tan pronto como nos pusimos en marcha me pidió que guiara yo. No daba crédito a su propuesta. Era mi primera vez allí, pero Mohamed repetía que iríamos donde quisiera el invitado. Caminamos hasta la loma de la colina más cercana y, por fortuna, ya desde allí el panorama era espléndido. Me olvidé de la idea inicial de hacer una gran caminata y nos limitamos a deambular tranquilamente. El esfuerzo se concentraba en conseguir comunicarnos. Él me hablaba de sus padres fallecidos, de los olivos de un terreno cercano y me invitaba a volver en junio, cuando las higueras desprenden su intenso olor. Justificaba así que es el mejor mes para descubrir Marruecos.

Tras el paseo, de vuelta a la casa familiar, me muestra cada rincón antes de cenar: el patio interior encalado, las oscuras habitaciones, el pozo de agua, el horno donde preparaban el pan y la estrecha cocina. La visita le silencia y humedece sus ojos. A mayor valor de la estancia, más insiste en que lo fotografíe. Aquellos lugares le fuerzan a recordar la muerte de su madre hace apenas unos meses, según me aclara finalmente. Delante de la estantería donde aún descansan la olla, los vasos y la tetera, donde parece que ayer mismo alguien colocaba con temblor el menaje, repite que ese era el rincón de su madre y se echa a llorar como un niño. Pero no resulta incómodo ver cómo alguien se emociona cuando en el corazón ya es como un hermano.

A la mañana siguiente, lo veo desde el camastro donde descanso. Está rezando en el patio acariciado por las primeras luces del alba. Me gustaría decirle que ya me he despertado, pero mi escaso conocimiento del idioma no me lo permite. En medio de la nada, mi estómago me dicta que busque en la Naturaleza una pauta que imitar. Por fin lanzo un sonoro cacareo que hace que venga corriendo hasta la cama. —Sbah ljir, aji. —Buenos días, hermano—. De regreso a Tánger, Mohamed no para de hablar. Se muestra alegre. Siento que ha descargado su pesado equipaje.

Asi mismo podemos disfrutar y viajar con Alberto Mrteh haciendo click en los siguientes títulos a continuación :

La banalización de lo prohibido Aisha Candisha vendrá hoy a por ti Regreso a casa de Meriam Jilali Gharbaoui, búsqueda de la luz La Merzuga de tus sueños El esplendor de Tamisida  El hombre de Armed Entre otros muchísimos títulos que se encuentra en su blog El zoco del escriba, https://elzocodelescriba.com/ con relatos y artículos que él mismo, nuestro escritor invitado Alberto Mrteh publica semanalmente con imágenes propias y mucho más….

Alberto Mrteh https://www.facebook.com/AlbertoMrteh/ (facebook) @AlbertoMrteh (Twitter)

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