LA DESGRACIA JOVEN (II)

-Si pudiera, volver quisiera,/ las mismas cosas que me dio la juventud./ El mismo amor, las mismas ansias,/ esas voces, las primeras,/ que se llenaron de distancia…”.

Parte de la letra de “Quinto año”, un tango escasamente difundido de Osvaldo Tarantino y Juanca Tavera: era el tema que más le pedían a aquel cantor delgado, prolijo y jovencísimo que Osvaldo Pugliese incorporó a su orquesta para acompañar al veterano Abel Córdoba; apenas tenía quince dorados años.

Adrián Nicolás Guida –nacido en Boedo el 26 de marzo de 1965- comenzó a cantar tangos de pantalones cortos e impulsado por su padre, Ángel, en los studs de Palermo, donde lo vio Nelly Omar, quien quedó impresionada por la calidad vocal de ese chiquilín tan tierno y afinado. Después vinieron, siempre acompañado por la guitarra de Toto Serrano, un amigo de la familia, los escenarios de barrio y bailes y fiestas de familia.

Pero lo esperaban la gloria y el drama, extremos de la vida que no podía siquiera imaginar. Durante 1977 y 1978 participó de varios concursos televisivos, incluido el de “Grandes Valores del Tango”, que ganó con un tema clásico: “Bailarín compadrito”. Este éxito llamó la atención de don Osvaldo Pugliese, empeñado entonces en llevar savia nueva a su orquesta. Sin embargo, no lo llamó de inmediato: lo siguió en posteriores actuaciones en “La casa de Carlos Gardel” y el club “Mariano Moreno” y recién lo contrató a principios de 1980; ese mismo año Adrián grabó su primer disco con el tango “Quinto año”, todo un hallazgo, que le regaló la admiración general. Con Córdoba aprendió a cantar a dúo, haciendo recreaciones de “Milonga para Gardel”, “Aquel encuentro” y la parte final de “La cumparsita”. Como solista tuvo, pese a su corta trayectoria, éxitos que Pugliese sumó a su repertorio fijo: “Almagro”, “Vieja amiga”, “Volver”, “Contame una historia”, “Bailemos” y el ya referido “Quinto año”.

Su madrina artística fue Nelly Vázquez –cantante que se la recuerda con Troilo pero que también grabó con Pugliese y Piazzolla- quien quedó impresionada al oírlo cantar deliciosamente un complejo tema de 1927, “La reja”, del cual existen tres versiones de Carlos Gardel (¡como para impresionar al más pintado¡). Al avanzar su carrera, Adrián llegó a ser comparado, por el timbre de voz y algunas inflexiones y pausas, nada menos que con Alberto Morán y Raúl Berón. El historiador José Pedro Aresi escribió: “Fue un purrete de cristal que se transformó en golondrina de otoño (…) y que, como bien dijo alguien que no recuerdo, tenía una voz clara y comunicativa, enraizada en los grandes cantores el cuarenta”.

Adrián Guida acompañó a Pugliese hasta que la muerte lo trampeó muy temprano y le hizo la zancadilla definitiva; actuó, grabó y recorrió el mundo junto al maestro: nadie ha olvidado aquellas dos presentaciones, la última lamentablemente premonitoria, cerrando el Festival de Joventango en Montevideo, los años de 1993 y 1994, en un teatro Solís repleto de fieles seguidores.

Más allá de su juventud, fue un estudioso. Lo prueba una anécdota contada por un amigo suyo, argentino, con el cual se encontró en Amsterdam, durante una de las tantas giras de la orquesta: estaban almorzando en un restorán céntrico y al amigo le dio por “buscarle la vuelta” con una pregunta: -¿Te acordás qué tango canta Gardel en el documental que el año pasado hizo sobre El Mago aquí, en Holanda, Chuny Duysis? Adrián, que estaba junto a Abel Córdoba y el bandoneonista Fabio La Pinta, dudó unos segundos y enseguida cantó: “Tango triste, tango rante de mis tiempos de caferatas…/ Yo conozco tu pasado, yo conozco tu traición./ Los malevos no te miran con los mismos ojos de antes/ porque fue tu cuna el bajo, y el lujo tu seducción”. Ahí surgió la voz de Córdoba y juntos concluyeron ese antiquísimo tema del repertorio gardeliano, “Reproche”, relativamente poco conocido; de inmediato, los comensales los premiaron con un entusiasta e inesperado aplauso.

El 12 de diciembre de 1994, mientras actuaba en “La Casa Blanca” de San Telmo con un sexteto integrado por varios de sus compañeros de la orquesta de Pugliese –que les permitía tales licencias- se sintió indispuesto y lo internaron con urgencia; no hubo remedio y falleció a las pocas horas. Se habló de un edema pulmonar, aunque las dudas sobre la causa de la muerte perduran hasta hoy.

El pibe de cristal voló quién sabe a qué destino.

Alguna vez confesó, avergonzado: -Pensar que cantaba en mi casa, con mi viejo, y de pronto estaba al lado de Pugliese. ¿Te imaginás?

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