Lole Montoya. La leyenda vive

By Teresa Fernandez Herrera

Volví a ver a Lole Montoya el viernes 29 de noviembre en la sala García Lorca de la Fundación Casa Patas, casi en la hora duende o al menos el duende ya estaba allí. El concierto fue un derroche de aromas orientales y poemas musicales, un recuerdo que nos traía las flores más bellas y mariposas blancas de las que ella era la reina. Susurros de historia, lugares donde nacen los recuerdos, donde los rosales mueren porque un clavel había muerto de soledad entre cañaverales y arroyos. Y en todo ello estaba el poeta, primero el hombre, siempre el poeta, que sin estar estuvo ahí todita la noche, ay que sí, que sí que no, que nadie te quiere como te quiero yo. Asomó Federico por el río Guadalquivir que fluye entre Sevilla y Triana, casi nos hizo llorar con esa joya llamada “Dime”, dime si me has mentido alguna vez, dime…Siempre estuvo el nuevo día, aquel Nuevo día de dos jóvenes y bellísimos gitanos enamorados, que incorporaron un nuevo flamenco a una ya larga historia, con otros sones, otras influencias, otras letras nunca oídas antes, letras que ya forman parte de la gran historia de la poesía.

Allí estuvo Lole Montoya en carne, hueso y voz, pero también estuvo Manuel Molina con sus canciones. Y allí estuvo la guitarra de Joselito Acedo, la guitarra que sigue vinculada a esa familia desde hace muchos años. Joselito estuvo con Manuel, fue su discípulo, aprendió a tocar como él. Y después y hasta ahora está con Lole y está con la mejor creación de ambos, Alba Molina Montoya.

Un concierto diferente, como lo son todos los de Lole Montoya. Y es que de raza le viene al galgo. Lole viene de una familia de bailaores y cantaoras. Sus padres fueron el bailaor trianero Juan Montoya y la cantaora Antonia Rodríguez la Negra nacida en Orán, radicada en Tánger y en Triana, de donde le viene a la familia el amor por los cantos árabes. El grupo La Familia Montoya fue una de las revoluciones de los setenta. La Negra se fue hace poco, en marzo del año pasado, pero su huella está en los cantes de Lole y en los de su nieta Alba.

Que Lole y Manuel Molina , hijo del guitarrista algecireño El Encajero se conocieran en Triana tras haber recorrido caminos diferentes era como algo predeterminado. Alguien tenía que introducir un cambio en el flamenco en una época de grandes cambios y ellos, voz y guitarra, dieron los primeros pasos por el nuevo flamenco, crearon ese Nuevo día. Se separaron tras más de veinte años de amor y arte compartidos. Pero no del todo.

Porque hasta hoy, más de veinticinco años después de aquella ruptura, Lole Montoya sigue dando conciertos en los que aquellas canciones que forman parte de la historia de su vida, de sus recuerdos, siguen ahí, emocionando como entonces, acompañada de un guitarrista que como ningún otro recuerda a Manuel.

Joselito Acedo, también de Triana, es miembro de una ilustre dinastía flamenca de guitarristas, hijo de José Acedo, sobrino de Rafael Riqueni, nominado a los Grammy Latino y otros premios. Para él, el Nuevo Flamenco son Camarón de la Isla, Paco de Lucía y Lole y Manuel y lo sigue siendo con la nueva revolución de Lole. Él solo merece un artículo, pero eso será otro día.

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