EL ESTILO PUGLIESE

By Antonio Pippo

Tal vez, apelando a una idea simple para simplificar una cuestión compleja, la mejor síntesis la haya dado el propio Osvaldo Pugliese a Horacio Ferrer: -Lo criollo es hermano de lo porteño. Cuando el tango pierde de vista lo criollo, se lo devoran lo norteamericano y lo europeo.

Es que definir el “estilo Pugliese” –el músico más influyente, junto a Piazzolla, entre las nuevas generaciones- siempre ha sido difícil. Para empezar a entender lo complicado de la tarea es bueno recordar lo que Juan José Mosalini, antiguo bandoneonista de la orquesta de don Osvaldo, contó a Fabrice Hatem, de “La salida”, una revista francesa: -Yo creía, un poco ingenuamente, que él había desarrollado una especie de fórmula química muy precisa. Hasta que un día le pregunté y él me respondió con gran sencillez: “Si tengo un estilo, la verdad es que nunca me di cuenta”. Bueno, para mí, eso, precisamente, es tener estilo.

Obviamente, en palabras ahora de la investigadora Irene Amuchástegui, ese estilo no brotó de la nada, ni se esfumó con el último concierto de la orquesta: “Con la perspectiva que ofrece más de un siglo de historia del tango, es posible analizar de qué modo el estilo Pugliese es anterior a Pugliese mismo y, desde luego, posterior a la trayectoria de su orquesta, como forma independizada de ésta”. Al respecto, hay un consenso sólido y clarificador; el sonido de Pugliese abrevia, se nutre, de algún modo parte del concepto musical impuesto por Julio De Caro, desarrollado con su sexteto desde 1924, curiosamente el año en que “su mejor alumno”, don Osvaldo, con 19 años, creaba una de sus obras más trascendentes: Recuerdo. Pero la mayoría de quienes han estudiado esta influencia decareana, coinciden en que quien más incidió en el autor de La yumba fue el pianista de aquel sexteto, Francisco De Caro, hermano de Julio, un gran arreglador y un exquisito de las armonizaciones y los solos rotativos destacando los distintos timbres instrumentales. Pugliese, además, extrajo mucho jugo del aporte de los dos grandes bandoneonistas de De Caro, Pedro Maffia y Pedro Láurenz, expertos en variaciones y en dejar espacio al recorte de los violines. En honor a la verdad, y muchos e irreprochables testimonios que han quedado para la historia, hay que decir que Pugliese también tomó armonizaciones de su gran amigo Alfredito Gobbi, “el violín romántico del tango”, el hijo nacido en París del sanducero Alfredo Eusebio Gobbi, pionero en la conquista de Europa por el tango.

Julio de Caro

El propio Pugliese dio pistas muy claras en un reportaje concedido a Arturo Marcos Lozza, previo a su debut en el teatro Colón en 1985: -Partimos de la etapa de Julio De Caro. Yo, de joven, viví esa etapa. No la viví escuchándola, la viví. Se deduce que tenía que haber una superación. No porque yo me la hubiera impuesto, no. Vino sola, por una necesidad específica, en gran medida interna, espiritual. Por ejemplo, los norteamericanos en el jazz hacen una marcación dinámica, monocorde (…) El tango, en cambio, tiene una característica procedente del folclore pampeano, que es el arrastre, muy aplicado por la escuela de De Caro, por Di Sarli y por nosotros también. De Caro acentuó el primer y tercer tiempo de cada compás, en algunos casos con arrastre.  Nosotros hemos hecho la combinación de las dos cosas: la marcación del primer y tercer tiempo y luego el arrastre percusivo, que es lo que sacude.

Para el investigador Eduardo Lagos, lo de Pugliese, pese a que siempre dio la imagen de una continuidad, se arma en dos etapas: una inicial con menos potencia rítmica y otra, la que todos reconocen, que a su juicio comienza con la trilogía de Malandraca, Negracha y, esencialmente, La yumba, título onomatopéyico del tango que mejor lo representa: “Él llevó la acentuación de los tiempos impares a un extremo no igualado, con ese arrastre, como si se corriera un mueble pesado cada vez, o si se cayera la estantería dos veces por compás, como ha dicho más de una vez. Acuciado por conferir al tango una potencia rítmica no originada en parches ni otros instrumentos de percusión, quiso traducir a la música una asociación mental que lo acompañó siempre”.

Eso sí. Jamás se desentendió del baile. Con relativa exageración se ha dicho que su premisa fue siempre mirar los pies de los bailarines.

Algo es cierto. Todavía hoy, la música de Pugliese se inicia y de inmediato se funde sensualmente con la pareja que va a bailar –entre la contención y el estallido, dijera un amigo-, y una resolución final que conmueve.

A continuación 35min. de los mejores temas de O. Pugliese

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