PARA CAER DE ESPALDAS

Mario Soto

Dos tímidas muchachitas de barrio, poco agraciadas, solían hacer “la eterna plancha” en una milonga al Sur de Barracas: aunque parezca increíble, observándolas repetidas noches, Mario Soto –nacido en La Plata el 20 de agosto de 1912 y fallecido en la misma ciudad el 20 de abril de 1995- se inspiró para iniciar la letra de uno de los tangos más populares y perdurables: “Pasional”, con música de Jorge Caldara, bandoneonista de don Osvaldo Pugliese, creado a mediados de 1951.

Y puede parecer increíble, porque la triste peripecia de las dos tímidas jovencitas brota, en realidad, como una suerte de “contracara” de ese tema tan dramático: “No sabrás,/ nunca sabrás/ lo que es morir mil veces de ansiedad;/ no podrás nunca entender/ lo que es amar y enloquecer…”.

Soto, ya de niño, sintió inclinación por la poesía y con frecuencia lo convocaban en su escuela para recitar durante las fiestas. Siendo adolescente comenzó a escribir versos de su autoría y armó su propio grupo teatral, en el cual, además, se reservó siempre el romántico papel principal. Su aproximación a la fama, por efímera que haya sido, se produjo en 1930, cuando, instalado en Buenos Aires, conoció al músico Alfredo Attadía, con quien compondría varios temas y que lo puso en contacto con el director Ángel D’Agostino, en cuya orquesta cantaba entonces el inolvidable Ángel Vargas, y quedó contratado como presentador –se decía en la época “glosador”- oficial. D’Agostino le grabó sus dos primeras composiciones, musicalizadas por Attadía: la milonga “Compadreando” y el tango “Yacaré”. La luz del éxito se encendió en 1949, cuando Soto pasó a desempeñar la misma función para Osvaldo Pugliese. La anécdota de aquellas chiquilinas y su amistad con Caldara produjeron, en un tiempo escasamente favorable para la música popular ciudadana, el impacto de “Pasional”, con una versión impresionante del maestro de Villa Crespo y la voz de Alberto Morán.

Mario Soto hizo la letra de varios tangos, pero el impacto de “Pasional” los devoró: “A decir verdad, es triste, pero no me puedo quejar: desde que salió el disco de Pugliese con Morán he vivido, y bastante bien, exclusivamente de los derechos de ese tema”.

Pero Soto fue un inquieto hombre del arte popular. Promediando la década de 1960 viajó por Europa y se radicó en España, donde trabajó con numerosas compañías y en diversos sitios de prestigio como actor y poeta. Recién regresó a su patria en 1988, con la salud quebrantada, para hallar otra vez el amparo perdurable de la vieja casa natal en La Plata. Murió a los 82 años de edad.

Bien, esta recordación podría acabar aquí. Sin embargo, yo no sería justo con los lectores, ni conmigo, si les privara del relato de una circunstancia que, por culpa de “Pasional”, vivió mi madre y de la cual fui inocente testigo al final de mi niñez.

Vivíamos en San José de Mayo. Mamá trabajaba como locutora y productora de la radio local, de gran repercusión regional en años sin televisión. Ella había creado, con dos compañeros de trabajo, un programa que fue pionero en el país: “Cartas con grabaciones”. La gente enviaba misivas con dedicatorias diversas de tangos, milongas y valses, y hasta algo de folclore. Cuando llegaban, se seleccionaban para cada día y se cumplían los pedidos. Una noche, mamá leyó una carta: “De Florinda, de Carreta Quemada, para Agustín del barrio Industrial de San José. Con amor, el tango “Pasional”. Y salió al aire “Pasional”, cómo no.

A los pocos minutos de finalizado, un compañero le hizo desesperadas señas para pedir un corte y salir de la mesa de operaciones.

-Pero… ¿qué pasa?

-Estela, hay una llamada… Perdoná, pero la tenés que atender vos…

Mamá así lo hizo y oyó una voz de mujer que le dijo: -Mire, habla Graciela, la esposa de Agustín, a quien recién le dedicaron un tanguito… Yo sé que usted no tiene la culpa, pero le pido que le diga a esa Florinda que se meta “Pasional” donde mejor le quepa… Y además que no moleste más: mi marido murió esta mañana de un infarto y lo estamos velando. Buenas noches.

Una semana les llevó a los compañeros y al mismísimo director de la emisora convencer a mi madre para que volviera a conducir la audición. Eso sí: nunca, nunca la hizo con la misma frescura.

Esto es absolutamente verídico y, aunque no es la primera vez que lo cuento, me sigue llevando a una reflexión: ¡las cosas insólitas que han ocurrido a lo largo de décadas y décadas por culpa… ¿culpa?, no, no… por ser el tango un reflejo tan fiel de todas las imperfecciones de la vida!    

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