“Lorca x Bach” de Shoji Kojima: Una joya en el Festival de Jerez

Teresa Fernandez Herrera

Shoji Kojima, bailaor y coreógrafo japonés no es la nota exótica en el Festival de Jerez. Ha estado en 2011, 2014, 2016, 2018 y 2020. Es un japonés tan español como el que más. Él solo justifica una realidad. Que Japón es la segunda potencia flamenca mundial después de España.

Ha estudiado música, ópera, ballet clásico, danza moderna y flamenco. Estudió nada menos que en la academia madrileña Amor de Dios. Ha formado parte de la Compañía Nacional de Ballet de España, ha bailado en los tablaos Los Gallos de Sevilla y la Taberna Gitana de Málaga, ha participado en el Potaje Gitano de Utrera en homenaje a Manolo Caracol y cuando los príncipes Akihito y Michiko vinieron a España fue invitado por la Casa Real a bailar para ellos en el Alcázar de Sevilla. Además de en Jerez ha actuado en los festivales Ciutat Vella y de la Guitarra de Barcelona. Ha sido premiado tanto en España como en Japón.

Desde 1976 tiene su propio estudio en Tokio. Produce un espectáculo anual en el que siempre participan artistas españoles. Es raro el flamenco que no ha actuado en la compañía de Shoji Kojima. En España es tan conocido por el público que frecuenta el flamenco como cualquier otro nacido aquí.

¿Qué es Lorca x Bach? En sus palabras, es una especie de limbo ucrónico donde habita su alma. No es una fusión de música de Bach y palos flamencos. Es una integración de ambas músicas, la una en la otra, de forma independiente. Kojima es un enamorado de Bach y de Lorca y no es casualidad que los reúna en un espectáculo. Lorca era un seguidor de la música clásica y barroca y desde que llegó a Madrid en 1919, no se perdía un concierto. Bach era uno de sus compositores favoritos como lo es de Kojima, quién en este espectáculo, estreno absoluto en el Festival de Jerez 2020,   está también rememorando un aspecto de Lorca  no muy conocido por el gran público. Lorca adoraba a Bach y Shoji Kojima ha integrado a ambos en este espectáculo complejo y bellísimo.

Lorca x Bach está integrado en tres partes: Las ciudades del alma, un recorrido onírico de la biografía de Lorca, fruto de una inspiración que Kojima sintió en la casa de Bach en Leipzig; de pronto se sintió en el barranco de Víznar y allí junto al cadáver imaginado de Federico, revivió su propia historia de niño derrotado de la Segunda Guerra Mundial.

Todo empieza en Lepzig en 2019, como primera de las Ciudades del alma. Sobre la música de la Tocata y Fuga, un coro de niños canta Apartaos tristes sombras/frío y viento, cesad! Y un corro de niños abre una especie de círculo mágico que se cerrará al final.

Ciudades del alma: Granada 1922, Poema del cante jondo. Nueva York y La Habana 1928/30, Poeta en Nueva York. Madrid 1934, Sonetos del amor oscuro. Viznar y Alfácar 1936, Diván del Tamarit, Durmiendo el sueño de las manzanas. Un dúo de danza vestidos de rojo sangre evoluciona sobre variaciones de Bach seguidas de un silencio de muerte. Luego un cuarteto y un sexteto de baile cierran la tragedia.

Fuente Vaqueros 1898, Tu niñez, ya fábula de fuentes. Un recorrido por la biografía lorquiana terminando en su lugar de nacimiento en 1898.  Hay un leit motiv recurrente en esta parte: La Tarara, canción infantil cantada por voces jóvenes de la Escolanía de Jerez que suena sobre la música de Bach. Cada ciudad tiene su baile, pero El amor oscuro bailado por Christian Lozano y José Maldonado, hoy, que una relación entre dos personas del mismo sexo es aceptada por casi todos, tiene además de belleza, la resonancia dramática de haber vivido y muerto antes de su tiempo. Los silencios tan corpóreos como los sonidos, trasladan muy descriptivamente de una fase a otra de la vida y martirio del poeta granadino, ya sea por taranto, por soleá apolá, romance o caña.

¿Cómo sería el flamenco hoy, si Federico García Lorca no hubiera existido? No es una pregunta baladí.

La segunda parte es la Suite Bach – Flamenco. Las músicas del maestro alemán del siglo XVIII instrumentadas por guitarra, piano, violonchelo y percusiones componen una obra única de danza y música, basadas en variaciones de suites barrocas que permiten la incorporación del baile flamenco, de la danza clásica española y de la escuela bolera, apoyadas por los cantes puntuales de El Londro y Diana Navarro. Así alcanza su mayor expresividad la danza de tangos sobre Preludio/Alemanda, la vidalita sobre Plainte, el garrotín sobre una Fuga, la farruca sobre un Adagio, el zapateado sobre una Badinerie y la maravilla de Las leyendas sin tiempo asociadas a una Giga. ¿Cómo se coordinan estas variaciones barrocas alemanas con un baile en principio tan ajeno a ellas? Arte, duende, mucho trabajo de encaje, mucha experiencia y profesionalidad y un equipo de artistas de lujo. La dirección de Javier Latorre y Chicuelo logran que un japonés baile por taranto en Leipzig. Se trata de lenguajes universales. La iluminación feérica en todo el proceso escénico, crea una ambientación en otras dimensiones.

En la última parte, Arte y Geometría del Duende, reina el cante jondo como expresión de la oscuridad y la luz de los sentimientos más extremos de este encuentro entre Lorca y Bach. Ese baile por taranto que inicia Shoji Kojima, vestido de mujer enlutada, con movimientos lentos, dramáticos, íntimos sobre la Tocata y Fuga que ahora cierra el círculo.  Como una aparición de Lorca, inmensamente triste por el brusco corte de su joven vida. Pero luego todo cambia y se transforma en luz y fiesta por bulerías, sonidos y silencios, cantes y toques, solos, dúos, cuartetos y sextetos de baile. Todo lo que ocurre en escena es muy real. Y bellísimo. Y al final como al principio, la rueda del tiempo del canto de los niños cierra el círculo mágico.

Y por aquí y por allá los cantos populares lorquianos sobre variaciones bachianas: La tarara, Los cuatro muleros, Anda jaleo… Todo tan complejo y todo va sucediendo de forma tan natural a lo largo de una narrativa indescriptible con palabras.

Shoji Kojima ha contado con la dirección y coreografía del veterano Javier Latorre. Con las coreografías puntuales de José Maldonado en la caña y farruca, de Karen Lugo en la caña y vidalita, del mismo Kojima en el taranto; con las músicas de Bach, Chicuelo (guitarra) y Marco Mezquida. (piano).

Es una de esas obras que hay que ver más de una vez.

Ficha artística:

Baile: Shoji Kojima, Javier Latorre, (coreógrafo y director)

Ana Latorre, Carmen Coy, Christian Lozano, Daniel Ramos, José Maldonado, Karen Lugo, Víctor Martín y Vlada Vest.

Cante: Miguel Soto Peña El Londro y Mónica Navarro.

Instrumentos:
Guitarra Juan Gómez Chicuelo

Piano Marco Mezquida.

Violonchelo Martín Meléndez

Percusión Perico Navarro

Voces Escolanía Juvenalia del Conservatorio de Música de Jerez

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